Lazos amarillos

Un voluntario suizo que retira lazos en Cataluña: “El independentismo manipula como una secta”

François Meylan
El empresario y ex militar suizo François Meylan, presidente de la asociación Cataluña Pueblo de España.

El empresario suizo François Meylan ha llegado esta semana a Cataluña para colaborar, como voluntario, en las labores de limpieza de los lazos amarillos. Meylan ha sido policía y militar en su país, y desde hace más de una década trabaja como asesor financiero. Colabora habitualmente con varios medios de comunicación suizos y es autor de dos libros sobre el terrorismo internacional y la violencia política, un concepto en el que incluye fenómenos como la actividad de la mafia en Albania y Kosovo.

–¿Por qué ha decidido venir a Cataluña a ayudar a quitar lazos amarillos?

–He venido a disfrutar con la gente, y a contar en mi país lo que pasa en Cataluña. El referéndum del 1-O fue una trampa, una mascarada. Y me enfadé mucho cuando vi que una parte de la prensa suiza estaba actuando de una forma muy poco profesional al hablar sobre Cataluña. Repetían las mismas mentiras y falsedades que han propagado los independentistas: mostraban a Cataluña como un solo pueblo, republicano y oprimido, que desea independizarse frente a una España franquista y corrupta. El pasado mes de junio presenté ante el Consejo Suizo de la Prensa una denuncia contra el diario Le Temps, porque no se puede permitir que se difundan ese tipo de falsedades.

Para los independentistas es una guerra de comunicación y propaganda, pero después suele venir la guerra de verdad. Si eso llega a ocurrir, pasaría como en Siria, que ha atraído a todas las fuerzas del yihadismo internacional. Hay muchos antisistema en toda Europa que están esperando a que pase algo así en Cataluña.

-¿El nacionalismo y el populismo son una amenaza para toda Europa?

–Lo estamos viendo en países como Hungría, Polonia, Italia… La ideología separatista es un fantasma para manipular a la gente, funciona como una secta. Detrás hay operaciones delictivas, es una cuestión de dinero y poder. Y sus jefes siempre viven muy bien. Hay mucha gente que está viviendo de esto. Lo que pasa en Cataluña afecta a toda España y a toda Europa. La Unión Europea (UE) tiene un peso económico muy fuerte, pero políticamente es débil. Y las grandes potencias como Estados Unidos o Rusia intentan aprovecharse de ello.

–¿Qué le parece que algunos políticos catalanes como Anna Gabriel o Marta Rovira se hayan refugiado en Suiza para huir de la Justicia española?

–Si en Madrid hubiera gente dedicada a hacer operaciones para desestabilizar a mi país, el Gobierno suizo no estaría muy contento. Y eso es lo que está ocurriendo: tras dar el golpe de Estado de Cataluña, esas dos personas viven tranquilamente y con dinero en Suiza. Y dicen que van a seguir luchando desde allí contra España.

He dirigido una queja a mi Gobierno y a la Policía Federal Suiza, y me han comunicado que van a abrir una investigación sobre las actividades de la ANC en mi país. He descubierto que se trata de un lobby muy potente, con presencia en decenas de países. En Suiza están desde 2012, realizando conferencias, difundiendo manipulación y mentiras. Y eso es lo que hace el independentismo: juega con el destino de los pueblos, utilizando mentiras y manipulación.

Para luchar contra esas mentiras, hemos creado en Suiza la asociación Cataluña Pueblo de España, completamente apolítica. El próximo 9 de septiembre celebraremos una manifestación en Ginebra para denunciar el golpe de Estado del 1-O, la politización y manipulación de la escuela en Cataluña, y el acoso que sufren los catalanes no independentistas. La prensa suiza debe conocer lo que sucede realmente aquí y arrojar luz sobre las actividades delictivas de la ANC, Marta Rovira y Anna Gabriel.

-Los políticos separatistas catalanes suelen comparar su proceso de independencia con el de Kosovo. ¿Le parece un caso similar?

-Estuve allí en octubre de 2016 y junio de 2017. La situación es muy distinta. En Kosovo la religión tiene un poder muy importante. Y hay una parte de la población, los albaneses, que no reconocen la bandera de Kosovo, dicen que son un mismo pueblo, dividido en dos países. Kosovo tiene además una tasa de paro muy elevada y depende del dinero de la comunidad internacional. Diez años después de la independencia, ninguno de estos problemas ha mejorado. No creo que sea el modelo en el que debe mirarse Cataluña.

Cuando Kosovo aprobó su declaración unilateral de independencia, en 2008, Suiza fue el segundo país en reconocerla después de Estados Unidos. Me preocupa que pueda ocurrir ahora lo mismo con Cataluña, porque su propaganda independentista se ha extendido internacionalmente. Sería un error, como lo fue que Alemania reconociera en 1991 la independencia de Eslovenia [aquel reconocimiento provocó el comienzo de la Guerra de los Balcanes].

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