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La actualidad es la que manda

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  • Jaime Peñafiel
  • Periodista político y del corazón. Experto en noticias sobre la aristocracia y la familia real. Ex redactor jefe de la revista ¡Hola! y fundador del diario El Independendiente y La Revista. Escribo sobre la Casa Real.

Hay que reconocer que la actualidad es una tiranía cuando uno escribe una columna hasta el extremo de que, cuando ya está terminada la citada columna, una gran noticia como la de esta semana, de la que se han hecho eco todos los medios escritos y hablados a raíz de las declaraciones de Núñez Feijóo sobre el regreso del Rey emérito Juan Carlos, me obligan a reflexionar sobre tan importante noticia. Aunque, creo, que el debate es gratuito, sobre todo si tenemos en cuenta el artículo 19 de la vigente Constitución, que dice: «Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional». Item más, «también tienen derecho a entrar y salir libremente de España, derecho que no puede ser limitado por motivos políticos o ideológicos». Ni por motivos familiares, digo yo. Porque todos ellos colaboraron en su exilio en Abu Dabi.

No podemos olvidar la carta del 3 de agosto de 2020 «escrita» por Don Juan Carlos a su hijo (más que escrita fue dictada con la colaboración de Moncloa y Zarzuela): «Majestad, querido hijo guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a España, a todos los españoles, a sus instituciones y, sobre todo, a ti como rey, te comunico mi decisión de trasladarme fuera de España para facilitar el ejercicio de tus funciones: residiré en Abu Dabi».

Lo que está por ver es si a Don Juan Carlos se le ha consultado sobre el particular. Pienso que sólo debería depender de él. Ni de su hijo ni del Gobierno. Porque si éste falleciera en el exilio, tanto Felipe y Letizia como «el puto amo» y su cohorte serían los grandes perjudicados. La opinión pública jamás se lo perdonaría. También me gustaría recordar que no debe permitirse que el Rey emérito se hospede en un hotel, como ocurrió en uno de sus viajes a Madrid. Fue triste verle entrar «con su maleta» en el Four Seasons, por muy lujoso que sea. Don Juan Carlos debería ir directamente a La Zarzuela sin pedir permiso a sus actuales ocupantes. Porque allí tiene todavía, sus trajes, sus libros, sus fotos, los recuerdos de toda una vida transcurrida entre esas paredes. Y, por supuesto, ya está bien de tener que pedir perdón, como dicen algunos y algunas. ¿Perdón, por qué? Lamentablemente, ya lo hizo en una ocasión.

Las tres desgracias de mis tres gracias

A veces es imposible pasar por la vida, como el sol por el cristal, sin romperse ni mancharse sin que las personas y los acontecimientos te sacudan, afectándote hasta lo más profundo del corazón por las tragedias de aquellas personas que uno conoció y que acabó amando.

En todo ser humano, sea o no periodista, hay una serie de personas que perduran en los sentimientos por encima del tiempo y la distancia, personas presentes o ausentes, próximas o lejanas, reales o imaginarias, que se incrustan sin pretenderlo. Tanto en su referencia en nuestras conversaciones, en nuestros escritos, en nuestros recuerdos. Y hasta en nuestros sueños. A veces es lo más parecido a un amor platónico, que habita en nuestros corazones como punto de referencia cuando tratamos de juzgar, hablar o escribir.

A lo largo de mi intensa vida profesional, nada menos que ¡¡¡70 años!!!, ha conocido a numerosas reinas y princesas, que me han demostrado que ser reina no es ningún cuento de hadas, porque la historia de las reinas no siempre tiene un final feliz como verá el lector en este artículo. Ahora, concretamente, me estoy refiriendo a una de ellas por la actualidad también de los acontecimientos, que no sólo están ocurriendo en su país de donde fueron expulsados entre una gran violencia sino también en las manifestaciones que día a día están surgiendo no sólo en Europa sino en Estados Unidos: Farah Diba.

Esto me ha remontado a la serena superficie de mis tres gracias, donde ha habido tremendos dramas familiares: los de Grace por culpa de sus hijas, frívolas y desvergonzadas; los de Farah por el exilio y la muerte de su esposo y la de dos de sus cuatro hijos, y los de Noor por no saber jamás si la muerte de su esposo le impidió convertirse en una reina divorciada.

Lo de Grace Kelly, que se convertiría en princesa al casarse con el Principe Rainiero, el soberano de Mónaco y Farah Diba, iraní becaria de arquitectura en París que se transformaría no sólo en esposa del súper poderoso Sah de Persia, sino en Emperatriz de Irán, son una excepción. No así ….

…la Reina Noor…

…una reina que quiero y admiro mucho. Siempre me correspondió con su afecto y prueba de ello es la dedicatoria de sus memorias: «A Jaime con mis mejores deseos y sincero afecto por su interés hacia mí y el afecto por mi amado esposo y por Jordania».

