El mercado espera ajustes masivos en Mitsubishi: el nuevo presidente es un “asesino de costes”

El mercado espera ajustes masivos en Mitsubishi: el nuevo presidente es un “asesino de costes”
Carlos Ghosn, nuevo presidente de Mitsubishi (Foto: Getty)

Mitsubishi Motors será presidida por Carlos Ghosn, el actual presidente de Nissan y de Renault conocido entre los mentideros como “Killer Le Cost”, es decir, “Asesino de Costes”. El directivo tiene fama de mano dura, los analistas consultados por OKDIARIO apuntan que no le va a temblar la mano a la hora de tomar decisiones complicadas. Con la reestructuración de Renault-Nissan en 1999 se llevó por delante 21.000 puestos de trabajo, hizo desaparecer la deuda contraída y volvió a beneficios en dos años. Primero fue Nissan, ahora es el turno de Mitsubishi.  

Carlos Ghosn es un profesional de la reducción de costes y no tiene ninguna conexión emocional con Mitsubishi, no le costará afilar la espada para optimizar la automovilística. El brasileño ya reflotó Renault-Nissan a finales de los 90, los accionistas confían en que lo vuelva a hacer y las acciones en el Nikkei recuperen valor.

Cuando Ghosn llegó al sillón de mando de Nissan tenía una deuda de 20.000 millones de dólares y solo 3 de los 46 modelos de coche vendidos en Japón generaban beneficios. En 3 años Nissan-Renault se posicionaba como una de las empresas fabricantes más rentables y el beneficio neto ascendió hasta los 2.300 millones de dólares viniendo de unas pérdidas de más de 6.400 millones.

En 1999 se comprometió a volver a la rentabilidad con un beneficio del 4% sobre las ventas y a una reducción del 50% de su deuda. Estas promesas llevaban consigo supresión de empleos, cierre de plantas, reducción del número de suministradores y venta de activos innecesarios. Y no solo eso, llegó a la compañía japonesa con medidas de gran impacto para la cultura nipona. Implantó el inglés como idioma oficial, puso a varios directivos europeos en puestos clave de la compañía y tiró a la basura el método de promoción nipón. En otras palabras, instauró la meritocracia, no se promocionaba en la empresa por edad o antigüedad, sino por valía. Y no solo eso, todas las empresas afiliadas de suministro, que no eran de Nissan, fueron asfixiadas o simplemente apartadas del peculiar sistema de holding nipón. Esta hoja de ruta se conoció como “Nissan Revival Plan” y levantó odios desmedidos en todo Japón.

La filosofía de “Superlópez”

Pero el ser un “Cost Killer” no es cosa del directivo de origen libanés, quien de verdad revolucionó el sector del automóvil en este método de recortes sin piedad fue un ingeniero español, vasco para más señas: José Ignacio López de Arriortúa, número dos a nivel mundial de General Motors hasta 1993 y conocido en el sector como “Superlópez”. En solo ocho meses GM tuvo ahorros millonarios poniendo el agua al cuello a los proveedores y sacó a la de Detroit de una de las mayores crisis financieras de su historia.

Una hazaña, una metodología con la que se fue bajo el brazo a Volkswagen donde ocupó la vicepresidencia. Un cambio de compañía que le valió una demanda monumental por parte de General Motors que le acusaba de espionaje industrial. Al final ambos gigantes del automóvil llegaron a un acuerdo monetario, la alemana pagó a la americana 100 millones de dólares.

La filosofía “Superlópez” revolucionó el sector y sentó las bases para una filosofía de recortes sin clemencia. El sector del motor le dio todo López y también le jugó una mala pasada, tuvo un accidente de coche en 1998 que casi le cuesta la vida.

La llegada de “Killer Le Cost” es un guiño a inversores

La relegación del presidente Osamu Masuko, líder de Mitsubishi, ha sido “un guiño a sus accionistas porque llevaban tiempo exigiendo una reestructuración con la que retomar los beneficios. Dada la fama de pragmático de Ghosn, parece la persona apropiada para implementar la reorganización”, señala Felipe López-Gálvez. “La única duda”, apunta, “es si será capaz de compaginar esta labor con la presidencia actual de Renault-Nissan”.

El escándalo de las engañosas cifras en los test de medición y las emisiones de sus coches desde 1991 han dejado a Mitsubishi en una situación verdaderamente delicada. Ya ha anunciado que este año fiscal, que termina en marzo de 2017, va a tener unas pérdidas de más de 2.300 millones de dólares. Seguramente “esté provisionando las arcas para poder hacer frente a las sanciones en EEUU, Europa y Japón”, comenta a OKDIARIO Felipe López-Gálvez, analista de Self Bank.

En el mes de mayo Renault-Nissan compraba el 34% de las acciones de Mitsubishi por 2.200 millones de dólares. Era solo el primer paso en el camino del “Asesino de Costes”, el resto está por llegar en próximas entregas.

Lo último en Economía