El Sahel vive nuevos episodios de terrorismo en Mali y Burkina Faso

Sahel
  • Alex Erquicia | atalayar.com

La amenaza constante de grupos terroristas contras civiles y las fuerzas de seguridad no remite: los yihadistas dejan 24 soldados muertos en Mali el lunes tras un enfrentamiento directo con un grupo yihadista en el este del país, cuya filiación se desconoce. Por su parte El Ejército de Burkina Faso mató a 32 presuntos terroristas y perdió a un soldado en dos operaciones acometidas en el norte del país, según informaron este domingo fuentes militares. Las maniobras tuvieron lugar el viernes y el sábado en las zonas de Yorsala y Bourzanga, respectivamente. En el primero mataron a 24 presuntos terroristas, pero se reportó también la muerte de un soldado mientras que en el operativo del sábado resultó en presuntos terroristas muertos, recoge Efe.

Los ataques en Mali se producen después de que el país aún se recupera de la muerte de 54 soldados en otro ataque, uno de los más mortales en la última década, que tuvo lugar el 2 de noviembre, y que mostró el creciente alcance y sofisticación de los grupos yihadistas armados activos en la región. Es evidente que entre los principales objetivos de los terroristas son las Fuerzas Armadas de los países del Sahel que poco a poco colaboran entre sí cada vez más activamente en la lucha contra los contra el terrorismo y la delincuencia organizada y que avanzan en la formación de una fuerza regional antiterrorista de 5.000 soldados conocida como G5 Sahel, (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger). Desde enero, más de 1.500 civiles han sido asesinados en Burkina Faso y Malí, y más de un millón de personas han sido desplazadas internamente en los cinco países, más del doble del número de personas desplazadas en 2018.

La zona del Sahel es una de las principales zonas de riesgo en la actualidad en el continente africano con los grupos yihadistas haciéndose cada día más fuertes. La batalla del lunes tuvo lugar en la zona fronteriza de Mali y Níger y enfrentó a los ejércitos de ambos países en una operación conjunta que patrullaba por la aldea de Tabankort, en la región fronteriza de Gao (en territorio maliense) cuando fueron sorprendidos por fuego hostil por un grupo de yihadistas en la zona. Las Fuerzas Armadas Malienses (FAMA) anunciaron el martes que murieron 24 soldados, además de otros 29 que quedaron heridos, mientras que no hay noticia de bajas entre los militares de Níger. En cuanto a los presuntos yihadistas hay 17 de ellos muertos en combate y un centenar más hechos prisioneros y conducidos por los militares nigerinos hasta la localidad de Tiloa, recoge Efe.

El elevado número de muertos de las Fuerzas malienses en noviembre, 38 soldados de Malí fueron asesinados el 30 de septiembre en ataques coordinados contra dos bases del Ejército en el centro del país, una zona que a pesar de la presencia del ejército francés y otras fuerzas internacionales ya no está bajo control del gobierno. Malí ha sufrido violencia desde 2012, cuando militantes islamistas explotaron un levantamiento separatista tuareg, apoderándose de varias ciudades clave por las que batallan desde entonces.

Distintos grupos terroristas, con vínculos con Al Qaeda o Daesh, se nutren de unas fronteras porosas, y desde sus posiciones han definido nuevas rutas de contrabando (de armas, drogas, personas,…) se han hecho fuerte en Mali desde el 2012, desestabilizando los países del Sahel. Los terroristas se han aprovechado de la porosidad de las fronteras para golpear en un país y buscar refugio en el otro, explotan y alimentan tensiones ancestrales entre agricultores y ganaderos que compiten por tierras y recursos escasos en los países reclutando a miembros de comunidades agraviadas para su causa. En los últimos meses Burkina Faso se ha convertido en el epicentro del caos y la destrucción que estos grupos traen lo que ha llevado a la espiral de violencia en el Sahel a dejar hasta 1.500 civiles muertos solo este año en Burkina Faso y Malí.

La respuesta internacional, que no ha logrado detener la violencia, se ha centrado en la Operación Barkhane, dirigida por Francia que opera junto al G5 Sahel, que se encuentra desplegado desde 2014 en estos países sahelianos y que consta de unos efectivos de 4.500 soldados franceses que se mueven con toda libertad de un Estado a otro en busca de presuntos terroristas (una operación que cada vez se ve con mayor recelo por parte de los locales). Junto a la fuerza francesa y al G5 Sahel se encuentra la Misión de las Naciones Unidas en Malí (MINUSMA). Pero la militarización de la región sigue siendo un motivo de debate en la comunidad internacional y entre los analistas políticos.

"Los persistentes informes de asesinatos extrajudiciales y torturas durante las operaciones de seguridad de las tropas en Malí y Burkina Faso están alimentando la desconfianza hacia el Estado entre la población local, que ya se encuentra bajo la presión de los militantes", escribe Pauline Bax en Bloomberg News. Acciones como estas por parte de las Fuerzas locales e internacionales empujan a los jóvenes descontentos a los brazos de los extremistas, según los expertos. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP, por sus siglas en inglés) en un informe de 2017 titulado ‘Viaje al extremismo en África’ aseguraba que el 71% de los ex reclutas de grupos extremistas entrevistados en toda África señalaron que la acción del Gobierno (el arresto, la detención o el asesinato de un familiar o amigo) desencadenó la decisión de unirse y un factor clave en su camino hacia el extremismo.

Según el último informe de situación del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha instado a las autoridades de Burkina Faso que "investiguen las graves acusaciones de ejecuciones extrajudiciales" por parte de las fuerzas de seguridad y a las de Malí que "concluyan la investigación sobre los incidentes en los que se ha visto implicado su contingente" en la fuerza conjunta del G-5. Los expertos están de acuerdo en que cualquier estrategia eficaz a largo plazo contra los yihadistas debe incluir formas de revertir la alienación que sienten los jóvenes africanos occidentales. Esto significa reforzar la gobernanza local, luchar contra la corrupción y crear puestos de trabajo.

La tensión aumenta en Burkina Faso

El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (WFP, por sus siglas en inglés) ha alertado sobre la gravedad de la crisis humanitaria que golpea Burkina Faso y los países vecinos de la región del Sahel central, en África occidental; una crisis causada por la violencia generalizada y los efectos a largo plazo del cambio climático.

Las operaciones de los últimos días llegan después de que, hace diez días, una emboscada contra un convoy de vehículos donde viajaban trabajadores de una mina canadiense del este de Burkina Faso dejase 37 muertos y 60 heridos. Burkina Faso sufre ataques yihadistas recurrentes desde abril de 2015, con un aumento significativo de la violencia procedente de la vecina Malí y vinculada a grupos como Al Qaeda y el autoproclamado Estado Islámico de Irak y el Levante (Daesh).

"Burkina Faso, que una vez fue un país pacífico, experimentó su primer gran ataque extremista en 2015. El país es una puerta de entrada al sur de la costa de África Occidental, y los líderes regionales temen que los extremistas se trasladen a Togo y Benin, donde dos turistas franceses secuestrados, un estadounidense y un surcoreano, fueron liberados este año por las fuerzas francesas", dice AP en un artículo de hace un mes titulado ‘Se intensifican los ataques extremistas en la frontera entre Malí y Burkina Faso’.

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