La NASA cultivó pimientos picantes en el espacio durante 137 días: 26 frutos y unos tallos que crecieron rectos
Un estudio publicado en enero de 2026 confirma que los pimientos cultivados en 2021 en órbita no tenían patógenos y eran seguros para comer.
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¿Puede crecer un pimiento picante donde no existe ni arriba ni abajo? En 2021, la NASA demostró que sí. Cuatro plantas de chile Hatch, una variedad típica de Nuevo México, pasaron 137 días en la Estación Espacial Internacional y dieron 26 pimientos, que acabaron en parte dentro de unos tacos.
Lo curioso llegó al mirarlas de cerca. Los pedicelos, esos rabillos cortos que unen la flor y luego el fruto a la rama, no se curvaban como en cualquier huerto. Crecieron rectos. Y en enero de 2026, un análisis científico de aquellos pimientos confirmó que eran seguros para comer.
Un huerto del tamaño de un microondas
El experimento, llamado Plant Habitat-04, despegó el 3 de junio de 2021 en una nave de carga Dragon de SpaceX. Llevaba 48 semillas desinfectadas, plantadas en arcilla cocida (un sustrato poroso que hace de tierra) con un abono de liberación lenta pensado para pimientos.
Ese contenedor se encajó en el Advanced Plant Habitat, la mayor cámara de cultivo de la estación. Es más o menos del tamaño de un microondas, pero lleva más de 180 sensores y controles, luces LED y riego automático. La tripulación apenas tiene que tocarla.
El astronauta Shane Kimbrough puso en marcha el cultivo el 12 de julio de 2021. Desde ahí, los técnicos del Centro Espacial Kennedy, en Florida, siguieron las plantas en remoto, como quien vigila su casa con una cámara desde el móvil.
Por qué un chile de Nuevo México
La variedad elegida fue la NuMex Española Improved, un híbrido creado en 1984 por Roy Nakayama y Frank Matta en la Universidad Estatal de Nuevo México. Se pensó para zonas con veranos cortos y pica poco. Antes de decidirse, la NASA probó durante dos años más de dos docenas de variedades.
¿Y por qué pimientos? Por la vitamina C, ya que algunos tienen más que ciertos cítricos. También cuenta el sabor, porque en órbita el gusto y el olfato cambian y la tripulación suele preferir comidas especiadas.
Había un reto extra. Hasta entonces, en la estación se habían cultivado sobre todo lechugas y otras hojas verdes en la cámara Veggie. Un pimiento tarda mucho más, necesita flores y exige polinización.
Ventiladores en lugar de abejas
Sin insectos a bordo, ¿quién poliniza? La planta se poliniza sola, pero necesita que el polen se mueva un poco. Por eso el equipo de tierra encendía los ventiladores de la cámara a distintas velocidades para crear una brisa suave. Los astronautas también polinizaron a mano algunas flores.
Los frutos empezaron a formarse entre 24 y 48 horas después. En la Tierra, esta variedad mide de media algo más de tres pulgadas (unos ocho centímetros). Eso sí, en órbita todo fue más lento, con unas dos semanas de retraso frente a las plantas de control cultivadas en el suelo.
Y luego llegó la sorpresa. En un invernadero esos rabillos se curvan, pero en la estación salieron completamente rectos, un efecto de la microgravedad (la casi ausencia de peso que se vive en órbita) según la NASA. Sin gravedad tirando del fruto, el tallo no tiene por qué doblarse.
Tacos espaciales y un récord
La primera cosecha llegó el 29 de octubre de 2021. Cinco astronautas probaron los pimientos, los estadounidenses Mark Vande Hei, Shane Kimbrough y Megan McArthur, el japonés Aki Hoshide y el francés Thomas Pesquet, de la Agencia Espacial Europea. McArthur se preparó unos tacos con ellos.
La segunda recogida fue el 26 de noviembre, 137 días después de plantar. En total salieron 26 pimientos, entre verdes y rojos. Vande Hei guardó 12 para enviarlos a la Tierra y el resto se lo comió la tripulación, un récord de astronautas alimentados con un mismo cultivo espacial.
Qué ha revelado el análisis
Los pimientos viajaron a la Tierra congelados a 80 grados bajo cero. El estudio lo firman quince investigadores, entre ellos Matt Romeyn, responsable científico del experimento. ¿La conclusión? Se podían comer sin problema.
Las bacterias y los hongos iban desde niveles tan bajos que no se podían medir hasta un máximo de 111 unidades formadoras de colonias por gramo (una forma de contar microbios vivos), y solo en un pimiento. No apareció ningún patógeno de los que causan intoxicaciones alimentarias.
De momento, el trabajo sirve como punto de partida para futuros huertos en misiones largas, como las que la NASA prepara rumbo a la Luna y Marte. Los datos del experimento están abiertos en un repositorio público de la agencia.
El estudio se ha publicado en la revista Scientific Reports.
Crédito de la imagen: NASA/Megan McArthur.