Para que luego digan que el Parlamento es el reflejo del pueblo

Parlamento

Dicen que el Parlamento es el reflejo del pueblo, una frase hecha, más retórica que otra cosa, que no se corresponde en absoluto con el clamor de la calle. Porque el pueblo, en genérico, no goza de la bicocas y mamandurrias de las que disfrutan los asesores del Congreso, nombrados a dedo por los diputados, que pueden recibir hasta 6.757 euros anuales al margen de su salario para hacer frente a la compra de lentillas, gafas, audífonos, zapatos o plantillas ortopédicas, estudiar, tener un hijo, ir al podólogo, al fisioterapeuta, al dentista o colocarse un DIU. Y todo porque el fondo social de la Cámara Baja, que pagamos todos, es un chollo en toda regla que permite a los funcionarios y asesores y asistentes, conocidos como cargos eventuales -gente de confianza de los partidos o los parlamentarios, para entendernos-, recibir el reembolso de varios gastos corrientes que no están al alcance de cualquier español.

La limpieza dental, la compra de gafas monofocales, los estudios de los hijos y demás prebendas corren a cargo del Estado, que en teoría somos todos.  Únicamente tienen que presentar las facturas de compra y se les incluye en la nómina siguiente. Los trabajadores del parlamento con niños de cero a tres años pueden usar también la guardería que hay en el mismo edificio y que usan también los diputados. Y si fallece el cónyuge, la pareja de hecho o un hijo del empleado pueden solicitar también el pago de 1722,90 euros. Más allá de las cuestiones relacionadas con la salud, el Congreso también se hace cargo del 65% del abono anual o mensual de transporte de los funcionarios, asistentes y asesores.

Y si quieren estudiar un máster universitario, por ejemplo, podrían solicitar el pago de 633,5 euros y 242,28 euros más si tienen tiempo para aprender un idioma. En cuanto a la formación de los hijos, el fondo social pone los dientes largos a cualquiera, porque, por ejemplo, en el caso de tener dos hijos, uno en el primer ciclo de la educación infantil y otro en un grado medio o en la universidad, se transferirán 853,20 por el niño más pequeño y 568,8 por el que se esté especializando. Cifras similares se recibirían en el caso de que los hijos estudiasen segundo ciclo de educación primaria o formación profesional. En suma: que eso de que el Parlamento es el reflejo del pueblo es una broma de mal gusto.

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