Isaac Moreno Gallo, historiador y experto en ingeniería romana: «Muchas calzadas romanas que conocemos en España en realidad son falsas»
España está repleta de tesoros arqueológicos de la Antigua Roma y tendemos a pensar que todo lo que parece antiguo y de piedra pertenece a dicha época. Sin embargo, el historiador y experto en ingeniería romana Isaac Moreno Gallo ha dado otra visión del asunto.
Aunque puedan parecer antiquísimos, si nos fiamos de la ingeniería antigua y hacemos una revisión técnica seria podemos comprobar que la mayoría de calzadas romanas son mucho más nuevas de lo que parecen.
Justamente esto es lo que defiende Isaac Moreno Gallo en su libro Vías Romanas. Ingeniería y técnica constructiva. De hecho, la mayoría de ellas pertenecen al siglo XVII y XVIII.
La mayoría de calzadas romanas son falsas, según el experto Isaac Moreno Gallo
Las calzadas romanas, como la Vía Augusta, siempre han sido un orgullo para muchas ciudades españolas. Aun así, Moreno Gallo defiende que la identificación debe ir más allá de parecer antiguas, de piedra o parecer un monumento impresionante.
En concreto defiende que muchas vías consideradas romanas son en realidad caminos modernos, especialmente de los siglos XVII y XVIII. Entre los ejemplos más famosos ha destacado el camino del Puerto de la Fuenfría, entre Madrid y Segovia, la calzada del Puerto del Pico, en Ávila, o el Valle de Iregua, en La Rioja.
Nuestra intuición nos hace pensar que casi cualquier camino empedrado puede ser romano, pero un ingeniero o un arqueólogo debe mirarlo con otros ojos.
Por ejemplo, una calzada de la Antigua Roma estaba pensada para transportar carros pesados, mercancías y lograr fluidez. Por ello, cualquier calzada con una pendiente inadecuada para ello, sin un firme suficiente y sin un trazado racional para la época nos debería hacer sospechar.
Cómo diferenciar una vía romana real de las calzadas de piedra posteriores
Uno de los aspectos básicos para diferenciar una construcción romana de las obras de ingeniería posteriores es la superficie de la calzada. Para Isaac Moreno Gallo los clásicos caminos de losas no cuadran con las carreteras interurbanas.
En su investigación, Moreno Gallo sostiene que las capas inferiores solían tener piedra de mayor tamaño, mientras que la capa superior de rodadura era de grava fina. Ese acabado era más apto para el paso de caballos y carros que una superficie de grandes losas.
Es decir, el error era que algunos arqueólogos habían extrapolado las carreras interurbanas al modelo de algunas vías urbanas como la Vía Apia en Roma, con lo que consolidaron una imagen equivocada.
Como ingeniero, una de las demandas de Moreno Gallo es que se analicen las calzadas romanas más allá del vestigio arqueológico. Por ejemplo, fijándose si tiene un perfil longitudinal adecuado, un buen sistema de drenaje o la anchura correcta.
Cómo Isaac Moreno Gallo logró desmentir los mitos históricos de las calzadas de la Antigua Roma
Moreno Gallo llegó a estas conclusiones tras casi una década de análisis de características técnico-constructivas de vías romanas en España, Francia, Italia y Suiza.
Comenzó el trabajo hace más de 30 años, en 1994, en Burgos, cuando identificó varios tramos de una vía romana paralela al Camino de Santiago. A partir de ahí, su trabajo se transformó en una revisión del modo en que se habían identificado los caminos antiguos.
El resumen es que no basta solo con identificar piedras antiguas dispuestas de una determinada manera para asegurar que se trata de una calzada romana. Para que verdaderamente sea una vía romana, debe comprobarse que en su construcción se utilizaron de manera uniforme técnicas atribuibles a los romanos.