La confesión más sincera de Alaska: el único vicio que no puede evitar, aunque sabe que debería hacerlo
Alaska lleva muchos años trabajando en el mundo del espectáculo y se ha convertido en un icono
"Mi único vicio es comer lo que no debo", ha comentado la cantante con total sinceridad
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La carrera de Alaska es una de las más singulares de la música de nuestro país. Desde que irrumpió en el panorama cultural durante la efervescencia de la Movida Madrileña, su figura ha quedado asociada a una estética inconfundible, a una personalidad libre y a una serie de canciones que con el paso del tiempo se han convertido en auténticos himnos populares. Temas como ¿A quién le importa?, Ni tú ni nadie, Bailando o No sé qué me das ya forman parte de la historia.
Detrás de ese personaje artístico tan marcado se encuentra Olvido Gara, su nombre real, una artista que ha sabido reinventarse constantemente sin perder su esencia. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria ha liderado formaciones musicales clave dentro del pop español, desde Alaska y los Pegamoides hasta Alaska y Dinarama, para terminar consolidando su proyecto actual con Fangoria. Paralelamente, su presencia televisiva también dejó huella en los años ochenta, cuando se convirtió en uno de los rostros más recordados del programa infantil La bola de cristal.
Las patatas, el vicio de Alaska
A pesar de su imagen sofisticada, Alaska ha demostrado que no tiene reparos en hablar con naturalidad de ciertas cosas. En una entrevista concedida a la revista Elle, la cantante sorprendió al revelar cuál es el pequeño vicio gastronómico al que le resulta imposible resistirse.
Su respuesta fue directa: las patatas fritas. La artista reconoció que siente una especial debilidad por este alimento y, en general, por los hidratos de carbono, tanto en su versión salada como dulce. Lejos de presentarlo como un simple capricho ocasional, explicó que se trata de una inclinación muy arraigada en su día a día.
En otra conversación con la misma publicación, Alaska fue aún más explícita al describir su relación con la comida. «Mi único vicio menor, mayor, superlativo, es comer lo que no debo, comer a todas horas, comer a escondidas, pensar en la comida todo el rato. Esa es mi ‘yonkitud’», confesó con el humor y la ironía que suelen caracterizar sus declaraciones. Con ello, se mostraba cercana y sincera, reconociendo un hábito cotidiano que muchos de sus seguidores comparten.
Las operaciones estéticas
Las confesiones sobre su vida personal también han llegado en el contexto del estreno del documental Alaska revelada, disponible en Movistar+. Con motivo de su lanzamiento, la cantante participó en el pódcast A solas con, conducido por la diseñadora y comunicadora Vicky Martín Berrocal.

Durante la conversación, Alaska abordó numerosos aspectos de su trayectoria que raramente comenta con tanta profundidad. Habló de sus inicios en la música, de las transformaciones constantes que han marcado su carrera y de su particular visión sobre conceptos como el éxito o la felicidad. También se detuvo en su vida personal y en la relación que mantiene desde hace años con su marido, Mario Vaquerizo.
La evolución de Alaska
Si hay un aspecto de la vida de Alaska que siempre ha generado comentarios, ese es su evolución física. Desde sus primeros pasos en la música hasta la actualidad, la artista ha experimentado numerosos cambios de imagen que han acompañado cada etapa de su carrera.
Sin embargo, ella nunca ha ocultado su relación con la cirugía estética. Al contrario, ha hablado de ello con total naturalidad, defendiendo que cada persona debe decidir libremente sobre su apariencia. Fiel al espíritu de su célebre canción ¿A quién le importa?, la intérprete ha reivindicado siempre la libertad individual frente a las críticas externas.
En una intervención en el programa Lazos de sangre, Alaska explicó incluso qué tipo de intervenciones estéticas le resultan más interesantes desde un punto de vista estético. Según relató, siente cierta fascinación por los estilos de cirugía más clásicos, inspirados en los procedimientos habituales en las décadas de 1960 y 1970.
«Me gustan las operaciones antiguas, las de los 60 y los 70, que todas las señoras tienen la cara así», comentó entonces con su característico sentido del humor. En ese mismo contexto, añadió que su filosofía respecto al paso del tiempo es bastante clara: ante la primera arruga, prefiere «estirar y estirar».
Una artista sin complejos
La artista también ha hablado abiertamente de las intervenciones estéticas a las que se ha sometido a lo largo de su vida. Fue en el programa El Hormiguero donde enumeró por primera vez con naturalidad algunas de ellas.
Según explicó, la primera operación a la que se sometió fue una rinoplastia. Posteriormente llegaron otras intervenciones, entre ellas un aumento de pecho, retoques en los pómulos y una liposucción. Todo ello lo relató con una actitud tranquila, sin dramatismo y sin tratar de ocultar una realidad que, en su caso, forma parte de su evolución personal.
A sus más de cuarenta años de carrera artística, Alaska sigue siendo una figura imprescindible para entender la evolución de la cultura pop de España. Entre proyectos musicales, documentales y confesiones personales, la cantante continúa demostrando que su magnetismo va mucho más allá de las canciones que la hicieron famosa. Y, mientras tanto, mantiene intacta esa sinceridad que la lleva a reconocer sin complejos pequeños placeres, como un simple plato de patatas fritas.