La postración de Sánchez ante Iglesias dispara la tensión con los ministros y sectores clásicos del PSOE

El presidente socialista cede a todo con tal de que Podemos no le deje solo en esta crisis humanitaria y económica

CSIC
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el Congreso.

Nadia Calviño se pelea en solitario contra un Pablo Iglesias en auge para intentar evitar un desastre aún mayor en los planes económicos. Carmen Calvo, antes de enfermar del coronavirus, se peleaba en solitario con Irene Montero por evitar que el liderazgo en las normas feministas sea de Podemos. Y José Luis Escribá se derrite ante el empuje comunista de las exigencias de la formación morada.

Es la radiografía de un Gobierno en el que ninguno de los citados miembros del Ejecutivo por parte del PSOE, ni otros ministros como José Luis Ábalos o Margarita Robles, observan con tranquilidad el auge de los comunistas. Todo, porque Pedro Sánchez intenta evitar una ruptura de las alianzas con sus socios estrella: socios, y rivales por el voto.

Las tensiones no dejan de reproducirse. Cuando no lo son por el feminismo y el 8-M, lo son por motivos económicos. Y cuando no, por planteamientos de defensa de los planteamientos más radicales del separatismo.
Pero esa situación ya se la esperaba el sector menos podemita del Gobierno. Lo que no se esperaba el citado sector, más ligado a un PSOE clásico, es el grado de postración de Pedro Sánchez ante las embestidas de Pablo Iglesias.

Iglesias ha exigido el blindaje de su silla en la Comisión Delegada del CNI en plena crisis del coronavirus: y la ha logrado; ha exigido el fichaje de uno de sus alfiles –Juan Antonio Delgado– como asesor estrella del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, dos días después de declarar el estado de alarma: y lo ha logrado; ha exigido dejar sin ayuda ni respaldo real a ninguna empresa -incluidos los autónomos-. Y lo ha logrado, porque lo cierto es que quiere que las reservas presupuestarias estén a disposición de sus dádivas asistenciales y sociales, y no de la subsistencia del tejido empresarial; además, ha exigido -personalmente- aparecer físicamente en los consejos y ruedas de prensa oficiales rompiendo su periodo de cuarentena al convivir con una persona contagiada de coronavirus. Una vez más, lo ha conseguido.

Porque a todo cede Sánchez con tal de que Podemos no le deje solo en esta crisis humanitaria y económica.

A todo ha cedido, menos a avances descaradamente interventores en las empresas privadas al más puro estilo venezolano, y sólo por el momento y gracias a la amenaza de dimisión de la vicepresidenta Nadia Calviño. Esta última pelea entre Calviño e Iglesias, de hecho, quedó clara tras publicar el vicepresidente social en redes su famoso tuit reclamando un supuesto poder expropiador en base a la Constitución Española.
Y lo que no entienden los sectores clásicos del PSOE es que Sánchez se esté quedando atrapado en Iglesias. Que busque las tablas de un partido -Podemos- que, evidentemente, busca la muerte del PSOE.

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