España evacua su embajada en Teherán tras la guerra desatada por EEUU e Israel contra los ayatolás
El personal diplomático español abandona Teherán ante el riesgo de ataques tras la operación militar conjunta de EE.UU e Israel contra Irán

España ha completado la evacuación de su embajada en Teherán (Irán) este sábado, después de siete días de intensos combates en la región. El embajador y el personal esencial que permanecían en Teherán han abandonado el país y han cruzado la frontera hacia Azerbaiyán, donde se encuentran ya a salvo, según ha anunciado el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares en redes sociales.
Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, se ha asegurado que el resto de embajadas españolas en Oriente Medio continúan operativas. Además, la sala de crisis del Ministerio de Asuntos Exteriores permanece activa las 24 horas para atender posibles emergencias consulares.
La evacuación responde a riesgos para el personal diplomático y la seguridad de las instalaciones, en un contexto de creciente tensión internacional y ataques militares en la zona.
Acabamos de evacuar con éxito la Embajada de España en Irán. El Embajador y personal esencial que seguía en Teherán acaban de cruzar la frontera con Azerbaiyán y se encuentran a salvo.
La seguridad de nuestros ciudadanos y del servicio exterior @MAECgob es mi prioridad. (1/2)
— José Manuel Albares (@jmalbares) March 7, 2026
La medida se produce tras el inicio, el pasado 28 de febrero, de una operación conjunta de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes, que marcó la escalada de un conflicto que ahora afecta a varios países de Oriente Medio. El objetivo principal es descabezar la dictadura de los ayatolás de Irán. El pasado 28 de febrero se eliminó al líder supremo Alí Jamenei. Desde entonces, los enfrentamientos han generado numerosas bajas y han desestabilizado el mercado energético y financiero global.
El presidente de EEUU Donald Trump ha afirmado que Irán sería «muy duramente golpeado» después de que el presidente iraní afirmara que Estados Unidos podría llevarse su exigencia de rendición «a la tumba». Mientras tanto, el ejército israelí lanzó una nueva oleada de ataques contra infraestructura gubernamental en Teherán.
El secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, ha destacado que Washington sigue de cerca los informes que indican que Rusia podría estar proporcionando inteligencia a Irán sobre los movimientos militares estadounidenses en la región.
La guerra ha arrastrado a países vecinos, aumentando la presión sobre gobiernos y fuerzas diplomáticas. España, al igual que otras naciones occidentales, ha optado por retirar temporalmente a su personal de la embajada para garantizar su seguridad. El Ministerio de Asuntos Exteriores español ha subrayado que la evacuación es preventiva y que se mantiene en contacto con aliados internacionales para seguir la situación y coordinar respuestas diplomáticas.
Israel, por su parte, ha reforzado su defensa aérea y ha lanzado ataques dirigidos a posiciones estratégicas iraníes. La dictadura de los ayatolás ha respondido con misiles de largo alcance y acciones contra instalaciones militares en la región. Esta dinámica ha generado temor a una escalada mayor que pueda involucrar a otros actores regionales como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Turquía.
La situación también ha tenido impacto global: los precios del petróleo han subido ante la incertidumbre en el Golfo Pérsico, y las bolsas internacionales han registrado caídas por el riesgo geopolítico.
La actual guerra entre la dictadura de los ayatolás, Israel y Estados Unidos tiene su origen en la combinación de tres factores estratégicos clave: el programa nuclear iraní, su arsenal de misiles balísticos y el uso de grupos terroristas aliados como extensiones de su poder regional. Esta combinación generó un escenario de alta tensión que derivó en la operación militar conjunta lanzada por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero de 2026, marcando el inicio del conflicto abierto.
El programa nuclear iraní
Irán ha desarrollado durante décadas un programa nuclear avanzado, con plantas de enriquecimiento de uranio y almacenamiento de material fisionable. Aunque el Gobierno de Teherán asegura que su programa es civil y pacífico, Israel y Estados Unidos lo consideran una amenaza directa a la seguridad regional, con potencial de generar armas nucleares capaces de atacar a países vecinos.
Este temor llevó a que la operación militar del 28 de febrero se centrara en instalaciones estratégicas relacionadas con el programa nuclear y centros de desarrollo de misiles. La eliminación del líder supremo iraní, Alí Jamenei, poco antes de la ofensiva, intensificó la escalada y motivó la respuesta inmediata de Irán contra Israel y sus aliados.
Misiles balísticos y capacidad de represalia
Irán posee un arsenal de misiles balísticos de corto, medio y largo alcance, algunos de los cuales pueden alcanzar Israel y otras zonas estratégicas del Golfo Pérsico. Esta capacidad permite a Teherán proyectar fuerza y ejecutar represalias rápidas ante ataques enemigos.
La combinación de programa nuclear y misiles convierte a Irán en un adversario formidable y explica por qué Estados Unidos e Israel consideraron necesario neutralizar estas capacidades mediante ataques preventivos. Israel, en particular, percibe que sus ciudades y población civil podrían estar bajo amenaza constante debido a la proximidad y alcance de estos sistemas.
Grupos terroristas
Irán ha financiado y entrenado a grupos proxy en la región, que actúan como brazos estratégicos en conflictos indirectos:
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Hezbolá en Líbano, con capacidad de lanzar misiles contra Israel y coordinar ataques desde la frontera sur.
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Grupos terroristas chiíes en Siria e Irak, utilizadas como fuerzas de despliegue rápido y para operaciones encubiertas.
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Hamás y otros grupos terroristas en Gaza, que reciben apoyo logístico, financiero y armamentístico.