Sánchez, el magufo de la gorrilla
Me parece un sarcasmo que Pedro Sánchez luzca un Make Science Great Again en la gorra cuando sale sobre dos ruedas a asustar jabalíes. El pasado domingo, publicó en Instagram un vídeo que se hizo viral al instante. Aparece montando en bicicleta con una gorra roja idéntica a las de Donald Trump, pero con el lema Make Science Great Again. «Hoy vamos a darle caña», dice, mientras suena la sintonía de Hannah Montana. El mensaje es claro: una parodia sarcástica del MAGA trumpista para presumir de apuesta por la ciencia y la innovación. Sin embargo, esta posición resulta un ejercicio de hipocresía monumental cuando se contrasta con sus políticas reales. Sánchez no defiende la ciencia; la traiciona sistemáticamente con recortes, dogmatismo ideológico y contradicciones flagrantes.
Según el INE, en 2024 España destinó 23.931 millones de euros a investigación y desarrollo, un récord histórico y un aumento del 6,9% respecto a 2023. El gasto alcanzó el 1,5% del PIB, frente al 1,23% de 2018. Suena bien… hasta que se compara con la realidad internacional. Estados Unidos invierte alrededor del 3,45% de su PIB, más del doble que España. La media OCDE se sitúa en el 2,7%, y países como Alemania (3,11%), Suecia (3,60%) o Corea del Sur (4,96%) dejan a España en una posición rezagada. Aunque el crecimiento anual español ha sido superior al de la UE en los últimos años, la brecha absoluta persiste y limita la soberanía tecnológica, la atracción de talento y la competitividad futura. Presumir de «hacer grande la ciencia» con un 1,5% del PIB mientras Trump impulsa innovación real en EEUU es puro marketing vacío.
Pero el colmo del anti cientificismo es su desafortunada Ley Trans del 2023, que consagra la autodeterminación de sexo por mera voluntad, sin requisitos médicos ni psicológicos. Con ella ignora la biología más básica: el sexo es binario, cromosómico e inmutable. La Alianza Contra el Borrado de las Mujeres ha documentado más de un centenar de casos de maltratadores, asesinos y proxenetas que cambiaron su sexo registral para eludir la Ley de Violencia de Género, acceder a las prisiones femeninas o competir en categorías deportivas de mujeres. El Gobierno reconoce que ni siquiera comprueba los antecedentes penales en estos cambios. Así, hombres condenados por maltrato se declaran mujeres y evitan ser juzgados como agresores machistas; otros entran en vestuarios o cárceles de mujeres, poniéndonos en riesgo real a todas. ¿Para qué alardea con su gorra cuando la ley prioriza el sentimiento subjetivo sobre la evidencia científica? Y con perjuicios sociales demostrados: desprotección de menores, borrado de derechos conquistados por las mujeres y un chollo para abusadores. Esto no es progresismo; es negacionismo biológico puro.
¿Y qué decimos de sus incoherencias con la energía nuclear? Durante años, Sánchez y su entonces ministra Teresa Ribera impulsaron el cierre escalonado de todas las centrales españolas: Almaraz en 2027 y el resto hasta 2035. Lo justificaron con argumentos pseudocientíficos ya desacreditados: supuestos riesgos insuperables y preferencia absoluta por esas renovables tan intermitentes. La nuclear, limpia, fiable y de bajas emisiones, fue demonizada por poner, justamente, a la ideología por delante de la ciencia. Hoy Ribera, como vicepresidenta de la Comisión Europea, pilota el «renacer nuclear» continental: 200 millones de euros para reactores modulares pequeños (SMR), inclusión explícita en la estrategia de energías limpias y defensa de la atómica como clave para la independencia energética. Mientras Bruselas y países como Francia o Bélgica la impulsan, España se aísla con su calendario de cierre. Ribera defiende en la Europa lo que prohibió en casa. Un giro de 180 grados que desnuda el dogmatismo previo: la ciencia nuclear siempre fue sólida; el obstáculo fue, como insistimos, el alarmismo ideológico de la izquierda.
Pedro Sánchez encarna al woke anticientífico en estado puro (aunque, si le garantizan una legislatura más, se sacaría otros argumentos de la manga). Usa una gorra para venderse como paladín de la razón mientras sus leyes niegan la biología, su inversión en conocimiento queda a la cola de las grandes potencias y las decisiones energéticas cambian según sopla el viento. El sarcasmo no está en la gorra; está en pretender que España avanza en ciencia cuando en realidad retrocede en evidencia, datos y realidad. La ciencia no se hace «grande» con postureo viral. Se hace con inversión real, respeto a los hechos y coherencia. Y Sánchez ofrece lo contrario. Más que ciencia, como diría La Lupe, lo suyo es puro teatro… progre.
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- Pablo Sánchez