Mientras muchos españoles la tiran a la basura, Corea del Sur recicla el agua residual del aire acondicionado para enfriar la fachada de los edificios

Corea del Sur está creando un sistema que convierte el agua residual del aire acondicionado en un recurso para enfriar la fachada de los edificios antiguos. Para los creadores, el punto de partida fueron las escenas habituales del verano urbano.
Las fachadas de los edificios envejecidos acumulan tuberías y unidades exteriores de aire acondicionado a la vista, y el agua de condensación que generan esos equipos cae por un desagüe sin ningún uso posterior.
El problema de fondo es el efecto isla de calor urbana causado por el aumento de temperatura de las superficies, el ciclo de calor residual que devuelven los propios equipos de refrigeración, el incremento del consumo energético y el malestar térmico de quienes viven en la ciudad.
El proyecto se llama Urban Dew y fue pensado por Haecheol No, de la Universidad de Jeonju. Actualmente, figura entre las candidaturas del concurso de diseño internacional 2026 James Dyson Award.
¿Cómo enfría Corea del Sur una fachada con el agua del aire acondicionado?
Esa agua sale del aparato a baja temperatura. Urban Dew la recoge, la filtra y la reparte por unos paneles montados sobre el muro existente. Al evaporarse, el agua absorbe calor, baja la temperatura de la superficie exterior y reduce la carga térmica que recibe la pared del edificio.
El recorrido arranca en el propio equipo de refrigeración. Cuando un aire acondicionado funciona, el sistema recoge el agua de condensación desde la línea de desagüe, le quita las impurezas con un filtro y la conduce hasta unas tuberías verticales situadas detrás de la fachada.

Desde esas tuberías, el agua entra en cada panel a través de un acoplamiento rápido. En el interior, un núcleo con estructura giroide la extiende sobre una superficie curva continua y forma una película fina en lugar de dejarla acumulada en el fondo.
El contacto con el aire exterior hace el resto. La película se evapora y absorbe calor latente, de modo que la superficie del panel se enfría y transmite menos calor al muro que tiene detrás.
Detrás de cada panel queda, además, una cámara de aire de 90 milímetros. Ese hueco genera una corriente ascendente natural que expulsa el aire húmedo y sostiene el enfriamiento. El agua sobrante se drena o vuelve a circular por el sistema.
La estructura coreana que reparte el agua dentro de la fachada
El autor del proyecto eligió el giroide por su geometría. Se trata de una superficie curva continua, con un área amplia y caminos de paso abiertos, que permite al agua repartirse de forma uniforme, permanecer más tiempo dentro del panel y tocar más aire.
El giroide funciona como pieza técnica y queda oculto tras un acabado limpio, mientras el agua y el aire circulan por dentro del panel. Es la parte que aumenta la difusión de la humedad y el contacto con el aire, los dos factores que hacen posible el enfriamiento.
Un sistema modular de paneles para los edificios antiguos de Corea del Sur
Cada módulo vertical mide 900 x 735 x 50 milímetros y se separa del siguiente con juntas abiertas de 10 milímetros, que absorben las tolerancias y las dilataciones del montaje, y sirven también de ventilación y drenaje. Unas tapas de borde ocultan las tuberías y los marcos.
El panel con el giroide se desliza dentro de una carcasa, lo que facilita el montaje y el desmontaje. El conjunto se completa con escuadras en L, tornillos, un perfil de colgado y el acoplamiento rápido que conecta cada pieza a la línea de agua.
Ese acoplamiento corta el paso del agua cuando alguien retira un panel. Así, un módulo concreto se puede limpiar o sustituir sin detener el resto de la instalación.
¿Qué falta por comprobar en el proyecto surcoreano?
El rendimiento térmico todavía no tiene medidas publicadas. La siguiente fase prevé una maqueta y un prototipo de un solo panel para verificar el flujo del condensado, la difusión de la humedad en el giroide y la bajada de temperatura de la superficie, con cámaras térmicas y sensores.
Después planean los ensayos de durabilidad. El equipo quiere medir la estabilidad del suministro de agua, la filtración, la limpieza, el drenaje, la prevención de obstrucciones, la resistencia a los rayos ultravioleta y la deformación del material en condiciones de humedad.
La última etapa prevista es una instalación piloto sobre un edificio envejecido, donde el proyecto evaluará el aspecto final, el efecto de enfriamiento, el mantenimiento y la integración con el resto de la ciudad.