Exhumación de Franco

Sánchez consuma el gran acto de su campaña electoral exhumando a Franco 44 años después

Los restos de Franco han sido trasladados en el mismo ataúd en el que fue enterrado en 1975

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Casi 44 años después, y en plena campaña electoral, los restos de Francisco Franco han dejado de descansar junto al altar de la Basílica del Valle de los Caídos. Amparado en un decreto de urgencia avalado por el Tribunal Supremo, el Gobierno socialista ha hecho efectiva la exhumación que Pedro Sánchez convirtió en el proyecto estrella de su mandato hace más de un año. En el momento material de la exhumación sólo han estado presentes la ministra de Justicia, Dolores Delgado, en calidad de Notaria Mayor del Reino, y dos nietos del dictador, Cristóbal y Mariola Martínez-Bordiú.

Tras una breve ceremonia religiosa, tal y como había solicitado la familia, los descendientes del que fuera Jefe del Estado de 1939 a 1975 han transportado sus restos a hombros hasta la salida de la basílica. El féretro, el mismo en el que Franco fue enterrado hace 44 años, estaba cubierto por un pendón con el escudo de la familia y sobre él había una corona de laurel adornada con cintas con los colores de la bandera española.

En ningún momento se ha exhibido la bandera de España, pese a que uno de los nietos, Francis Franco, entró a la basílica con una bandera con el escudo anterior al actual. El Gobierno denegó a la familia la petición de colocar sobre el ataúd una bandera nacional, con o sin escudo. Los restos del dictador tampoco han recibido ningún tipo de honor militar. El silencio del momento sólo ha sido roto por el grito de «Viva España, viva Franco!» que han lanzado los nietos con el féretro ya en el coche fúnebre.

Uno de los dos helicópteros de la Fuerza Aérea que habitualmente utiliza Sánchez para sus desplazamientos, modificado para la ocasión, ha trasladado el féretro hasta el cementerio de Mingorrubio, en El Pardo, donde los restos de Franco descansarán a partir de ahora junto a los de su mujer, Carmen Polo, en un panteón familiar. En el camposanto están enterrados también otros jerarcas del franquismo, como Carlos Arias Navarro y Luis Carrero Blanco.

El carácter electoralista de la exhumación ha sido denunciado incluso por aquellos que, como Podemos, la han defendido desde siempre. Consciente de que su determinación para sacar a Franco del Valle de los Caídos ya le ha reservado un lugar en la historia, Sánchez ha liberado hoy su agenda para seguir desde La Moncloa un acontecimiento que dará la vuelta al mundo gracias a las 22 cámaras que TVE colocó para su retransmisión. «Se ha puesto fin a una anomalía», ha proclamado Sánchez en una declaración institucional desde La Moncloa minutos después de concluir la inhumación de Franco en Mingorrubio.

Júbilo socialista

Algunos socialistas, como su portavoz en el Congreso, Adriana Lastra, llevaban días expresando con júbilo partidista con tuits como éste, que ha levantado los reproches de los usuarios de las redes sociales.

José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno que impulsó la ley de Memoria Histórica, también ha celebrado la exhumación: «Hoy, en perspectiva histórica, nuestra democracia va a ser más perfecta».

Ganada la batalla a los huesos del dictador 44 años después de su muerte biológica, el Gobierno socialista deberá hacer frente ahora a adversarios con la vida en todo su esplendor, como el presidente de la Generalitat, Quim Torra, que mantiene abierto su desafío al Estado en Cataluña, y la crisis económica que se avecina. Hoy, coincidiendo con la exhumación, la Encuesta de Población Activa (EPA) ha ofrecido el peor dato desde 2012.

Del franquismo residual que supuestamente intoxica la convivencia en España, ni rastro en un día tan importante. Apenas un puñado de personas a las puertas del Valle de los Caídos y no más de dos centenares en El Pardo para recibir los restos del dictador.

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