Cuaresma

Es un manjar de dioses pero solo lo hacen en un pueblo de Huelva: para probarlo tienes que ir en Cuaresma

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Recreación de un plato de engañabobos.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Churros, torrijas o pestiños marcan la Cuaresma en muchas casas. Son dulces con ese punto justo de fritura y azúcar que encaja con la tradición, aunque no todo el mundo repite siempre los mismos.

En la provincia de Huelva hay otro menos conocido que merece el viaje. Se prepara en un único pueblo y, cuando llega la Cuaresma, muchos se acercan sólo para probarlo recién hecho.

El manjar que sólo se hace en un pueblo de Huelva en Cuaresma

En Alosno, en plena comarca del Andévalo, los engañabobos son un dulce clásico que se come desde hace generaciones. No se trata de un capricho reciente ni de un dulce rescatado para atraer visitantes. Las familias lo siguen preparando cuando se acerca la Cuaresma y la Semana Santa, como hicieron sus abuelos.

El nombre de engañabobos llama la atención pero tiene su explicación. La masa, al tocar el aceite muy caliente, se hincha de golpe y adquiere volumen, como si escondiera crema o cabello de ángel. Sin embargo, al partirlo aparece el vacío, está hueco. Ese pequeño engaño es el que le dio fama.

Lo bueno es que esta receta no requiere productos difíciles ni técnicas complicadas. Harina, aceite de oliva, vino blanco, azúcar, anís en grano y piel de limón.

En Semana Santa casi no hay casa en Alosno donde no se frían. También aparecen el día de Todos los Santos, aunque es durante la Cuaresma cuando alcanzan su momento fuerte.

Cómo hacer este dulce típico de Cuaresma paso a paso

La clave está en la masa y, sobre todo, en el estirado. Si la dejas gruesa, no se hincha, pero si la trabajas fina, casi transparente, el calor crea ese vacío interior que le da nombre.

Ingredientes:

  • 200 g de harina de trigo.
  • 65 ml de aceite de oliva.
  • 40-50 ml de vino blanco.
  • 55 g de azúcar (y un poco más para rebozar).
  • 1,5 cucharaditas de anís en grano.
  • Piel de un limón (sólo la parte amarilla).
  • Una pizca de sal.
  • Aceite abundante para freír.

Procedimiento:

  • Primero aromatiza el aceite. Calienta los 65 mililitros con la piel de limón y el anís en grano. Cuando la piel se dore, aparta del fuego y deja que temple. Cuela el aceite antes de usarlo.
  • En un bol amplio mezcla la harina, el azúcar y la sal. Añade el vino blanco y el aceite ya templado. Trabaja la masa hasta que quede lisa y no se pegue a las manos. Pásala a la encimera y amasa unos minutos más, sin prisa pero sin exceso.
  • Cubre la masa con un paño y deja que repose media hora. Ese descanso facilita el estirado. Después divide en porciones pequeñas y pásales el rodillo hasta dejarlas muy finas. Cuanto más fina, mejor se inflará.
  • Corta rectángulos o rombos de unos pocos centímetros y fríelos en aceite bien caliente. Se inflan casi al instante. Dales la vuelta para que se doren por ambos lados y sácalos cuando tengan un tono dorado claro.
  • Colócalos sobre papel absorbente y, aún calientes, pásalos por azúcar, con un toque opcional de canela. Fríe pocas piezas cada vez para que el aceite no pierda temperatura.

Recién hechos son muy crujientes y ligeros y en eso reside su gracia.

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