Los estudiantes le ponen nota a Castells tras su dimisión: «Su trabajo ha sido desastroso»

Castells
Imagen de las movilizaciones de estudiantes contra la ‘Ley Castells' y la Ley de Convivencia Universitaria.

La dimisión del ministro de Universidades, Manuel Castells, ha sido para muchas de las asociaciones de representantes del colectivo estudiantil un alivio. «Su trabajo ha sido desastroso» se han apresurado a calificar su papel al frente de este importante ministerio. Y es que, Castells, que fue nombrado en enero de 2020 dentro del que fuera primer Gobierno de coalición en España, no ha dado ninguno de los resultados que Pablo Iglesias pronosticó al imponerlo a Pedro Sánchez.

Manuel Castells no sólo no ha destacado, sino que ha sido un lastre más para el Gobierno socialcomunista de Sánchez. Además, se le ha criticado por haber desaparecido del Ejecutivo durante los pasados meses de pandemia.

Asociaciones representantes del colectivo estudiantil han pedido al nuevo ministro de Universidades, Joan Subirats, que escuche sus reivindicaciones a la hora de redactar la nueva Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU), tras criticar la gestión de Manuel Castells al frente del Ministerio.

El Sindicato de Estudiantes ha calificado de «desastroso» el trabajo de Castells durante sus dos años en Universidades y espera que este departamento y el Gobierno «den un giro de 180 grados» a las políticas educativas y universitarias del país con la llegada de Joan Subirats.

La portavoz del sindicato, Coral Latorre, ha criticado que el ya ex ministro se «lavase las manos de absolutamente todo» durante la pandemia y las consecuencias de esta en la educación universitaria.

También ha criticado su Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU), también apodada ‘Ley Castells’, que, a juicio de Latorre, «abre más la puerta a la privatización» de la Universidad pública española; así como el hecho de que haya dejado su cargo sin haberse reunido con los representantes de los estudiantes, a pesar de que el sindicato lo ha solicitado «una y otra vez» en estos años.

«Veremos qué trabajo va a impulsar Joan Subirats, pero lo que está claro que el Ministerio de Universidades y el propio Gobierno en el terreno educativo tienen que dar un giro de 180 grados en las políticas educativas y políticas universitarias que están impulsado», ha indicado.

Ante la noticia de la dimisión de Castells, el Consejo de Estudiantes Universitarios del Estado (CEUNE) se ha mostrado sorprendido. «No lo esperamos», ha asegurado en declaraciones a este periódico su vicepresidente segundo, Marc Artigas.

En su opinión, la gestión de Castells empezó «sin marcar mucho posicionamiento», y ha sido en su etapa final cuando «ha empezado a legislar», tal y como prueban, según Artigas, la Ley de Convivencia Universitaria recientemente aprobada en el Congreso y la LOSU, de camino a su trámite parlamentario.

Sobre esta última reforma, Artigas recuerda que Castells buscaba el máximo consenso. «Esperamos que esta sea la postura que mantenga el nuevo ministro», confía el vicepresidente segundo del CEUNE, que también espera que Subirats «escuche» la posición de los estudiantes porque piden una reforma que «no suponga una pérdida de derechos y de poder» del colectivo estudiantil.

Diferencias de opiniones 

No obstante, desde la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (CREUP), han agradecido que Castells haya actuado «valientemente» al realizar unas reformas que «eran necesarias», a pesar de «los desacuerdos» que haya podido haber.

El presidente de la CREUP, Nicolás Hernández, ha explicado que el ya ex ministro ha actuado siempre «con espíritu de escucha y de trabajo» y, de hecho, ha destacado que es «el primer ministro que ha convocado regularmente» al Consejo de Estudiantes Universitarios del Estado.

Es precisamente esta «buena comunicación» con Castells una de las cosas que CREUP espera de Subirats, así como que su llegada al Ministerio suponga «un cambio» en la LOSU. Una ley que, por otro lado, a juicio de Hernández, «no puede continuar adelante» por «menospreciar los derechos» de los universitarios.

«Tiene mucho trabajo por delante, empezando por respetar los cosensos a los que llega con la comunidad universitaria y, en especial, el respeto a la representación estudiantil, que ahora más que nunca merece ser escuchada tras el desprecio producido por la aprobación de la Ley de Convivencia Universitaria», ha apuntado.

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