Una mentira repetida mil veces para que parezca una verdad
Los golpistas catalanes tratan de seguir la máxima de los regímenes totalitarios del siglo XX: una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Para ello utilizan a sus voceros de la televisión y la radio pública catalana para que denigren, insulten y menosprecien tanto a España como a los españoles. Resulta intolerable que en medios de comunicación financiados con los impuestos de todos los ciudadanos se califique a los partidos nacionales como «falangistas». Todo porque rechazan el proceso secesionista que trata de partir la nación en dos. Un movimiento del todo ilegal según las leyes que nos amparan. Ante este panorama de constante adoctrinamiento y violencia verbal, resulta primordial el papel de formaciones constitucionalistas como Ciudadanos y PP. Ante un clima tan hostil, denuncias como las de la popular Andrea Levy en el Parlamento de Cataluña resultan imprescindibles. Una manera de evitar que la falacia cale en la sociedad catalana es denunciar una y mil veces el manoseo que desde la Generalitat hacen de Cataluña Ràdio y TV3.
Sobre todo cuando las campañas mediáticas se hacen bajo el apoyo de políticos como Raúl Romeva. El hombre que en un pasado no muy lejano se definía como «hombre y español» ahora también se agarra al término «falangista» para definir a todos aquéllos que velan por la unidad de España. La Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) rara vez se detiene en la corrupción de la antigua Convergencia ni en los trapicheos al por mayor del clan Pujol. Sin embargo, revisan la historia hasta el punto de inventarla e interpretan el presente de manera interesada para así tratar de construir un perfil de nuestro país que poco o nada tiene que ver con la realidad. Un comportamiento que, desgraciadamente, sufren en Cataluña desde hace años. Tanto la televisión como la radio pública han sido testigos de todos los ataques imaginables contra los principales símbolos nacionales. De hecho, la periodista Empar Moliner incluso se atrevió a quemar en directo un ejemplar de la Constitución sin ninguna consecuencia. Así se las gastan los golpistas en sus escaparates públicos.