Rivera y Montoro evitan saludarse tras la aprobación de los Presupuestos

Albert Rivera y Cristóbal Montoro han evitado saludarse tras aprobar el Congreso los Presupuestos de 2018 y mientras la bancada popular aplaudía al ministro de Hacienda.

El gesto ha sido gélido. Una demostración más de que las relaciones entre el partido del Gobierno y Ciudadanos no atraviesan su mejor momento. Tras la votación que ha dado el visto bueno a las cuentas del Ejecutivo, los diputados del PP han dedicado la correspondiente ovación a Cristóbal Montoro, que se disponía a ocupar su escaño.

Albert Rivera, con gesto serio, bajaba las escaleras desde su puesto en el Hemiciclo cuando se ha cruzado con Montoro. Ni una mirada, ni un saludo. Frío absoluto. La imagen ha sido muy comentada en los pasillos del Congreso, incluso se le ha cuestionado a Rajoy por la misma.

El presidente del Gobierno, exultante tras pasar el trámite parlamentario, ha querido quitar hierro al asunto. “No me puedo creer que este acontecimiento se haya producido y si se ha producido estoy seguro que no tiene nada que ver con la voluntad de unos y otros”, ha asegurado Rajoy.

Pese a que Ciudadanos ha sido clave para la aprobación de las Cuentas Públicas, igual que UPN, Coalición Canaria, Foro Asturias y Nueva Canarias, lo cierto es que el foco ha estado puesto en todo momento en el Partido Nacionalista Vasco (PNV). La formación nacionalista se ha resistido hasta el último momento en dar el visto bueno a los Presupuestos, por lo que el Gobierno ha tenido que realizar un esfuerzo extra –dedicando más dinero público al País Vasco– para conseguir el apoyo del PNV.

Estas cesiones no han sentado nada bien en Ciudadanos, partido que se opone, por ejemplo, a que el País Vasco mantenga el cupo que le permite autofinanciarse de manera diferenciada del resto de comunidades. Tampoco ha sentado bien que el PNV pusiera sobre la mesa como condición para aprobar los Presupuestos el levantamiento del artículo 155 de la Constitución.

Precisamente, el esfuerzo del Gobierno porque hubiera cuanto antes un Govern en Cataluña para levantar la intervención de la Comunidad Autónoma no ha pesado finalmente en la decisión del PNV. El nombramiento del racista y xenófobo Quim Torra como nuevo president de la Generalitat ha permitido al PNV cargarse de razones para no seguir insistiendo en la derogación del 155 que, precisamente por la llegada de Torra y sus primeras decisiones, ha tenido que ser ampliado por el Gobierno sin que los nacionalistas vascos hayan rechistado.

El ascenso de C’s

El ascenso en las encuestas de intención de voto de la formación que preside Albert Rivera ha provocado ha servido para distanciar al partido del Gobierno y a C’s. Los reproches y la política de gestos han marcado la agenda de las relaciones entre los dos partidos, provocando continuas tensiones.  La subida salarial a policías y guardias civiles, la prisión permanente revisable, entre otros asuntos, han provocado importantes fricciones entre PP y C’s.

Basta recordar la negativa de los de Albert Rivera a ceder un escaño al Partido Popular en el Parlament para que llegara al mínimo para formar grupo propio. Precisamente, la cuestión catalana –además de la corrupción– es donde Ciudadanos se ha mostrado especialmente crítico con el Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Primero, por no aplicar un artículo 155 más duro y, segundo, por la polémica con el ministro de Hacienda por la utilización de dinero público en el golpe del 1-O. C’s planteó en el mismo Congreso al Gobierno “quién dimitirá si el juez demuestra que se ha destinado un sólo céntimo del fondo de liquidez autonómico”, en referencia a las palabras de Montoro, en sede parlamentaria, diciendo que no se había destinado dinero al referéndum ilegal, refrendado más tarde en una entrevista en el diario El Mundo en la que aseguró: “Yo no sé cómo se pagó el 1-O. Pero no con dinero público”, aseguró.

 

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