FÓRMULA 1

Sergey Sirotkin protagoniza uno de los abandonos más curiosos de la historia

Sirotkin
Sergey Sirotkin ha protagonizado en su carrera de debut uno de los abandonos más extraños y curiosos de toda la historia de la Fórmula 1. (Getty)

El día del debut en Fórmula 1 es uno de los más esperados por todo piloto profesional. Sin embargo, éste se puede torcer por cualquier detalle, por inverosímil que éste parezca. Es precisamente lo que le sucedió a Sergey Sirotkin. El piloto ruso fue víctima de uno de los fallos más rocambolescos que se recuerdan, tal y como confirmó después de la carrera el equipo Williams. “Nuestro análisis provisional es que Sergey Sirotkin ha recogido una bolsa de plástico en el circuito, bloqueando por completo el enfriamiento de los frenos, de modo que la rueda trasera derecha se incendió y finalmente falló el circuito hidráulico”, declaraba Paddy Lowe, director técnico de los británicos.

Esta resolución del Gran Premio de Australia para Sirotkin no fue más que el colofón a un fin de semana para olvidar. Tan solo el convertirse de forma oficial en piloto de la máxima categoría debe ser recordado por el ruso, que no pudo pasar de una discretísima decimonovena posición en la sesión clasificatoria, donde además estuvo a remolque de Lance Stroll, que inicia su segundo año en la F1.

La bolsa pudo causar un accidente de los grandes

El problema que causó el abandono de Sirotkin pudo haber acabado mucho peor, y es que la avería del freno hizo que el piloto perdiese la capacidad de detener el monoplaza a una velocidad superior a los 200 km/h. “No creeríais lo que pasó. Fue una bolsa de sándwich de plástico, que se metió en el conducto de freno trasero derecho. Era la vuelta 3 o 4 y eso hizo que los frenos se sobrecalentaran demasiado. Causó picos de temperatura muy altos y destruyó los frenos. Obviamente, llegó el momento en el que perdí completamente el pedal. No había ningún muro ni nada ahí, así que afortunadamente el coche sigue de una pieza. Pero perdí el pedal y me fui completamente recto. El día se había acabado”. Suerte tuvo el bueno de Sergey de que todo esto no pasase de la anécdota.

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