Los psicólogos sugieren que las personas que duermen con sus mascotas no lo hacen sólo por empatía, en realidad muestran una gran capacidad de adaptación y generosidad
Éstas son las 3 frases que utilizan todos los días las personas con mayor inteligencia emocional
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Para muchas personas, las mascotas no son simples animales de compañía, sino un miembro más de la familia. Comparten los momentos más cotidianos y, en algunos hogares, incluso tienen su propio espacio en la cama. Dormir junto a un perro o un gato puede se ha convertido en una costumbre tan habitual que apenas se presta atención a lo que hay detrás de ella. Sin embargo, desde la perspectiva psicológica, puede estar relacionada con determinados rasgos de personalidad, como la empatía, y con la forma en la que cada persona establece vínculos afectivos.
En los últimos años, ha crecido el interés en el estudio de la relación entre las personas y sus mascotas, especialmente en lo que se refiere al vínculo emocional. Aunque todas las personas que duermen con sus mascotas no tienen la misma personalidad, sí hay ciertos patrones que se repiten, como la sensibilidad a las necesidades y emociones de los demás.
¿Por qué hay personas que duermen con sus mascotas?
Quienes comparten la cama con su perro o gato tienen una gran capacidad de adaptación. Dormir junto a una mascota implica reservarle un espacio, convivir con sus movimientos durante la noche y acostumbrarse a los sonidos que hace mientras duerme. Por este motivo, las personas que tienen esta costumbre pueden mostrar mayor facilidad para adaptarse a los cambios y capacidad para afrontar situaciones inesperadas.
Desde la psicología también se relaciona este hábito con la generosidad. La cama representa uno de los espacios más personales e íntimos de una persona, por lo que permitir que una mascota duerma en ella implica hacerle un hueco dentro de la vida cotidiana. Este gesto refleja atención hacia sus necesidades y suele asociarse con personas bondadosas, dispuestas a escuchar, ayudar y ofrecer apoyo a sus seres queridos.
Por otro lado, un estudio realizado por la Clínica Mayo señaló que el 41% de los dueños de mascotas afirmaba descansar mejor cuando dormía junto a sus animales. La sensación de calor y la respiración de perros y gatos pueden generar una sensación de calma durante el descanso. Por ello, entre las personas que mantienen esta costumbre también puede encontrarse un carácter más tranquilo y relajado.
Modena Volta Pagina, asegura que «las personas que duermen con sus mascotas suelen tener una fuerte sensibilidad a los vínculos emocionales. Entienden la riqueza emocional que representa esta convivencia nocturna. Compartir la cama con tu mascota también significa reconocer el amor incondicional que te ofrece y corresponder a ese amor. Es signo de un temperamento cálido, atento y profundamente orientado».
Fuente de regulación emocional
Uno de los estudios más conocidos sobre el vínculo entre perros y humanos se publicó en la revista científica Science y analizó la manera en la que ambos se relacionan en su día a día.
Los investigadores observaron que acciones como mantener la mirada, buscar el contacto físico o compartir determinadas rutinas podían elevar los niveles de oxitocina tanto en las personas como en los perros. Esta hormona desempeña un papel importante en los procesos relacionados con el apego, la tranquilidad y la seguridad emocional.
El trabajo identificó una especie de «círculo afectivo» en el que el perro busca la atención de su cuidador, provoca una respuesta emocional positiva y, como consecuencia, refuerza la relación entre ambos. Los autores señalaron que este proceso presenta algunas similitudes con determinados mecanismos de apego que aparecen en las relaciones humanas más estrechas.
Otro de los elementos que ha despertado el interés de los investigadores es la sensación de aceptación que muchas personas experimentan al convivir con un animal. Mientras que las relaciones entre adultos pueden estar condicionadas por expectativas, exigencias sociales o la necesidad de adaptarse a determinadas circunstancias, el vínculo con una mascota suele desarrollarse de una manera más sencilla y constante.
El animal no valora aspectos como los logros profesionales, la apariencia física o el estado de ánimo que se considera «adecuado», sino que su respuesta se basa principalmente en la presencia, la convivencia diaria y el contacto habitual. Para muchas personas, especialmente durante etapas de cansancio o estrés, esa estabilidad puede convertirse en una experiencia reconfortante.
Los expertos también señalan que las mascotas pueden actuar como una forma de regulación emocional. La cercanía, el contacto físico y unas rutinas previsibles ayudan a reducir la sensación de tensión acumulada al terminar el día. Incluso acciones tan sencillas como escuchar la respiración del animal o notar que está cerca pueden transmitir una sensación de seguridad, compañía y calma.
En una sociedad marcada por el estrés, el cansancio mental y la hiperconectividad, las mascotas pueden convertirse en un refugio emocional. Por eso, dormir junto a un perro o un gato representa mucho más que una muestra de cariño: refleja la necesidad de sentirse acompañado y aceptado sin tener que explicar, demostrar ni ocultar las emociones y los sentimientos.