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El árbol de la sangre del dragón, conocido científicamente como Dracaena cinnabari, es una de las especies vegetales más singulares del mundo y hoy su futuro genera preocupación en la botánica internacional. Este árbol endémico de la isla de Socotra, en Yemen, debe su nombre a la savia roja que libera al cortar su corteza, un rasgo que lo convirtió en símbolo natural del archipiélago y en uno de sus principales atractivos.
Socotra, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, alberga una biodiversidad excepcional que no se repite en ningún otro punto del planeta. Entre sus paisajes áridos, montañas envueltas en niebla y playas aisladas, el árbol de la sangre del dragón ocupa un lugar central, debido a su valor ecológico y su peso cultural y económico. Sin embargo, distintos factores ponen en riesgo su continuidad.
Qué hace único al árbol de la sangre del dragón de Socotra
El Dracaena cinnabari se distingue por una silueta inconfundible. Sus ramas parten de un punto central y se abren hacia el exterior formando una copa semiesférica, similar a un paraguas gigante. Puede alcanzar hasta 10 metros de altura y vivir durante siglos, lo que lo convierte en un testigo silencioso de la historia natural de la isla.
Más allá de su aspecto, cumple una función clave en el ecosistema local. Su copa actúa como un recolector natural de agua, atrapando la humedad de la niebla y la lluvia. Esa agua se canaliza hacia el suelo y permite que otras plantas crezcan en un territorio extremadamente árido, ayudando a sostener la vida vegetal de la región.
Aunque para muchos españoles recuerda al drago canario, se trata de una especie distinta dentro del mismo género. Esa diferencia refuerza la singularidad de Socotra como el único lugar del mundo donde el árbol de la sangre del dragón es nativo.
Por qué esta especie está en peligro de extinción
La supervivencia del Dracaena cinnabari se ve amenazada por una combinación de factores ambientales y sociales. El cambio climático ha intensificado la llegada de tifones y huracanes a la isla, fenómenos que impactan con fuerza y pueden arrancar árboles centenarios de raíz.

A esto se suma la presencia de cabras invasoras, que dificultan la regeneración natural de la especie y aumentan el peligro de extinción. El árbol crece lentamente y sus brotes jóvenes suelen ser consumidos por estos animales, lo que reduce drásticamente la aparición de nuevos ejemplares.
El contexto político también juega un papel determinante. La prolongada guerra civil en Yemen ha afectado la economía y los recursos disponibles para la conservación. Mantener viveros especializados y programas de protección resulta cada vez más complejo, ya que las prioridades se concentran en la crisis humanitaria.
Los usos de la savia roja
La característica savia roja que da nombre al árbol fue utilizada desde tiempos antiguos por las comunidades locales. Al oxidarse en contacto con el aire, adquiere un tono rojo intenso y se empleó tradicionalmente para cicatrizar heridas, aliviar quemaduras, combatir infecciones y reducir inflamaciones.
Además, esta resina, conocida como «sangre de dragón», tuvo valor comercial desde el mundo antiguo y aún se utiliza como colorante y en algunos productos cosméticos por sus propiedades antioxidantes y regeneradoras. Su recolección es limitada, ya que solo se realiza una vez al año, lo que históricamente incrementó su valor.