De las tres, sólo Noor ha logrado mantenerse inquebrantable e impecable, cuando tantas cosas han pasado por su vida y no siempre buenas. Le ha bastado sentarse a la puerta de sus sentimientos cuando la han herido y mirar para otro lado. «Ante la remota posibilidad de que rumores de infidelidades tuvieran alguna posibilidad de verdad, decidí plantear el tema a mi marido aunque se me hacía un nudo en el estómago», me diría Noor en una larga conversación que mantuve con ella en su casa londinense: «No sé lo que estará pasando, pero si hay alguna verdad en lo que se cuenta y si tu felicidad dependiera de otra persona, por favor dímelo porque te amo tanto, tanto como para dejarte ir». No creo que nadie haya escuchado unas palabras más generosas y desprendidas del amor de una mujer por un hombre.

La princesa Grace

La fulgurante vida de Grace Kelly, toda una película en la que ella fue rutilante estrella, no tuvo un final feliz. Nadie podía imaginársela así… Nadie pensaba no que pudiera morir sino tan siquiera envejecer. ¡Qué bellísima y hermosa estaba en el féretro! Aquel día de septiembre de 1982, el Gran Casino de Montecarlo cerró, por primera vez en su historia. Veinticuatro horas sobre veinticuatro las ruletas dejaron de girar y Mónaco no volvería a ser jamás lo que había sido. Aquel año de 1982, la rebelde, díscola princesa Estefanía regresaba con su madre tras una tormentosa reunión familiar. Unos dicen que conducía la hija. Lo cierto es que se produjo el brutal accidente y perdió la vida la más hermosa y bella soberana que ha tenido nunca monarquía europea alguna perdió la vida. El dolor fue universal y el mundo entero se sintió sobrecogido por la noticia de la muerte.

La princesa, que no fue embalsamada, aparecía en el féretro amortajada con una túnica blanca. Sus manos, que conservaban la alianza matrimonial, sostenían un rosario de marfil, regalo del Papa. Y los pies descalzos bajo la túnica. Todo esto lo presencié yo emocionado.

Y… Farah

El 17 de febrero de 1999 fallecía, a los 63 años, el rey Husein de Jordania. Y el 9 se dieron cita en Aman para su funeral presidentes y líderes de todos los países del mundo. Entre ellos la Familia Real Española en pleno. También mi emperatriz Farah. El día 10 me la encontré volando de Amán a Paris en un vuelo regular de Air France. Aunque ella viajaba en business y yo en turista con Carmen, mi mujer, Farah abandonó su asiento para volar junto a nosotros durante todo el viaje. En las cinco horas que duró el vuelo fuimos recordando muchos acontecimientos de nuestras vidas. Y ante mi sorpresa le contó a Carmen lo sucedido el día de su coronación como emperatriz, el 20 de octubre de 1967: «Nunca he podido olvidarlo. Aunque había visto a Jaime en el gran Salón de los Espejos del Palacio de Golestan, donde se celebró la solemne ceremonia de la coronación, lo que nunca esperaba era encontrar a Jaime en mis habitaciones de palacio mientras mi esposo y yo nos desvestíamos. Cuando le vi, pensé, entre divertida y horrorizada, le van a echar de un momento a otro. Y lo peor es que le van a detener. Pero como llegó, desapareció», recordó Farah entre risas. Un inolvidable viaje al que ya me he referido en alguna ocasión pero que he querido volver a narrar aquí y ahora.

Chsss…

Victoria, la hija de Tommy Lee Jones, de 34 años, ha sido encontrada muerta en un hotel de San Francisco a causa de la cocaína.

Ello me ha recordado a Leila Pahlavi, hija de Farah Diba y del último Shah de Irán, de 31 años, encontrada muerta en un hotel de Londres por las mismas circunstancias.

La hija de Carolina de Mónaco, Carlota Casiraghi, ha presentado en una librería de Burdeos, su primer libro, La grieta, donde escribe sobre las fracturas que, a lo largo de nuestra vida, se abren en nuestro interior.

Normal. Sus dos hijas, de 35 y 37 años, están en estado de shock, horrorizadas y avergonzadas por la detención de su padre.

También la ex esposa, profundamente deprimida, llorando constantemente. No es para menos. Claro, se le acaba la bicoca.

Su foto, tumbado en el asiento trasero de un coche, la mirada perdida y gesto de angustia, ha impresionado no sólo a la Familia sino a la opinión pública.

Ha reconocido que, a sus 62 años, se ha hecho ¡¡idiez!!! piercings de una sentada.

Han sorprendido las condiciones de la sentencia de separación: la obligan a ella  a pagar a su ex marido nada menos que…. ¡¡¡tres millones de dólares!!! aunque la exime de pensión alimenticia.

Cerca de 200 estrellas de Hollywood participaron en la foto de familia como nominados a los Oscar del 15 de marzo.

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