En el horizonte de Europa: nacionalismo, populismo… O más Europa

En el horizonte de Europa: nacionalismo, populismo… O más Europa

Con las elecciones al Parlamento Europeo a la vuelta de la esquina, ha llegado la hora de codificar Europa como proyecto integral, mejorable, sin duda, pero innegociable. Con este propósito inicio hoy una serie de artículos en los que me ocuparé de los asuntos más acuciantes de la agenda europea. Hablaremos de populismo, de nacionalismo, de quimiofobia, de cambio climático, de big data. Aunque se trata de asuntos que ya he abordado profusamente durante esta legislatura, me parece pertinente encuadrar mi trabajo en algo así como una brújula política y moral, y hacerlo con una evaluación general de algunos de los grandes desafíos a los que se enfrenta la UE.

Uno de los grandes intelectuales de nuestro tiempo, Bernard-Henri Lévy, se ha embarcado en una gira teatral por teatros de toda Europa con la obra Looking for Europe, un cuasi monólogo en que defiende los valores democráticos y liberales frente a la amenaza de los extremismos, y para el que contará, en sus tres funciones en España (Valencia, Barcelona y Madrid), con Albert Boadella como partenaire (quien, por cierto, confesó hallarse ante uno de los papeles más difíciles de su vida: el de un nacionalista, ahí es nada: “Me está costando, ciertamente; para mí supone una psicología absolutamente novedosa”). Ambos pasaron por Barcelona el pasado febrero para presentar el espectáculo, que ha contado con el inestimable apoyo de Sociedad Civil Catalana y el (no menos estimable) recelo de Pedrito Balanyà, quien preguntó a través de un propio si aquello que había de representarse en su teatro (el Coliseum) “iba contra Cataluña”. Fue aquella rueda de prensa una defensa enardecida del sueño europeo como horizonte moral, y en que ambos, Lévy y Boadella, reclamaron a los demócratas, a todos los demócratas, de izquierdas  de centro y de derechas, que se alzaran contra los populismos y los nacionalismos.

El texto se ocupa de todos esos movimientos que, a caballo de la retórica del “indignado”, pretenden impugnar la democracia liberal y reemplazarla por una suerte de identitarismo en el que todo se dilucide en términos de fuera/dentro, nacional/extranjero o pueblo/élite. Un regreso a la previsibilidad, confortabilidd, de la tribu. En este sentido, tan “tribu” son los incendiarios chalecos amarillos que se alzan contra Macron como los independistas catalanes o los brexiters. Todo ello, sin olvidar que Europa, y muy en particular Francia, sufre actualmente una tercera gran ola de antisemitismo. (“La primera fue al final del siglo XIX, la segunda durante los años treinta, y el tercero es hoy”, precisa Lévy). En la retina de todos los europeos quedó grabado el instante en que un grupo de chalecos insultó en plena calle al intelectual Alain Finkielkraut, entre ademanes de violencia física: “Lárgate, sucio sionista de mierda, vas a morir!”. Sin que nadie, entre quienes dirigen el movimiento, dieran un paso al frente para decir: “No en nuestro nombre”.

El hecho de que todos esos frentes (populismo, antisemitismo, ¡comunismo¡, independentismo) coincidan a la hora de señalar a sus enemigos: la política, las élites, Bruselas, los medios de comunicación… dota de sentido a Looking for Europe, un espectáculo que asume, de manera casi pionera, que Europa , en lo que tiene de desideratum de solidaridad, libertad y cooperación, es la solución, nunca el problema. Y que acaso vivimos el momento en que ese proyecto se halla más comprometido.

Entre el público que asistió a la rueda de prensa, por cierto, se hallaba el alcaldable Manuel Valls, francés nacido en Barcelona, y que encarna precisamente la forma de concebir la política que plantea Lévy.

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