Historia

¿Cuándo nació La Mafia?

Al parecer, la Mafia es tan antigua como Italia

La Mafia
Conoce cuándo nació La Mafia

Según historiadores e investigadores, la Mafia y la nueva nación italiana nacieron al mismo tiempo.

El término “Mafia”, en un principio fue exclusivo de los sicilianos, pero luego se empezó a aplicar a todas las organizaciones de este estilo surgidas en todo el mundo. En Calabria se llamó la “organización honorable” y en la actualidad se conoce como “Ndrangheta”, término derivado del griego, empleado para designar virilidad.

Origen de la Mafia

Las primeras noticias de la existencia de la Mafia surgen de la isla de Sicilia, coincidiendo con la conquista de Giuseppe Garibaldi y sus mil camisas rojas, que derrotaron al ejército borbónico e incorporaron la isla al naciente reino de Italia.

La victoria garibaldina contó con el apoyo de la mayoría de los sicilianos que, llegado el momento, reclamaría entre otras cosas, poderes sobre las tierras conquistadas.

El poder que otorgó la victoria a un ejército en inferioridad de condiciones sobre otro mucho más poderoso, fue determinante para establecer los grados de las nuevas relaciones e interdependencias. Así empezarían a tejerse las redes de la Mafia.

En los años que siguieron a 1860, se empezaron a entrelazar muchas redes de favores, basadas en el terror y fundamentalmente, con el apoyo y colaboración directa de los jefes de la flamante y poderosa burguesía agraria, los primeros capos.

Según afirma Giuseppe Carlo Marino en su Historia de la Mafia, tanto el General Garibaldi como la propia causa “no hiló demasiado fino en la selección de las cualidades morales y los antecedentes penales de sus nuevos seguidores”.

El resultado final de la campaña garibaldina es el establecimiento de la Mafia siciliana como una estructura sólida y muy bien organizada, basada en relaciones de favores recíprocos.

En Sicilia, la mayoría de los jefes de la Mafia no emergieron de las prisiones como sucedió en Nápoles. Eran hombres de las clases altas que militaban en sociedades secretas, masónicas, para resguardar sus conspiraciones.

Estas sociedades necesitaban de los servicios de hombres violentos que llevaran a cabo la insurrección y fue así que reclutaban criminales y delincuentes. Estos últimos, tuvieron que aprender a comportarse de otras formas, ya que los caballeros que los habían contactado estaban destinados a gobernar el país cuando concluyera la unificación.

La intimidación y la subordinación se extendió rápidamente por todos los ámbitos, desde las iglesias y los ayuntamientos de los pueblos más humildes hasta los propios palacios de la aristocracia, donde la Mafia encontró un escenario perfecto para las conspiraciones.

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