¡Sorpasso! ¡Sorpasso!

¡Sorpasso! ¡Sorpasso!

¿Sorpasso? Mariconada exprimida del verbo sorpassare (rebasar, superar) usada por los politicastros melifluos y demás relamidos que pretenden dárselas de cultos y políglotas al itálico modo. Con lo que llena la boca decir adelantar en español. Don Julio Anguita, el califa rojo, allá por los 90, fue el primero en introducir la teoría de sorpasso al PSOE, maquinando desplazar a los sociatas de la beautiful people como fuerza hegemónica de la izquierda, pero el tiro le salió por la culata. Se hace raro que el califa no considerase lo acontecido en las elecciones generales de Italia de 1976, donde tampoco hubo sorpasso, ni adelantamiento, ni madre que lo parió por mucho que la plebe comunista de Enrico Berlinguer se hartara de proclamar que iban a acabar viendo por el retrovisor a la grey democristiana de Giulio Andreotti y a ganar la consulta por una goleada apoteósica.

Aunque la Democracia Cristiana (igual que el partido de Rajoy o el de Sánchez) hedía a corrupción, se llevó de calle las elecciones. El marxista tuvo que envainarse sus vaticinios victoriosos, amén de su slogan de campaña: “Nosotros tenemos las manos limpias”. Yo siempre he creído que lo que da categoría a la clase obrera es tener las manos sucias por el sudor y la grasa que las impregna a cambio de unos sueldos de hambre. Ahí la cagó Berlinguer (igual que lo hará Iglesias, que sólo se las mancha y pringa con jugos de langosta). Lo que acabó de darle la puntilla al capo di tutti capi de las sangrientas Brigadas Rojas fue una frase de Indro Montanelli,  periodista superlativo, pues con ella movió cientos de miles de votos: “¡Hay que ir a votar a la DC (Rajoy, Sánchez) aunque sea con una pinza en la nariz!”. (O sin necesidad de pinzas, a Rivera). Y no hubo adelantamiento, ni sorpasso, ni calderetas y, menos todavía, genocidio de crustáceos.

Años después pude entrevistar a Montanelli para Interviú y me dejó bien claro lo que pensaba de nuestro país: “España no es más que una versión trágica de Italia, que es, a su vez, una versión cómica de España”. La inteligencia clarifica los laberintos. Sin embargo, en 2016, tales títeres han mudado de guiñol y aquellos que eran considerados trágicos, hoy provocan risas. Basta oír las sandeces económicas que proponen, las soluciones patrióticas que establecen, las afrentas que dedican a los militares, a la bandera y a cualquiera que crea en  la nación. Quieren sostener su peculiar idea de dignidad y la degradan a cada paso con familiaridades inoportunas. Juran respetar las distintas religiones y sus discursos son profanos. Predican su autoridad con fuerza y buscan los medios de aumentarla, pero su inconsistencia les lleva a perder de vista los objetivos. Su líder, Pablo Iglesias, se halla hondamente instruido en las vaguedades del sorpasso y presume de una erudición inexistente. Por eso nos anuncia que el adelanto de Syriza al Pasok en Grecia es su sueño, el ejemplo de que es posible alcanzar la ruina en tiempo récord. Brindémosle ripios:

Sorpasso sorpasso gocemos con Pablo

Sorpasso sorpasso qué guapo qué zafio

Sorpasso sorpasso chévere y moraco

Sorpasso sorpasso todos al carajo

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