Sánchez, a rebufo de Feijóo

Parece mentira que un presidente tan acostumbrado a gobernar a base de parches y huidas hacia adelante haya mostrado tanta falta de reflejos con Ceuta. Quizás ya tenía solo en la cabeza irse de vacaciones a La Mareta. O quizá algún día sabremos qué había en el móvil.
En efecto, Feijóo visitó Ceuta por segunda vez el pasado día 19 y Sánchez no ha hecho nada más que ir a rebufo desde entonces. En una comparecencia con el presidente de la ciudad autónoma, el también popular Juan José Vivas, lanzó varias andanadas. «Hasta aquí hemos llegado», proclamó.
El propio Vivas había mantenido hasta entonces una actitud institucional, pero lamentó la sensación de «impotencia, indignación y abandono» casi tres semanas después de la invasión. A Feijóo habló más como presidente que como líder de la oposición y le leyó la cartilla a Pedro Sánchez. «Vengo por responsabilidad», manifestó en una alusión directa al secretario general del PSOE, que seguía de vacaciones. Ese día, como publicó OKDIARIO, tocaba buceo.
«No, no ha vuelto por aquí, sigue sin comparecer y continúa de vacaciones a costa de todos los españoles», añadió. Luego hizo extensiva la crítica a los ministros por rebajar la crisis a «un simple episodio de verano» que despacharon «en las redes sociales, por videoconferencia o recomendando playas, música y libros».
Alguien debió de susurrarle algo a Pedro Sánchez —o fue su propio instinto de supervivencia—, puesto que al día siguiente las fuerzas de seguridad desalojaron la playa del Trampolín. Fue, sin duda, una reacción a las palabras de Alberto Núñez Feijóo. «Vamos a hacer ver que hacemos algo», debió de pensar algún gurú de La Moncloa. Aunque lo cierto es que el desalojo duró poco. Al cabo de unas horas, algunos de los inmigrantes habían vuelto ya a la zona.
Feijóo advirtió, por otra parte, de que la situación en Ceuta era «excepcional» y de que había «miles de personas que están vagando por la ciudad». «Estos son los ingredientes adecuados para un problema serio de seguridad que puede desembocar en incidentes graves», subrayó.
Hasta en esto acertó, como ha podido comprobarse tras la emboscada a militares —con cuatro heridos— por parte de una cuarentena de los recién llegados. Y, si me apuran, incluso con el nuevo desalojo de la playa del Trampolín. En este caso de vecinos hartos de la situación. «¿Dónde está el Estado?», deben preguntarse.
Pero el líder del PP —y los que me conocen saben que lo digo sin ánimo de peloteo— acertó en otros dos puntos. El primero, cuando pidió un «mando único, ya». «¿Quién manda aquí?», se preguntó en la citada comparecencia. «¿El presidente del Gobierno? ¿Hay algún vicepresidente encargado de la situación excepcional en Ceuta?», prosiguió, en referencia a las tres vicepresidencias del Ejecutivo. Por este orden: Carlos Cuerpo, Yolanda Díaz y Sara Aagesen. Como es público y notorio, se han puesto de perfil.
Terminó manifestando que «sigue sin haber un mando único y sin ser convocado el Consejo de Seguridad Nacional». Al día siguiente, Sánchez nombró al ministro Ángel Víctor Torres al frente del supuesto dispositivo y convocó el mencionado organismo, del que también forma parte el CNI, para el pasado martes.
Aunque, de todas las declaraciones, la que más me llamó la atención fue cuando el jefe de la oposición manifestó que «describir la verdad» no es racismo y que no se puede acusar a los ceutíes de «insolidarios», como hizo la ministra de Sanidad, Mónica García.
Por fin el PP ha roto la trampa mental que siempre le tiende el PSOE a la hora de hablar de inmigración. Hay que coger el toro por los cuernos. Es lo primero que hay que exigir a un buen gobernante.