Junts pel Sí y CUP pactaron la respuesta: Gabriel se queda la calle y se dificulta la reacción de Rajoy

Anna Gabriel
Anna Gabriel, portavoz de las CUP (EFE)

Todo dentro de un plan: romper con España y conseguir que la respuesta del Gobierno sea lo más complicada posible. Por eso se retraso el Pleno del Parlamento catalán del que salió la declaración de independencia de Cataluña y su posterior suspensión para abrir “semanas de diálogo”. Porque había que pactar una escenografía que dejase vivo el golpe en la calle, regalando ese protagonismo a las CUP. Y porque había que buscar una treta para intentar escapar legalmente a los tribunales por parte de los miembros del gobierno regional. Y, todo ello, por supuesto, tenía que ser pactado con el resto de miembros de Junts pel Sí. Y con las CUP de la misma Anna Gabriel que ayer llamaba traidor unas horas más tarde a Puigdemont.

El retraso estaba justificado porque se tenía que terminar de definir y, sobre todo, explicar esa estrategia, la de puesta en escena de la ruptura con España pero con un condicionante: eludir o, al menos dificultar, la amenaza judicial que pesa sobre las cabezas de los máximos responsables de la Generalitat, empezando por el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, llegó al Parlamento catalán una hora antes del comienzo del pleno. La explicación: iniciar una reunión de urgencia de su propio grupo, JxSí, previa al inicio de su comparecencia. Puigdemont llegaba, así, aproximadamente a las 17 horas y se encaminaba directamente a los despachos del grupo de Junts pel Sí (PDeCAT y ERC).

Reparto de papeles

Pero justo después de ese encuentro, se ha producido una segunda conversación. En esta ocasión con las CUP. Fuentes conocedoras de los planes previos de Junts Pel Sí han explicado a OKDIARIO que la oferta trasladada a la CUP encaja directamente con un puro reparto de papeles. Puigdemont queda de este modo como el factor dialogante, como la parte que presiona al Gobierno de Mariano Rajoy a hablar, la que llama a que no haya violencia ni tensión en la calle. Además, la decisión de declarar la independencia y acto seguido suspender sus efectos dificulta la reacción y respuesta del Gobierno al no ser un corte menos visible.

Por su parte, las CUP quedan con el factor puro, los que mantendrán la presión en la calle, los que tensarán la cuerda generando tensión y haciendo difícil que el proceso de ruptura se frene.

De este modo, los dos salen ganando: Puigdemont porque ha declarado la independencia de facto dificultando la respuesta judicial del Gobierno. Las CUP, porque cobran protagonismo como factor revolucionario del proceso de ruptura.

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