El chavismo ha contagiado a Sánchez

El chavismo ha contagiado a Sánchez
  • Rosa Díez

“Lo de ayer noche fue ya abiertamente una comparecencia chavista-castrista, pero en malo”, me escribe un viejo amigo socialista tras el mitin de Sánchez. Creo que es una forma exacta de definir lo que vimos. Sánchez se comportó como el cacique de un régimen que se dirige a sus súbditos con una perorata cargada de mentiras, de autocomplacencia y de palabrería hueca.

Reconozco que me resultó difícil seguir la arenga chavista; pasé de la estupefacción a la indignación sin dar crédito a lo que estaba oyendo, a la impostación, a la soberbia, a la impostura con la que se comportó el Presidente del Gobierno de España. Cierto es que nunca esperé nada de Pedro Sánchez, ese gran impostor; pero a pesar de saber que una de las características de la psicopatía es la falta de empatía volví a sorprenderme por la absoluta falta de vergüenza que mostró al colarse de esa manera y con ese estilo en la casa de millones de ciudadanos que sufren un drama sanitario y económico sin precedentes como consecuencia de su gestión, de la negación del problema cuando estábamos a tiempo, de la improvisación, de su mortal sectarismo.

Lo más desolador en términos democráticos del mitin del sábado noche fue constatar que los centenares de asesores de Sánchez siguen ocupados de la propaganda y de la imagen del cacique. Y ya ni disimulan. Si Iglesias dio un mitin el miércoles, Sánchez  no podía quedarse por detrás; y le prepararon uno para el sábado, en la hora reservada para los discursos institucionales del Jefe del Estado. No tiene vergüenza.

Millones de españoles están recluidos en sus casas; los sanitarios (todos, los que trabajan en el sector público y en el sector privado, que hasta en eso es sectario el tipo) luchan hasta el limite cada día; los proveedores de alimentos, los transportistas… todos los sectores hacen su trabajo para que podamos seguir en nuestros hogares; los militares se despliegan por toda España (con permiso de los nacionalistas que prefieren que los ciudadanos que viven en sus comunidades asuman riesgos complementarios mientras  el cacique dilata la entrada en Cataluña y País Vasco para no molestar a sus amigos del régimen); los limpiadores, los taxistas, los cuidadores de ancianos, los jóvenes que se ofrecen voluntarios para ayudar a quien lo necesite, los empresarios que reconvierten su producción para suministrar bienes esenciales… todos cumplen con su obligación mientras el cacique se dedica al autobombo y la propaganda y a preparar el día después para salvar su pellejo.

Sánchez, ese gran impostor, nos brindó una hora de arenga plagada de mentiras. Que dice que hicieron lo correcto y que lo hicieron antes que nadie. Mentira: sabían desde enero que la OMS había declarado la pandemia y que recomendaba huir de concentraciones y poner en marcha medidas de prevención. Y no hicieron caso; y no hicieron acopio del material sanitario que hoy escasea por su delictiva imprevisión; y animaron a la gente a seguir con las concentraciones multitudinarias; y negaron la necesidad de cerrar colegios hasta que Madrid CCAA tomó la decisión y otras la siguieron. Si estamos confinados en casa es porque Sánchez no tomó decisiones a tiempo; y no las tomó a pesar de saber lo que estaba ocurriendo y los riesgos que corríamos. Pusieron sus intereses ideológicos por delante de los derechos de los ciudadanos. Ellos nos han confinado, no el virus. Ellos y sus decisiones irresponsables nos han traído hasta aquí.

En la perorata chavista Sánchez dijo algunas cosas dignas de ser rescatadas para que no se nos olviden. Dijo, por ejemplo, que esta crisis nos ha cambiado y que a partir de ahora veremos al Ejercito como una inversión y no como un gasto. Es una afirmación propia de un tipo que ideológicamente está mucho más cerca del chavismo que del socialismo democrático. Sánchez no conoce ni al país del que es presidente, no sabe que la inmensa mayoría de los españoles ya estábamos antes orgullosos de nuestras fuerzas armadas, ya sabíamos que eran necesarias, ya sabíamos que estaban dispuestas a darlo todo en España y en cualquier roncón del mundo para defender los valores, los principios democráticos y las vidas de las personas. Y, por supuesto, Sánchez no conoce a nuestras fuerzas armadas. Este impostor chavista es el perfecto ejemplo de quien desprecia todo lo que ignora.

