‘Quatre illes’, una manera de ser

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Celebramos hoy, como cada 1 de marzo, el Día de las Illes Balears. Conmemoramos la aprobación, hace 43 años, de nuestro Estatut, que reconoce nuestra autonomía y que constituye nuestras islas -Mallorca, Menorca, Eivissa y Formentera- como comunidad autónoma.

Y en este tiempo, en estos 43 años, sin duda es mucho lo que ha cambiado en las Illes Balears. Durante estas más de cuatro décadas hemos visto cómo nuestras islas se abrían al mundo, cómo aceleraban su dinamismo y cómo se modernizaban. Hemos pasado de hablar de crecimiento a hablar de contención, de sostenibilidad y de transformación. Hemos pasado de hablar de volumen a hablar de valor; de hablar de riqueza a hablar de bienestar. Hemos visto cómo cambiaba la fisonomía de nuestras ciudades y de nuestros pueblos, o cómo cambiaba nuestra sociedad.

Hemos visto cómo en este tiempo hemos duplicado nuestra población. Un crecimiento poblacional que hemos asumido como un reto ante el cual no podemos mirar hacia otro lado, un patrón de crecimiento insostenible para nuestro territorio, nuestros servicios públicos y nuestra identidad. Hemos visto cambiar la manera de relacionarnos o, incluso, nuestra forma de comunicarnos, o cómo han cambiado las metas y los retos colectivos.

Pero precisamente hoy celebramos que hay algo que no cambia, que hay algo que permanece inalterable. Es aquello que nos identifica, que nos hace únicos; es aquello que hace que aún ahora todos nos reconozcamos como pueblo: es nuestro carácter y nuestra idiosincrasia, fruto de nuestra historia y nuestras raíces. Es nuestra manera de ser.

Esta manera de ser tan nuestra, de gente tranquila a la que no le gusta molestar, pero que tampoco quiere que le hagan las cuentas, que mide el tiempo en poco a poco y paso a paso. Gente trabajadora, valiente y emprendedora. De hecho, somos líderes en el crecimiento de autónomos, porque ahora, además, ya no están solos.

Hombres y mujeres a quienes nadie nunca les ha regalado nada, sino que todo lo que tienen es fruto de su trabajo y de su esfuerzo. Y entonces ese fruto pasa de generación en generación, de padres a hijos, como un legado, como una herencia sobre la que nadie tiene derecho a poner las manos.

Porque la familia, nuestra manera de entenderla como ese espacio seguro, ese refugio al que siempre volver, forma parte también de esta manera de ser. Una tierra de mujeres libres y valientes. Y es que esta siempre ha sido una tierra con una cultura matriarcal, de nuestras madres y abuelas, que abrieron camino. Mujeres que gestionaban, que decidían, que lideraban, aunque nadie les pusiera un foco.

Una manera de ser para la cual nuestro hogar es sagrado, en la que la propiedad privada no se cuestiona. Y por eso reivindicamos la seguridad jurídica, la que protege a quien tiene su casa y expulsa a quien la ocupa, a quien se apropia de lo que no es suyo, sin dudar. Y por eso nos dejamos la piel para poner todas las herramientas y los instrumentos necesarios para cambiar el rumbo de la situación de la vivienda en nuestras islas, ofreciendo más vivienda asequible, ahora sí, para la gente de aquí. Porque la vivienda en nuestras islas debe ser para las personas que viven en ellas.

Una manera de ser en la que también sabemos que el mayor patrimonio que podremos dejar a nuestros hijos y a nuestros nietos es nuestro entorno natural, nuestros parajes y nuestro mar, que hemos aprendido a amar y a darle el valor que tiene. Por eso invertimos, como no se ha hecho nunca, en el cuidado y preservación de nuestro medio natural, con más medios, con más recursos y con la compra de nuevas fincas públicas, y también en la conservación de nuestro mar, con la hoja de ruta del Plan para la Conservación Marina.

Una manera de ser reconocible en nuestras tradiciones más ancestrales, las que aún hoy vivimos con alegría y pasión en los momentos de fe y de recordar y rememorar nuestra historia; en nuestra cultura y en el hecho de tener una lengua propia, la que aprendimos a hablar, xerrar o rallar de nuestros padres y abuelos, y que debemos preservar siendo capaces de enamorar y seducir en nuestra lengua, huyendo de confrontaciones o intentos de apropiarse de ella.

Nuestras islas también las hacen quienes han venido a contribuir, a trabajar, a integrarse, a respetar nuestras tradiciones y esta manera de ser; todos aquellos que hacen de estas islas no solo nuestro hogar, sino también el suyo, que las enriquecen y las hacen mejores.

Y sí, somos gente tranquila, pero que no permite que le toquen lo que es suyo, ni que la pisoteen, que no agacha la cabeza ante lo que considera injusto. Por eso, el día en que celebramos nuestro Estatut de autonomía, como presidenta de esta Comunidad Autónoma me corresponde alzar la voz contra una propuesta de financiación que nos sigue castigando, que nos menosprecia y que no tiene en cuenta nuestra realidad. Una propuesta de sistema de financiación negociada con los de siempre y que, también como siempre, pagamos nosotros. Que ignora nuestro crecimiento poblacional, el coste de la vida, que resta peso a nuestra insularidad y que amenaza nuestra autonomía para bajar impuestos. Y por ahí no pasaremos. Aquí, nos encontrarán enfrente. Defendiendo, como siempre, a la gente de aquí.

Porque esta es nuestra manera de ser. Nuestra esencia, nuestra alma, aquello que somos. Porque un pueblo lo hace su gente, su cultura y su manera de ser. Y todo eso es lo que celebramos este primero de marzo: la manera de ser de Mallorca, de Menorca, de Eivissa y de Formentera, la de todos los ciudadanos y ciudadanas de las Illes Balears. Cuatro islas, una manera de ser.

  • Margalida Prohens es la presidenta de les Illes Balears

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