COVID-19: Ataque biológico

COVID-19: Ataque biológico
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  • Clara Zamora

En septiembre de 2013, se mencionó por primera vez en la Universidad de Nazarbáyev (Kazajstán) la arrolladora iniciativa de expansión que orquestaba la economía china. Desde la pesadilla de las guerras del Opio y sus humillaciones posteriores, China no había aspirado con tanta claridad a resurgir como potencia mundial. El nombre del instrumento clave para alcanzar el objetivo es “One Belt, One Road” (Una Franja, una Ruta), una nueva ruta de la seda del siglo XXI, que fue declarada como una prioridad en su política exterior por la cúpula del Partido Comunista.

Desde el punto de vista geoestratégico, la nación más poblada de Asia Oriental deseaba diversificar sus rutas con independencia del estrecho de Malaca, contexto de conflictos territoriales con fuerte presencia de Estados Unidos. Pretendían una relación más fluida con la Unión Europea. Algunos norteamericanos calificaron el panorama de “Chinese European Century” (el siglo sino-europeo). Con posterioridad, Estados Unidos acusó a China de utilizar su poderío militar y económico para ejercer su influencia en países menos desarrollados.

En agosto de 2019, un artículo publicado en el “New York Times” avisó de que el centro más potente de creación de armas biológicas de los Estados Unidos, Fort Detrick, “anuncia su cierre temporal debido a la falta de seguridad durante una investigación con gérmenes letales”. El pasado 24 de enero, según otros medios estadounidenses, senadores demócratas y republicanos utilizaron información clasificada sobre el COVID-19 para vender acciones antes de que la crisis llegase a Estados Unidos, tras celebrar una reunión a puerta cerrada.

Los directores de bancos de inversión de Estados Unidos están presionando a las principales empresas del sector de la salud para aumentar los precios de sus productos durante la crisis mundial que ha generado el virus, según información vertida por “The Intercept”. Angela Merkel ha dicho: “Esto es serio. Por favor, tomadlo en serio. Desde la Segunda Guerra Mundial no ha habido ningún desafío para nuestra nación que haya exigido tal grado de unidad”. Donald Trump invoca la “Ley de Producción de Defensa” para la lucha contra la pandemia. Esta ley federal permite, entre otras atribuciones, que el presidente pueda controlar la economía civil.

El 12 de marzo de 2020, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Zhao Lijian, sugirió que el COVID-19 fue introducido en China por Estados Unidos. Tuiteó: “Pudo haber sido el ejército de Estados Unidos el que trajo la epidemia a Wuhan. ¡Los Estados Unidos nos deben una explicación!”. Según algunos medios, el comentario hace alusión a los Juegos Mundiales Militares, que tuvieron lugar en Wuhan en octubre. Una acusación gravísima que aún no ha sido sólidamente desmentida por nadie. Algunos se preguntan: ¿Por qué EEUU no libera los datos? Todo lo que ocurrió es que el Departamento de Estado correspondiente llamó a consultas al embajador chino en Washington.

La Organización Mundial de la Salud lo único que asevera es que el SARS-CoV-19 no era conocido antes del brote que comenzó en Wuhan en diciembre de 2019. El 16 de marzo, el presidente de los Estados Unidos se refirió al patógeno como el “virus chino”. Otros americanos lo han calificado como el “virus de Wuhan”. Todas estas acusaciones han sido calificadas por el gobierno chino de “racistas y xenófobas”. A fin de cuentas, se plantea una competencia estratégica planificada para que el resto del mundo se decante entre ambas potencias. El 17 de marzo se expulsaron de China a varios periodistas de tres de las cabeceras más importantes de los Estados Unidos.

Actualmente, Europa es el epicentro de la Pandemia COVID-19. Los talibanes han publicado un comunicado en el que manifiestan que el virus es una “peste” provocada por Alá, debido a los pecados cometidos por los seres humanos. Afganistán, un país devastado por el conflicto armado, desde el corazón de Asia, lidia ahora con esta amenaza. En África también hay un notable aumento de los contagios, los casos aumentan a una tasa del 26% cada día.

El modelo económico chino se presentaba como alternativa a los ideales occidentales impuestos de democracia y Derechos Humanos casi desde la Revolución Francesa (Libertad, Igualdad, Fraternidad); pero, en realidad, ha provocado un virus político, mucho más terrible que el COVID-19. El objetivo: poner el sistema económico en orden. Casualmente el virus ataca especialmente a las personas mayores, que han sido identificadas por todas las sociedades avanzadas como un  problema para la economía global. ¿Comprará Europa la vacuna, que se debió fabricar a la vez que el virus, cuando haya puesto cierto orden en su sistema de pensiones y seguridad social?

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