España, ¿territorio sin ley? 

España, ¿territorio sin ley? 
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  • Rosa Díez

Uno de los efectos más perniciosos que ha provocado el Estado de Alarma impuesto por la pareja tóxica es la pérdida de garantías constitucionales y la desaparición del control democrático sobre las decisiones del Gobierno.

Los millones de españoles que vivimos desde hace más de sesenta días confinados en nuestras casas, quienes salen a trabajar cada día a las empresas que han podido reiniciar su actividad, a los centros sanitarios, a limpiar las calles, a conducir taxis u otros  transportes colectivos, a trabajar en el campo…;  quienes nos atienden en los comercios, quienes reponen  los productos que consumimos… todos estamos tan preocupados y tan angustiados por las muertes, por la ruina, por el dolor de familiares y amigos de los fallecidos, por la incertidumbre sobre el futuro (quien no conoce o tiene alguien en su entorno más cercano que esté en un Erte, o en paro, o que trabaje en una empresa a punto de cerrar o que no pueda levantar la persiana, o que haya tenido que cerrar su pequeña empresa levantada con enorme esfuerzo a lo largo de toda una vida…) que corremos el riesgo de pasar por alto que mientras esto ocurre España se está convirtiendo en un país sin ley.

Sin ley no hay democracia. Sin tribunales de justicia que funcionen a pleno rendimiento, sin transparencia en la toma de decisiones, sin control democrático sobre las decisiones que toman los gobernantes… no hay democracia. Sin libertad de expresión, sin libertad de prensa, sin libertad de movimiento…, no hay democracia. Sin leyes que se apliquen a todos por igual impera la ley de la selva y sólo se salvan los más fuertes, los poderosos. Y los gobernantes que arribaron por procedimientos democráticos se convierten en despóticos

La prolongación de todo punto injustificada en términos sanitarios del estado de alarma – España representa la excepcionalidad de Europa, según ha sido constatado por todos los países miembros- va a tener (está ya teniendo)  consecuencias perversas en nuestro sistema democrático. Todos sabemos –salvo aquellos de obediencia debida- que no hay razones sanitarias para mantener la excepcionalidad del estado de alarma, como lo demuestra el hecho de que a pesar del severo confinamiento de millones de españoles España es el país de la UE con mayor tasa de fallecidos e infectados por cien mil habitantes. Se mantiene el estado de alarma por las mismas  razones ideológicas que había para que el Gobierno de Sánchez/Iglesias no tomaran decisiones de prevención hasta después del 8M; las mismas que hay para no hacer test masivos y para no implantar el uso de mascarillas: mantenernos confinados, callados, sin libertad, sin control sobre el ejecutivo mientras imponen su sectarismo al interés general del país.

España tuvo que recurrir a la declaración del estado de alarma porque el Gobierno no actuó con carácter preventivo y porque cuando aceptó la cruel realidad que había negado mientras la OMS advertía del peligro comenzó ya había miles de contagiados y decenas de muertos. Quedarnos en casa y paralizar la actividad económica fue una decisión inevitable, la única posible en aquel momento como consecuencia de la irresponsabilidad del gobierno. El gobierno que fue incapaz de tomar las decisiones correctas para prevenir y proteger  a la sociedad no supo hacer otra cosa que encerrarnos en casa y cerrar el país para frenar la extensión de la pandemia, para aliviar la presión en los centros sanitarios, para ir ganándole tiempo al virus. De forma que lo único que ha salido bien es lo que ha dependido de la responsabilidad de todos y cada uno de los españoles.

El estado de alarma durante el primer mes se constituyó pues en un instrumento imprescindible para reconducir una situación catastrófica a la que habíamos llegado como consecuencia de la incompetencia y la irresponsabilidad culposa del Gobierno. Pero a partir de ese momento el estado de alarma ha dejado de ser un instrumento para proteger nuestra salud y se ha convertido en un instrumento para proteger al gobierno.

