OPINIÓN

Al tirano Maduro sólo le quedan Sánchez y Zapatero

Al tirano Maduro sólo le quedan Sánchez y Zapatero
  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

Todo lo que está ocurriendo en este primer año de su presidencia, sobre todo en política exterior, ya lo anunció Donald Trump, primero en su discurso inaugural y luego en su Estrategia de Seguridad Nacional: desde los aranceles al control del hemisferio occidental, desde la persecución a los cárteles de droga a la deportación de inmigrantes. La sorpresa tiene que ser para los que están convencidos de que el magnate inmobiliario no pasa de ser un bobo, un fanfarrón o un agente de Vladímir Putin.

La captura en Caracas de Nicolás Maduro, usurpador de la presidencia de Venezuela, se ha realizado de manera precisa, como uno de esos golpes casi perfectos que dan los servicios de inteligencia israelíes contra sus enemigos. Y al igual que con éstos, sospechamos que semejante limpieza ha contado con el factor capital de la colaboración de gerifaltes de la dictadura.

Trump, en su desordenada comparecencia ante los medios el sábado 3 por la tarde (hasta reprochó a los gobernadores demócratas que no le pidan la Guardia Nacional para detener la delincuencia), explicó que ya ha designado a quienes van a controlar Venezuela, a la vez que ha asegurado que está en contacto con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, porque colabora con el secretario de estado Marco Rubio. Al tirano Maduro, sólo le quedan Sánchez y Zapatero.

¿Se ha dado un pacto entre la Casa Blanca y parte del régimen chavista para conservar su libertad y, sobre todo, sus fortunas, a cambio de entregar a Maduro y su familia y de detener el narcotráfico y el Tren de Aragua? ¿O es una medida de prudencia de Washington a fin de evitar un vacío de poder similar al que se produjo en Irak en 2003, que generó la insurgencia? Por cierto, el presidente Obama no capturó a Bin Laden para que se le juzgara, como les va a ocurrir a los Maduro, sino que autorizó su asesinato.

En esta crisis también sorprende la débil reacción de los aliados de la tiranía venezolana. El último acto público de Maduro, el viernes 2 de enero, fue la recepción en el Palacio de Miraflores a una delegación de Pekín. El enviado especial de Xi Jinping elogió allí la “inquebrantable amistad” entre China y Venezuela. Horas después, el antiguo conductor de autobús era capturado y esposado por comandos norteamericanos.

Meses antes, en septiembre, cuando Trump había ordenado el despliegue de un grupo de combate de la Armada de EEUU y comenzado a atacar lanchas de narcotraficantes, Caracas y Moscú firmaron un flamante tratado de asociación estratégica. Y desde 2006, año en que Obama suspendió la venta de armamento a Venezuela, la dictadura ha comprado a Rusia, tanques, transportes blindados, lanzacohetes, helicópteros de ataque y cazabombarderos. Los militares venezolanos no los han sacado de sus hangares.

Los gobiernos de Moscú y Pekín no han ido más allá de condenadas retóricas sobre la violación de las normas internacionales por parte de Estados Unidos, falta que es verdad, pero no están ellos sin mácula.

¿Ha habido una negociación por parte de Washington, al menos con Moscú, para que se aceptase la operación militar? No deja de llamar la atención que Putin se ha quedado en un año sin dos de sus aliados: Venezuela y Siria. Sin embargo, en las negociaciones para poner fin a la guerra de Ucrania, Trump está presionando a Zelenski para que reconozca la pérdida de territorio. ¿Se están cambiando fichas en el tablero mundial?

El mundo multipolar que tanto han deseado muchos, incluso europeos atildados (sobre todo franceses), implica que sólo pueda tener una política internacional soberana un puñado de potencias, y exclusivamente en beneficio de sus intereses nacionales. Ya vemos las consecuencias. Los débiles necesitan un protector.

Otras conclusiones que podemos deducir son las siguientes.

Primera. Los que estamos escuchando desde la caída de Saigón, en 1975, que el imperio estadounidense corre hacia su ocaso volvemos a sonreír. Las Fuerzas Armadas yanquis han vuelto a demostrar que, con un liderazgo firme y una labor de inteligencia concienzuda (sobre todo realizada por drones, satélites y escuchas), son imparables. Y no, los BRICS no van a terminar con el dólar. ¿Quién quiere rublos en vez de dólares? Ni la camarilla de Putin.

Segunda. La intervención extranjera en Venezuela confirma el inmenso fracaso de las oligarquías criollas latinoamericanas. En 200 años no han sido capaces ni de recuperar la unidad del imperio español, ni de construir unos Estados que no dependan de la exportación de materias primas, ni de preparar unos ejércitos que no se desbanden ante cuatro cañonazos.

Y tercera. Desde su conquista del poder en Cuba, Fidel Castro quiso adueñarse del petróleo venezolano, para lo que amenazó al presidente Rómulo Betancourt. Hugo Chávez pagó a Cuba su ayuda y sus asesores (médicos, policías, torturadores…) con petróleo, parte del cual los Castro revendían. Hoy en torno al 70% del suministro de petróleo proviene de Venezuela. Si los petroleros dejasen de atracar en Cuba, la economía del país, que ya sufre cortes de luz continuos, se hundirá. La teoría del dominó, con la que las élites de Estados Unidos justificaron la guerra en Vietnam, tal vez se cumpla en el Caribe, y no en favor de Moscú.

Por último, muchos españoles, sobre todo los de ideología y taras izquierdistas, aunque también algunos añorantes de los tercios de Flandes, se pondrán del lado de la “dignidad moral” o de “la hispanidad agredida”. En cambio, yo me tengo por realista.

Estos primeros días de 2026 se está celebrando una fiesta rave ilegal en el embalse del Cenajo, un paraje con protección ambiental. La Guardia Civil, que lo sabía por la convocatoria en redes sociales, en vez de impedir la llegada de los camiones con equipos de música y provisiones o detener al millar de asistentes, vigila el perímetro y pide calma a los vecinos de los pueblos de Hellín y Férez. Se trata de la misma Guardia Civil que multa por no llevar la baliza V16 o no haber inscrito las gallinas caseras en un registro autonómico.

En estas circunstancias de anomia y degradación, gobernados por un político salido de ambientes prostibularios, yo me alegro de estar bajo el techo de la OTAN. Porque si se nos retirara, nos quedaríamos a la intemperie, sin protección ante los lobos.

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