Chimenea eléctrica y obras de arte: así es la casa de Kira Miró y Salva Reina en el centro de Madrid
Los artistas vivien en una casa de diseño vanguardista
Kira Miró y Salva Reina han encontrado su refugio entre la multitud
La zona más importante de la casa es el salón, que está muy bien decorado
Ibai Llanos habla de su cambio físico y confiesa qué va a hacer con la piel sobrante
El BOE confirma el palo a los ciclistas y es oficial: adiós a sacar la bici en estas zonas
Kira Miró atraviesa un momento especialmente luminoso, tanto en lo profesional como en lo personal. La actriz canaria acaba de estrenar la cuarta temporada de Machos alfa, la serie de Netflix que nació como una sátira inteligente sobre las nuevas masculinidades y que, con el paso de las temporadas, se ha consolidado como uno de los grandes éxitos españoles de la plataforma. A esta celebración se suma la de Salva Reina, su pareja, que hace menos de un año recogía el Goya a Mejor actor de reparto por su trabajo en El 47, dirigida por Marcel Barrena, confirmando así una trayectoria sólida y respetada dentro de la industria cinematográfica.
Ambos comparten ahora un punto álgido en sus respectivas carreras, pero también algo menos visible y quizá más valioso: un espacio propio en el que refugiarse del ritmo intenso del sector audiovisual. Ese lugar es su vivienda en pleno centro de Madrid, un piso que funciona como hogar y, al mismo tiempo, como extensión natural de la sensibilidad artística de quienes lo habitan.
Un refugio en el centro de Madrid
La casa de Kira Miró y Salva Reina se levanta como un oasis de calma en medio del bullicio urbano. Aunque la pareja ha optado por preservar su intimidad y no mostrar el inmueble de forma exhaustiva, algunas imágenes compartidas en redes sociales permiten intuir el carácter del espacio. No se trata de una vivienda concebida para ser exhibida, sino de un lugar vivido, pensado para el descanso, la creación y la convivencia cotidiana.

Desde el primer vistazo, destaca la apuesta por la luz natural, potenciada mediante una paleta cromática suave y materiales nobles. La madera, presente en distintos muebles y acabados, actúa como hilo conductor del diseño interior, combinándose con tejidos claros que refuerzan la sensación de amplitud y serenidad. El resultado es un ambiente acogedor, lejos de estridencias, en el que cada elemento parece cumplir una función concreta.
El salón, la zona más importante
El salón es, sin duda, una de las estancias centrales del piso y también una de las más reveladoras del modo de vida de la pareja. Es el espacio que ambos han elegido en varias ocasiones para estudiar guiones, leer o simplemente detener el tiempo. La elección no es casual: aquí confluyen comodidad, calidez y una estética cuidada pero sin rigidez.
Presidiendo la estancia se encuentra una chimenea eléctrica que aporta un punto diferencial al conjunto. Este elemento, más asociado a ambientes clásicos o rurales, convive con naturalidad junto a muebles de líneas atemporales y refuerza ese delicado equilibrio entre lo rústico y lo contemporáneo. El sofá, amplio y de un tono tierra claro, encaja en una gama cromática pensada para no saturar y favorecer el descanso visual.
Los detalles terminan de dar sentido al espacio. Plantas distribuidas con discreción, fotografías enmarcadas y pequeños objetos personales aportan vida y una sensación de refugio que se percibe más emocional que estética. No es un salón concebido como escaparate, sino como un lugar al que volver.
Arte y muchos detalles
Uno de los pilares fundamentales de la vivienda es la presencia del arte. Las paredes acogen distintas obras que dialogan con el mobiliario y refuerzan la identidad cultural del hogar. Entre ellas, destaca un cuadro del artista vasco Balu, situado sobre un sillón de cuero negro y junto a una columna de mármol, una combinación que vuelve a subrayar esa convivencia entre tradición y vanguardia.
Este tipo de elecciones revelan una casa en constante evolución, alejada de la idea de un decorado cerrado o definitivo. Hay en ella un cierto conservadurismo en las formas, pero también una voluntad de cambio y movimiento, acorde con la profesión de sus habitantes. Cada rincón parece contar una historia distinta, sin romper nunca la armonía general.
La cocina es muy original
Si hay una estancia que rompe con mayor claridad respecto al resto del piso, esa es la cocina. Aquí, el protagonismo lo adquieren unos azulejos verdes de tipo metro, en un intenso tono botella que imprime a la habitación un marcado aire retro. Lejos de resultar excesivo, el contraste se equilibra gracias a los muebles de madera clara y a una encimera blanca que devuelve la luminosidad al conjunto.
La luz natural vuelve a ser un elemento clave, reforzando la profundidad del color y demostrando un uso consciente de los contrastes como herramienta para crear ambiente. La cocina cumple una función práctica, pero también se integra plenamente en la narrativa estética del piso, mostrando una personalidad propia sin desentonar con el resto del hogar.
Con todo lo anterior, podemos decir que la vivienda de Kira Miró y Salva Reina no es un espacio estático ni una declaración de estilo cerrada. Al igual que ambos intérpretes, acostumbrados a transformarse con cada nuevo personaje, el piso parece asumir la mutación como parte de su esencia. Hay en él una identidad clara, pero también una fluidez que permite imaginar cambios, nuevas piezas, otras etapas.