El entorno económico que viene

El entorno económico que viene

Pasan las semanas y cada indicador que se publica refleja la ralentización que he venido comentando desde hace ya varios meses. No se ve todavía claramente o, mejor dicho, no es percibida por las personas individualmente en cada una de ellas, pero tampoco lo fue en 2006 y 2007, y cuando presentó su rostro más duro, a partir de 2009, destruyó en España tres millones de puestos de trabajo y el número de desempleados ascendió a los seis millones de personas.

Mientras, la ministra de Economía modifica al alza la previsión de crecimiento económico de España para 2019, lo cual técnicamente es posible que suceda, por un mejor comportamiento del primer trimestre, pero sólo como espejismo, al igual que lo hicieron el FMI o la Comisión Europea. Ahora bien, el Gobierno hace mal en presumir de ello como si la economía estuviese cogiendo de nuevo impulso ascendente, porque no es verdad.

La situación empieza a ser preocupante: primero, sólo en el deterioro de distintos indicadores; posteriormente, en el impacto que tendrán en el cuadro macroeconómico; y, por último, antes de llegar al momento en el que caiga con fuerza la actividad económica y el empleo, veremos importantes desajustes presupuestarios.

El Gobierno de la Nación quiere aprobar unos presupuestos que incrementan el gasto, suben los impuestos y elevan déficit y deuda. Si se logra formar gobierno y los sacan adelante, las consecuencias de esas cuentas, junto con la derogación de la reforma laboral, serán nocivas para la economía.

Pero es que ese deterioro presupuestario va a producirse también en las comunidades autónomas: todas las regiones, todas, sin excepción, han vivido los últimos cuatro años por encima de sus posibilidades. Todo el esfuerzo de ajuste que algunas hicieron en el peor momento de la crisis y que permitió seguir danto los mejores servicios con un gasto ajustado y eficiente, se ha volado por los aires. La mayoría de quienes han gestionado las autonomías entre 2015 y 2019, han incrementado alegremente el gasto, repitiendo errores del pasado, sobre la base de un crecimiento de ingresos que es coyuntural. Por tanto, cuando ahora comience con más fuerza la ralentización económica, esos ingresos caerán, pero el grueso del gasto incrementado permanecerá, con lo que el aumento del déficit será un hecho.

De esa manera, volverá a darse una situación de inestabilidad presupuestaria, se incrementará todavía más aceleradamente la deuda -la cual no ha dejado de hacerlo, al no haber superávit ningún año- y se darán de nuevo problemas de tesorería.

Las medidas de ajuste de la anterior crisis no fueron ni un capricho ni algo transitorio, sino que debían servir para estabilizar la situación y solucionar estructuralmente el problema. Quienes han anulado dichas medidas y han elevado imprudentemente el gasto de nuevo, deshaciendo todas las reformas avanzadas, son los responsables directos de la mala situación que ahora se puede producir. Urge adoptar de nuevo importantes medidas de ajuste que permitan reducir notablemente el gasto con objeto de alcanzar un equilibrio presupuestario duradero en el tiempo, para que la economía no sufra desequilibrios y esté mejor preparada para sobrellevar la desaceleración económica. Si no se hace, las consecuencias pueden ser mucho más graves, y la situación presupuestaria será insostenible, empezando por la de las comunidades autónomas.

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