Ni se te ocurra llevar una botella de vino si te invitan a comer: lo confirman todos los expertos en protocolo
Cuando te invitan a comer y decides aparecer con una botella de vino bajo el brazo, es probable que creas que estás acertando. Sin embargo, en una cena formal, este gesto tan extendido puede convertirse en un fallo de protocolo. Aunque parezca el detalle perfecto, los expertos advierten que no siempre es apropiado.
La experta en protocolo María José Gómez lo explicó y detalló qué obsequios son adecuados y cuáles conviene evitar cuando acudimos como invitados a casa de alguien. Sus recomendaciones desmontan una de las costumbres más habituales en este tipo de encuentros sociales.
Por qué no deberías llevar vino a una cena formal en casa
Cuando una persona organiza una comida en su hogar, está ofreciendo mucho más que un plato sobre la mesa. Dedica tiempo a planificar el menú, invierte esfuerzo en la preparación y cuida cada detalle para que la velada salga como ha previsto. Por eso, el protocolo aconseja acudir con un pequeño obsequio como muestra de agradecimiento.
Las opciones correctas son variadas. Según explicó la especialista, se puede llevar una caja de bombones, unas pastas caseras, mermeladas especiales, una botella de aceite de oliva o incluso velas aromáticas. Son detalles que demuestran consideración sin interferir en la organización del evento.
El problema aparece con el vino. A pesar de ser uno de los regalos más clásicos, en una cena formal puede generar una situación incómoda. Tal y como señaló María José Gómez, si un invitado entrega una botella, el anfitrión puede sentirse obligado a abrirla y servirla durante la comida.
Esa obligación implícita altera la planificación inicial. El menú ya está diseñado y, con él, las bebidas que mejor acompañan cada plato. Si el vino que se lleva no encaja con la comida —por ejemplo, un vino con mucho cuerpo cuando el menú está basado en pescado— el maridaje no será adecuado.
El anfitrión se enfrenta entonces a la disyuntiva de romper la armonía prevista o dejar el regalo sin abrir, lo que puede resultar incómodo.
Por tanto, el inconveniente no es el vino en sí, sino el compromiso que genera en un contexto formal donde todo está previamente organizado.
La única excepción y otros detalles que conviene evitar
La experta matizaba que sí existe una forma correcta de regalar vino. La clave está en aclarar expresamente que se trata de un detalle para el disfrute personal del anfitrión y no para consumir durante la cena. Una frase sencilla indicando que es «para que lo disfrutéis en otro momento» elimina la presión de tener que incorporarlo a la mesa esa misma noche.
Más allá del vino, también hay otros errores habituales. Uno de ellos es optar por regalos demasiado costosos. Según explicó María José Gómez, un obsequio de alto valor puede generar una sensación de deuda en quien lo recibe. El anfitrión podría sentirse obligado a corresponder con algo de importe similar cuando sea él quien invite, creando una dinámica innecesaria.
En el caso de los postres caseros, también conviene actuar con prudencia. Antes de llevar uno, es importante pensar si encajará con los gustos del anfitrión y con el menú preparado. De nuevo, lo recomendable es ofrecerlo como algo para disfrutar en privado y no como un elemento que deba servirse obligatoriamente durante la cena.
A pesar de estas advertencias, el mensaje final es claro: siempre es mejor acudir con algún detalle. No se trata del precio ni de sorprender, sino de demostrar que se ha pensado en la persona que invita. El protocolo no busca rigidez, sino evitar situaciones incómodas y reforzar la cortesía.
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