La desaceleración ya es notable

La desaceleración ya es notable

Pedro Sánchez niega la desaceleración económica, pero cada dato que se publica muestra que es un hecho y cada vez con más intensidad, tal y como evidencian infinidad de datos. Se destruyen 6.800 empleos diarios en enero como efecto de la entrada en vigor de la subida de un 22,3% del salario mínimo interprofesional (SMI). En febrero, además, pese a que suele ser un buen mes para el mercado laboral, muestra también el agotamiento de la economía: fue el peor febrero en paro registrado desde 2013, y el peor febrero en afiliación a la Seguridad Social desde 2016.

En la EPA (Encuesta de Población Activa) también se manifiesta la citada desaceleración porque de crearse 183.000 empleos en el tercer trimestre, en tasa intertrimestral, pasa en el último a crear sólo poco más de 36.000. También hay una importante destrucción de empleo en los dos sectores principales de la economía: la industria (-17.400) y los servicios (-43.000). Además, con aumento del paro en el sector servicios (+84.200 parados) y en la industria (+9.700 parados). Otro de los síntomas de este parón en la economía es que la tasa de paro baja sólo una décima en el último trimestre, lo que muestra la desaceleración de la economía y el empleo, y se sitúa en el 14,45%. El paro baja sólo en 21.700 personas en este trimestre, mientras que el trimestre anterior bajaba en 164.100 personas. También ha bajado la tasa de actividad, lo que también empieza a mostrar algo de desánimo a la hora de buscar empleo. Se ha elevado, además, la tasa de paro femenina, y se sitúa en el 16,26%. El indicador de actividad del sector servicios desacelera su crecimiento en 2,3 puntos, pasando a crecer un 2,1% interanual desde el crecimiento del 4,4% del año anterior.

Lo mismo sucede con el turismo, uno de los ejes más importantes de nuestra economía. Especialmente importante es la caída en las pernoctaciones y en número de viajeros de los residentes, lo que denota un empeoramiento de las expectativas económicas de los nacionales, que deciden destinar menos recursos al turismo. Las pernoctaciones de nacionales caen un 2,3% y el número de viajeros nacionales disminuye un 3%. La industria, por otro lado, cae abruptamente. Así, en intermensual, la cifra de negocios de la industria cae un 13,2% y la entrada de pedidos en la industria desciende un 25,9%. Son cifras muy relevantes en la industria, donde son tan importantes las expectativas por requerir de cuantiosas inversiones, está ralentizándose de manera acelerada. La creación de empresas también se ha resentido y ya se crea un 23% menos de empresas que en mayo y se destruye un 73% más.

La inversión extranjera recibida ya sólo es la tercera parte de las inversiones que llegaban en el trimestre de la moción de censura, ha disminuido el IPC  muestra ya la atonía de la demanda. También la contabilidad nacional trimestral, en el avance publicado por el INE, muestra el deterioro de la actividad económica, por mucho que artificialmente mantengan el dato trimestral global con una disminución del deflactor del PIB. El  consumo de los hogares  ha bajado del 0,8% al 0,5%, es decir, se desacelera un 37,5%, ha caído la inversión dos décimas, la construcción ha empeorado un 25%, el comercio disminuye su crecimiento un 83% y sólo sostienen el crecimiento aumentando cuatro décimas la aportación al crecimiento del gasto público. El crecimiento global de 2018, además, disminuye medio punto de PIB respecto a 2017 (del 3% al 2,5%), que recoge, así, los primeros efectos de la desaceleración. Ante tal escenario, ¿se desacelera la economía o no? Claramente, los datos muestran que sí.

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