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Parece mentira pero no lo es: el increíble origen de la bandera del País Vasco que no todos los vascos saben

bandera país Vasco
Blanca Espada

A veces las historias más conocidas esconden detalles que pasan desapercibidos incluso para quienes sienten ese símbolo como propio. Con la bandera del País Vasco, la famosa ikurriña ocurre algo parecido. Muchos la asocian a los colores que hoy representan al País Vasco, pero pocos recuerdan que su primera aparición tuvo lugar en un balcón de Bilbao en pleno verano de 1894, en un acto discreto que no pretendía marcar un antes y un después. Sin embargo, aquella pieza de tela acabó convertida en todo un emblema y su historia es cuando menos, curiosa.

Quienes pasean hoy por las calles del País Vasco pueden ver su bandera en instituciones, balcones y actos culturales sin pensar demasiado en su origen. Pero detrás de ese diseño encontramos una historia política, cultural y afectiva que refleja un momento clave de finales del siglo XIX, cuando Sabino y Luis Arana empezaban a perfilar la identidad del nacionalismo vasco. Así, lo que nació como una bandera local, pensada para Vizcaya, terminó adoptándose como símbolo compartido por toda una comunidad. Quizá por eso la bandera del País Vasco sigue despertando preguntas. ¿Por qué esos colores? ¿Qué representa cada uno ? ¿Cómo pasó de la clandestinidad a ser bandera oficial?

El increíble origen de la bandera del País Vasco

Cuando los hermanos Arana concibieron la ikurriña, su intención no era definir una bandera para todo el País Vasco. Querían una que identificara a Vizcaya y se inspiraron en el escudo del territorio. El rojo procedía del fondo heráldico; la cruz verde, de San Andrés y del simbolismo del Árbol de Gernika, asociado a las libertades forales; y la cruz blanca respondía a la fuerte impronta cristiana que impregnaba el nacionalismo vasco de la época. Con ese esquema presentaron la bandera en 1894 en el balcón del Euskeldun Batzokija, sin imaginar la atención que recibiría después.

Con el paso de las décadas, la bandera fue ganando terreno como seña de identidad colectiva. Su presencia en actos culturales, centros sociales y espacios políticos la convirtió en un símbolo ampliamente reconocido. La sociedad vasca empezó a asumirla como propia, incluso más allá de Vizcaya. De manera casi natural, la ikurriña dejó de verse como un emblema local para convertirse en referencia de todo el territorio.

El significado de sus colores

La carga simbólica de la ikurriña suele explicarse en pocas palabras, pero detrás de cada color hay una intención definida. El rojo representa al pueblo vasco, a su historia y a su identidad colectiva. El verde es la cruz de San Andrés y, al mismo tiempo, un guiño directo al Árbol de Gernika, tótem de la libertad vasca desde tiempos forales. El blanco, por su parte, encarna los valores religiosos que marcaban el pensamiento de finales del XIX y que los Arana quisieron reflejar en su diseño

De símbolo perseguido a emblema oficial

No siempre fue fácil ver una ikurriña en la calle. Tras su aparición en los años treinta como bandera del primer Gobierno vasco, el franquismo la borró de cualquier espacio público. Muchos recuerdan todavía cómo se escondía en casas, centros culturales o sacristías, porque mostrarla podía suponer multas, detenciones o problemas que iban mucho más allá de lo simbólico. Aquella época, paradójicamente, hizo que la bandera se cargara de un significado extra: dejó de ser sólo un emblema político y empezó a funcionar como una especie de recordatorio colectivo de lo que se quería conservar.

Cuando murió Franco, el debate sobre si podía volver a mostrarse ocupó titulares y discusiones locales. Hubo ayuntamientos que la izaron antes de tiempo y otros que esperaron a que llegara una autorización clara. Esa autorización llegó el 19 de enero de 1977, y luego dos años más tarde, cuando se aprobó el Estatuto de Autonomía la ikurriña, pasó a ser la bandera oficial del País Vasco.

Una bandera que cruzó fronteras y dejó huella

La ikurriña no solo se ha visto en el País Vasco. También aparece en la bandera no oficial de Saint-Pierre-et-Miquelon, una pequeña colectividad francesa cercana a Canadá, donde muchos colonos vascos dejaron su huella. En América ha inspirado también reinterpretaciones artísticas como la popular ikurriña americana, obra de Edu de la Herrán, que mezcla la bandera estadounidense con la vasca en homenaje a la diáspora.

Un símbolo que sigue generando preguntas

Que la bandera del País Vasco, la ikurriñam sea hoy una bandera institucional no la ha despojado de su dimensión cultural e histórica. Resume un momento clave del nacionalismo vasco, refleja una época de censura y también la llegada de la autonomía. Es, en cierto modo, un documento histórico en tela que sigue evolucionando con su sociedad. Quizá por eso continúa despertando tanta curiosidad. Porque, detrás del rojo, el verde y el blanco, hay mucho más que un diseño, y encontramos una historia compartida que, todavía hoy, muchos vascos desconocen en detalle.

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