Inversión

Baker McKenzie: La guerra de Ucrania y la inflación ralentizan las fusiones y adquisiciones en España

Baker McKenzie
Juanjo Corral, socio del departamento de M&A y Private Equity de Baker McKenzie.

El año comenzó con grandes perspectivas para el mercado de fusiones y adquisiciones español, tras un 2021 en el que se registraron volúmenes récord de operaciones de banca de inversión y corporativa, y se esperaba que ese impulso continuara, pero el 24 de febrero, con la invasión de Ucrania, el escenario cambió. No es que estas operaciones se hayan parado en seco, pero sí se puede decir que casi en el ecuador del ejercicio se está apreciando una ralentización por la incertidumbre relacionada con el conflicto, la inflación, que ya venía acelerándose y ahora se ha desbocado, y las subidas de tipos que se vislumbran en el horizonte para atajarla.

Así opina Juanjo Corral, socio del departamento de M&A y Private Equity del despacho de abogados Baker McKenzie, en una entrevista con OKDIARIO, en la que subraya que la guerra iniciada por el presidente ruso, Vladimir Putin, «mantiene en shock» a los inversores, que aún no saben a ciencia cierta a qué se enfrentan.

«No tenemos claro dónde van a acabar las subidas de tipos, ni cuál será su impacto económico. Esto le retiene el análisis al fondo de inversión que mira compañías», asegura Corral, que también tiene dudas sobre la evolución futura de la inflación y, sobre todo, de los precios de la energía, variables todas ellas que nublan la visión de los inversores en su toma de decisiones.

«Cuando el fondo prepara su modelo, su inversión a cuatro años, su posible rentabilidad en su salida posterior, dice: ‘espera, aquí hay demasiada incertidumbre, esto no me da’», explica este experto. En consecuencia, no para la operación, porque en realidad quiere hacerla, pero la ralentiza, consciente de que no quiere malgastar su dinero.

Además, ahora se tarda más en acordar el precio de las transacciones porque «hay un diferencial muy grande entre las expectativa del vendedor y el precio que está dispuesto a pagar el comprador», agrega. «Eso produce mucha negociación dilatada en el tiempo, nuevas ofertas que el vendedor tiene que volver a analizar para que le encaje el precio y la estructura que le está proponiendo el comprador», describe Corral, que destaca que en muchas operaciones se incluye cada vez con más frecuencia un pago posterior variable, sobre todo en los sectores de tecnología, cuidado de la salud, energía y educación online, los mercados con más agitación, con lo que el plazo de las adquisiciones se prolonga.

«Estábamos acostumbrados a cerrar una operación en mes o mes y medio y ahora estamos tardando tres o cuatro meses en tener una operación bien perfilada, acordada y preparada para la firma», indica.

Algunos proyectos que estaban concebidos incluso antes de la pandemia siguen en el cajón, y otras operaciones llamadas a ser relevantes se han caído, como la de la división química de Cepsa o el negocio de fibra hasta el hogar de la teleco Lyntia.

Más cautela en el crédito bancario

Por otra parte, parece que los bancos son más prudentes a la hora de financiar estas compras, que el comité de riesgos estudia con más exhaustividad, con lo que es más compleja su aprobación ante la incertidumbre en torno a los tipos de interés.»Nadie te da la bola de cristal para saber dónde va a estar el tipo de interés y si lo que está financiando es barato o caro», señala Corral, que, no obstante, espera que una vez se despejen los nubarrones las entidades financieras volverán a conceder liquidez.

De hecho, prevé que si la guerra de Ucrania termina y se estabiliza la situación, 2022 será un año en el que se verá mucha transacción -hasta el momento se han producido 15 operaciones con un tamaño superior a los 500 millones de euros-, al igual que 2023 porque toda esa financiación embolsada en algún momento tendrá que repercutir en más operaciones.

Al fin y al cabo, los fondos de capital riesgo, de infraestructuras y de pensiones ven en las grandes empresas españolas una oportunidad única de crecimiento orgánico, al estar ya muy consolidadas, argumenta, lo que les puede proporcionar una presencia mucho mayor en una economía madura e internacionalizada: el 70% de los beneficios de las empresas del Ibex 35 procede del exterior.

En este sentido, el sector de las telecomunicaciones necesita concentración, al estar inmerso en una agresiva batalla comercial que está menoscabando sus márgenes continuamente, y esta «se va a producir seguro», pronostica Corral, y también en el segmento de la fibra, ya sea rural -Telefónica actualmente busca un socio financiero para su sociedad de fibra en la España vaciada- o urbana. Y también  en el de las antenas, añade, ya que con la fusión de Orange y MásMóvil en el mercado de telecos español quedarán tres grandes operadoras -la compañía resultante de esta integración, Telefónica y Vodafone- y cuatro torreras -Cellnex, American Tower, Vantage y Totem-, con lo que a alguna firma de este cuarteto no le saldrán las cuentas. Recientemente, se ha empezado especular con una posible fusión entre Vantage y Totem, las divisiones de infraestructuras de telecomunicaciones de Vodafone y Orange, respectivamente.

En cualquier caso, junio es un momento del año en el que es poco habitual que se lancen procesos de adquisiciones porque ya se trabaja a toda máquina para tener la cuenta de resultados para el 31 de julio e irse de vacaciones todo agosto con los deberes hechos, comentan fuentes del sector. Los inversores prefieren esperar a septiembre para acometer nuevos proyectos.

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