Candilazos

Las nietas de las brujas

Las nietas de las brujas

«Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar», fue uno de los lemas que acompañó a la hoy ministra de Igualdad, Irene Montero, en su reaparición pública de 2019 tras estrenar maternidad con sus mellizos. El cartel de aquella convocatoria emulaba un aquelarre de pirujas que anticipaba lo que ha venido un año después. Una conjura de femi-ultras para politizar la igualdad hasta el esperpento.

Y así, abrazadas en un círculo podemita, cual ritual de magia negra, se han instalado en el número 37 de la callé Alcalá. Allí han querido hacer gala de su desembarco celebrando el cumpleaños de la Kirchner de Galapagar y grabándose para el mundo entero. Una escena donde la sororidad se confunde con hacerle la pelota a la jefa, reírle sus chanzas y agradecerle el carguito y la paga pública. ¡Te lo mereces, hermana!

Las miembras de esta claque son las mismas que si Mario Garcés, ex secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad con el PP, se hubiera retratado de la misma guisa con su equipo, habrían tardando entre poco y nada en restregarle que no hay nada que celebrar con 1.044 víctimas de violencia de género desde el año 2003, once en lo que va de año. El doble rasero de la extrema izquierda no conoce límite.

Con esta performance, la cuchipandi morada ha evidenciado que está más preocupada de hacer propaganda hembrista que de poner en marcha políticas de igualdad reales y efectivas. Y en este propósito no van a escatimar lo más mínimo en tirar de la chequera pública para satisfacer sus sabbats ideológicos. Tal es así que otra hermana, María Teresa Pérez, la directora del Injuve y colaboradora de Iglesias en La Tuerka, ha abierto las puertas del Palacio del Marqués de Riscal para que estas descendientes de sorgines dancen al grito de «¡Menos rosarios y más bolas chinas!» y se sienten en redondel a preparar sus pancartas del viciado 8 de marzo. Luego dirán que la marcha no está instrumentalizada y cantarán aquello de «¿Dónde están? No se ven, las banderas del PP» o «¡Mi copa menstrual en la boca de Abascal!».

En el nuevo Ministerio de Igualdad ya se comportan como si fueran un coven político, estableciendo lazos íntimos y de afectuosa complicidad entre sus componentes para poder desplegar conjuntamente un profundo ideario de combate del «heteropatriarcado». Una demonización del discrepante con cualquiera de los postulados de esta ideología de genero cada vez más extendida. Supremacismo violeta.

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