España tiene legislación ordinaria suficiente –desde la Ley de Protección Civil, la General de Salud y la de Seguridad Ciudadana- que activada y correctamente aplicada pueden mantener la alta protección de la salud que es necesaria, incluyendo los controles de movilidad. Pero eso es lo de menos, pues hace tiempo que el decreto de Estado de Alarma ha dejado de ser un instrumento para proteger la salud y se ha convertido en un objetivo que le permite al Gobierno vaciar de contenido preceptos básicos de nuestro ordenamiento jurídico. Ya me dirán ustedes qué relación tiene la protección de la salud con  la supresión del portal de Transparencia; ya me dirán ustedes qué relación tiene los contratos sin licitación a empresas tapadera que se están haciendo desde el Gobierno utilizando esa vía  opaca para adquirir productos sanitarios defectuosos, no homologados y que han tenido que se retirados de los centros sanitarios; ya me dirán ustedes qué tiene que ver con la salud utilizar el decreto del estado de alarma para nombrar a Iglesias miembro del CNI o para mantener activos los procesos de indultos; ya me dirán ustedes qué tiene que ver el estado de alarma para convertir en “bulo” cualquier critica del gobierno; ya me dirán ustedes qué tiene que ve con la salud la negativa de dar a conocer los nombres de los “expertos” que deciden sobre nuestras condiciones de vida… hasta que nos enteramos que no existen, lo cual es un flagrante incumplimiento de la Ley de Protección ante la Pandemia que está en vigor; ya me dirán ustedes qué tiene que ver con la salud los cambios permanentes de criterio tanto para contar contagiados como para reconocer muertos; la negativa a hacer autopsias; la negativa a autorizar concentraciones con las debidas medidas de protección… salvo que quienes e manifiesten lo hagan al grito de ¡Gora ETA!; ya me dirán ustedes para qué necesitamos un estado de alarma si el gobierno cambia de criterio cada día sobre algo tan elemental como el uso de mascarillas; ya me dirán ustedes qué tiene que ver con la salud que las televisiones subvencionadas por la secta y la televisión pública esconda los más de 150 actos realizados por el Jefe del Estado; ya me dirán ustedes qué tiene que ver con la salud que el Gobierno utilice el estado de alarma para que la televisión pública manipule las concentraciones y equipare de forma absolutamente sesgada, las concentraciones que se hacen en España contra el Gobierno con las que se hacen en toda Europa contra el confinamiento…

El Gobierno tóxico llegó para sustituir la política por la propaganda y para cargarse el sistema de libertades del 78 está utilizando esta dramática pandemia para acelerar ese proceso, para convertir a España en un país empobrecido, con millones de ciudadanos dependientes de la subvención, sin trabajo, sin expectativas de vida. Y para aniquilar el control democrático al ejecutivo, a través de las sucesivas prórrogas del estado de alarma. Ilustres constitucionalistas alertan sobre la inconstitucionalidad de que esta nueva prorroga, que se añade al uso está haciendo el Gobierno del decreto, utilizado para cambiar el sistema y para suspender derechos fundamentales, algo expresamente prohibido en nuestra Constitución. Si finalmente se aprueba el próximo miércoles y por el plazo de un mes (otro aspecto totalmente ilegal) se podrá decir que España es ya un territorio sin ley.  Y cuando no hay ley, impera el despotismo; y las clases sociales más débiles, quienes más necesitan del Estado, son las primeras víctimas. Y caminaremos hacia el paraíso chavista de Iglesias, el de un país de subvencionados, sometidos al gobierno a quienes se les mantiene callados a través e una paguita, de una “limosna” que no nos hará libres sino esclavos.

Somos ciudadanos, somos libres, somos parte dela UE, somos  españoles, somos europeos. Todo totalitarismo  comienza por la opacidad y por el control de la información. Después viene el miedo y el conformismo… Y después llega la tiranía del más fuerte.

Hay que rebelarse. Por la libertad, por la democracia, en legítima defensa. #GobiernoDimisión.

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