Crianza

Suena raro, pero los pediatras lo avalan: esta frase de 6 palabras puede calmar la rabieta de tu hijo en 20 segundos

Calmar la rabieta
Madre intentando calmar a su hijo. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Calmar la rabieta es uno de los mayores desafíos durante la infancia temprana. No se trata solo de que el episodio termine, sino de cómo se acompaña ese proceso para que el menor pueda ir desarrollando herramientas internas de regulación emocional. La forma en la que el adulto interviene verbalmente influye de manera directa en esa capacidad.

La investigación en desarrollo infantil muestra que ciertas frases ayudan más que otras a calmar la rabieta porque no se centran en frenar la emoción, sino en organizarla. Estas expresiones funcionan como un puente entre lo que el niño siente y su capacidad, todavía inmadura, para comprender lo que ocurre.

¿Cuál es la frase breve que puede calmar la rabieta de tu hijo en pocos segundos?

La frase «Recuerdo que la última vez intentamos» puede parecer incompleta o incluso extraña en medio de un estallido emocional. Sin embargo, su eficacia reside precisamente en lo que activa: memoria, secuencia y previsibilidad.

Al introducir una referencia al pasado reciente, el adulto ayuda al niño a salir del impacto inmediato de la emoción y a conectar con experiencias previas.

Este tipo de formulación no niega el enfado ni lo minimiza. Tampoco busca distraer de forma abrupta. Lo que hace es situar la emoción dentro de un marco comprensible, lo que facilita calmar la rabieta sin imponer silencio ni castigos.

Según pediatras consultados, este recurso resulta especialmente útil en edades tempranas, cuando el lenguaje emocional aún se está consolidando.

La importancia de estructurar las emociones de los niños

Un estudio publicado en la revista Child Development analizó cómo las respuestas parentales influyen en la regulación emocional infantil. La investigación concluyó que las llamadas estrategias de estructuración emocional favorecen el desarrollo de habilidades internas de control.

Estas estrategias consisten en describir la situación, conectar emociones con hechos y ofrecer continuidad entre pasado y presente.

Cuando un adulto utiliza frases que organizan lo ocurrido, el niño empieza a comprender qué está pasando y por qué. En lugar de reaccionar de forma impulsiva, activa procesos cognitivos más complejos.

De este modo, la estructuración emocional se convierte en una herramienta eficaz para calmar la rabieta y reducir su duración con el tiempo.

Escuchar, reflejar y calmar la rabieta

Otra línea de investigación se centra en la llamada escucha reflexiva. Esta técnica, ampliamente estudiada en educación infantil, se basa en devolver al niño una interpretación verbal de lo que está sintiendo. Frases que reflejan frustración, enfado o decepción permiten que el menor identifique su estado interno.

El efecto es inmediato: al sentirse comprendido, disminuye la activación emocional. Este descenso fisiológico facilita calmar la rabieta sin necesidad de elevar el tono ni recurrir a órdenes.

Además, poner palabras a la emoción contribuye al desarrollo del vocabulario emocional, clave para una regulación más eficaz en el futuro.

¿Por qué es importante validar las emociones de nuestros hijos?

Las investigaciones sobre función reflexiva parental señalan que comprender y verbalizar los estados mentales propios y ajenos fortalece las competencias emocionales infantiles. Validar no implica aprobar la conducta, sino reconocer la emoción como parte de la experiencia.

Expresiones que combinan validación y recuerdo, como «Recordemos que la última vez intentamos esto y funcionó», encajan en este enfoque. Sitúan la emoción, aportan contexto y abren la puerta a la reflexión.

En conjunto, la evidencia apunta a un mismo resultado: no se trata de combatir la rabieta, sino de acompañarla con palabras que ordenen, reflejen y den sentido a lo que ocurre. Una frase breve, bien formulada y respaldada puede marcar la diferencia en esos momentos de mayor tensión.

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