Dijo que otros países han tenido que rectificar su estrategia, no como nosotros que siempre hemos seguido las recomendaciones de la OMS… La burda mentira se comenta por si misma. Guardo para mi la retahíla de declaraciones de su experto, de sus ministros, de sus ministras, de todos los miembros del Gobierno que nos recomendaban vivir como que no pasaba nada hasta la tarde del 9 de marzo. Si, hasta la tarde, que por la mañana el Ministro de Sanidad en una entrevista con Herrera volvió a decir que todo estaba controlado. El drama de tener un mentiroso patológico al mando del país es que hará lo que haga falta para salvar su pellejo y que las mentiras – y no las medidas- serán su escudo contra esta emergencia nacional.

Dijo que hay que estar muy orgullosos de lo público. Otra vez estableciendo categorías entre los profesionales que lo dan todo por ayudarnos, por frenar la pandemia y salvar nuestras vidas. Otra vez la miseria ideológica servida gota a gota para ir preparando la culpabilización del otro cuando esto acabe.

Es una verdad universal que el populismo llamado de izquierdas aprovecha siempre las grandes crisis para hacerse con el poder, para controlarlo sin ningún tipo de contrapoder democrático. Fíjense que esto justo es lo que Sánchez( no solo Iglesias, con quien pugna en la primogenitura del chavismo en su discurso y en sus actos) pretende hacer. Tienen al Parlamento semidisuelto de facto; tienen a la oposición actuando con la responsabilidad que le corresponde, pensando más en el país que en ellos mismos, lo que deja Sánchez el campo abierto para sus manejos. Controlan prácticamente todos los medios de comunicación, pues sus voceros estuvieron defendiendo el irresponsable discurso y la inane acción del Gobierno hasta el día 9M y se saben tan responsables como el Gobierno que les da de comer; están preparándose para bombardear -al minuto siguiente de que esto empiece a mejorar- con mensajes que culpabilicen al PP, a los recortes, al Rey, a las CCAA que no controlan…

Esta es la realidad. Sánchez no le quiere dejar a Iglesias la bandera del chavismo ni del más cruento sectarismo. Hizo un gobierno para dividir a los españoles y mientras todos luchamos contra el virus él se prepara para repartir  porquería el día después. Mientras millones de españoles pensamos en nuestro vecino y sufrimos por todos y cada uno de los afectados, él prepara su campaña de imagen. Mientras millones de españoles luchamos por sobrevivir al virus el planifica como eludir su responsabilidad, como salir de esta sin que le toque ni le manche por su criminal irresponsabilidad.

Para desgracia de todos nosotros la realidad es dura, pertinaz. Y él también lo sabe y por eso redobla sus esfuerzos propagandísticos; aunque los materiales se estanquen en las aduanas, los mensajes de propaganda son lo primero para él y los suyos. No importa que no lleguen los respiradores; importa que llegue la propaganda. Así de infame es todo.

Seguiremos conviviendo con el drama, con el dolor, con los infectados, con los muertos. Seguiremos conviviendo con las consecuencias que esta crisis va a suponer para millones de trabajadores cuyo horizonte de estabilidad y de bienestar se va a llevar por delante. Mientras tanto él y sus doscientos asesores con Redondo a la cabeza hacen estimaciones, diseñan tácticas y estrategias de comunicación para salir del naufragio aunque ellos sean los únicos supervivientes.

Pero aún hay esperanza. La esperanza está representada por la gente. España es un país culto, serio, con ciudadanos mucho más inteligentes y capaces que su gobierno. El chavismo ha infectado la Moncloa, pero no ha conseguido destruir nuestro tejido social y democrático. Aún hay medios de comunicación no sometidos al control del Gobierno; aún hay redes libres, aún hay ciudadanos con memoria, que recuerdan cómo construimos la democracia y que no están dispuestos a que unos chavistas nos la arrebaten aprovechándose de una emergencia sanitaria y social. Tenemos memoria y tendremos paciencia.

No caeremos en la provocación chavista de Sánchez y podemita de Iglesias, porque un país no se puede alimentar de la miseria que ellos representan. No somos como ellos, somos mucho mejor que ellos. Vamos a superar esta crisis. Y luego les vamos a pasar la factura. Si, ya lo creo que si. Les vamos a pasar la factura al cobro no por venganza sino por justicia. Para que la historia no se repita; para que pague por lo que nos han hecho y nos siguen haciendo. Y para que ninguno de sus herederos les pueda hacer en el futuro algo parecido a nuestros hijos o a nuestros nietos.

La vacuna democrática contra esta panda de irresponsables que nos han traído la ruina será mandarles a casa señalados y para siempre.

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