4M/Las elecciones generales en Madrid

Ayuso gana el debate y tumba a los socialcomunistas prometiendo más libertad y menos impuestos

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Era previsible que el momento más tenso del debate entre los candidatos a presidir la Comunidad de Madrid estuviese protagonizado por Isabel Díaz Ayuso y Pablo Iglesias. Así ha sido. El motivo, los muertos de la pandemia. El líder de Podemos ha lanzado contra Ayuso cifras tergiversadas para criticar su gestión, mientras ésta le recordaba su inacción siendo vicepresidente en el Gobierno socialcomunista. Iglesias pretendía acorralar a Ayuso y se ha visto acorralado.

El candidato de Podemos se ha llevado el primer y gran zasca del debate -emitido este miércoles en Telemadrid- tras dirigirse directamente a la dirigente madrileña para preguntarle cuántos fallecidos se han registrado en la Comunidad. Rápidamente, Díaz Ayuso le ha replicado que dijese él  cuántos ha habido en España. No ha obtenido respuesta. En su lugar, Iglesias le ha espetado que no ha habido comunidad autónoma con más fallecidos, obviando deliberadamente la mayor densidad poblacional de la región.

Un intento a la desesperada del candidato de Podemos para desbaratar la gestión de la presidenta regional. El retrato de Ayuso: «El señor Iglesias ni se paso por una residencia, ni se pasó por un hospital, ni tiene empatía, ni es creíble. Es usted una pantomima que ha venido a rescatar un proyecto para ni siquiera recoger el escaño. Es lo más mezquino que hay en la política española».

Plan PSOE-Podemos

La pandemia ha centrado los momentos más calientes de un debate claramente polarizado y que ha confirmado el plan de la izquierda para reeditar el Gobierno socialcomunista en la Comunidad de Madrid. El propio Gabilondo, que en campaña niega a Iglesias, ha dado un giro de 180 grados a su estrategia y se ha quitado al fin la careta: «Pablo, tenemos 12 días para ganar las elecciones».

La complicidad ha sido evidente. Ambos, que se presentan a los comicios con un aval demoledor -más de 100.000 muertos, la ruina de hosteleros y comercios y 6 millones de parados-han tratado de derribar sin éxito a la presidenta madrileña, cuya gestión ha permitido sortear la asfixia económica y la sangría sanitaria del Gobierno central.

Ayuso ha tirado de solvencia y ha salido indemne del fuego cruzado, del todos contra ella. El papel en el que ha demostrado sentirse más cómoda. La ‘popular’ ha apelado a los votantes a luchar por «la libertad que quieren quitarnos», ha advertido de «la amenaza del comunismo» y ha reiterado su voluntad de gobernar en solitario. Ha destacado que cuenta con «las recetas para la recuperación económica» -como una «bajada histórica del IRPF»- y ha prometido que seguirá luchando contra aquellos que quieren «romper España».

«El virus no lo inventé yo», ha ironizado ante las críticas de la oposición. Ha recordado que Madrid no ha registrado la mayor mortalidad «ni siquiera en la primera ola» y que «la economía ha resistido mejor que en el conjunto de España gracias a las políticas liberales que se llevan aplicando más de 16 años».

El debate ha servido a la presidenta madrileña para reafirmar su modelo de libertad frente al ahogo socialcomunista. «Que sean los ciudadanos los que elijan en las urnas», ha resuelto. Las encuestas dicen que doblará su representación. De 30 a unos apabullantes 60 escaños.

Las elecciones del 4M son unas generales, y el cuerpo a cuerpo se libra entre Ayuso y Pedro Sánchez. Tanto, que hasta el propio Gabilondo se ha sentido ninguneado. «Yo no soy Sánchez, yo soy Ángel Gabilondo. Me presento yo», ha llegado a reclamar en un momento del debate. El socialista afronta una campaña compleja, lastrada por la nefasta gestión sanchista y por los envites de su único socio posible, Iglesias, que incluso le ha corregido sobre política fiscal. «Desde el compañerismo, ya que vamos a gobernar juntos, nos tenemos que llevar bien», le ha advertido el podemita, avisándole de que el ‘hachazo fiscal» será un hecho si gobiernan.

Iglesias no ha ocultado su gran temor a un descalabro electoral y ha insistido en la movilización, consciente de que los sondeos le son desfavorables y de que su aterrizaje en la política madrileña no entusiasma ni a los suyos. Podemos, según los sondeos, no logra remontar un tercer puesto de la izquierda que confirma los malos pronósticos electorales. A Iglesias se le ha visto apabullado a veces y sin lograr remontar en el combate dialéctico. Ha confrontado con Ayuso y también con Monasterio, a la que no se ha dirigido por su nombre, sino con el término «señora».

Vox, por su parte, ha reivindicado sin ambages su perfil ideológico. Rocío Monasterio ha insistido en sus ejes de campaña para atar a su electorado, que sabe tentado esta vez por el PP. Seguridad, rechazo a la inmigración ilegal, amenaza de los ‘menas’ y menos gasto público. La candidata ha marcado distancias con Ayuso, aunque ha preferido centrarse en atacar «la desfachatez del Gobierno de la nación» y especialmente de Iglesias, quien «veía series de Netflix» mientras los ancianos morían en residencias.

Edmundo Bal, que lucha por la supervivencia de Ciudadanos, se ha mantenido en un puesto gris, un centro hoy prácticamente inexistente. Ha echado mano de las encuestas que «dicen que Gabilondo e Iglesias no van a sumar» y que por tanto «no se va a reeditar en Madrid la fotocopia del Gobierno de España, que es un desastre». El candidato ha planteado una dicotomía entre su partido y Vox para formar gobierno con el PP.

Para Mónica García, de Más Madrid, el debate era la oportunidad de darse a conocer. La candidata de Errejón ha confrontado con el centro-derecha, pero también ha intentado reafirmar su espacio ideológico en la izquierda. No en vano, la llegada de Iglesias a la política madrileña, que lanzó una OPA frustrada a Mas Madrid para ir juntos a las elecciones proponiéndose él incluso como candidato, medirá también la rivalidad entre ambas formaciones.

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