La frase de 8 palabras que puede tranquilizar a un niño en 30 segundos y evitar una pelea
En el ámbito de la psicología infantil, tranquilizar a un niño durante una rabieta no depende tanto de la autoridad ni de explicaciones extensas. Las investigaciones actuales sobre desarrollo emocional muestran que, ante una sobrecarga afectiva, el menor necesita primero seguridad y contención antes que normas detalladas.
Este enfoque ha sido desarrollado por especialistas en crianza consciente como Reem Raouda, psicóloga y coach certificada, conocida por sus estudios sobre seguridad emocional en el entorno familiar. Su trabajo, difundido en medios como CNBC, pone el foco en cómo el lenguaje adulto puede modular la respuesta emocional infantil sin reforzar conductas inapropiadas.
¿Cuál es la frase que puede tranquilizar a un niño rápidamente?
Cuando un niño atraviesa una rabieta, la parte del cerebro responsable del razonamiento y del lenguaje se encuentra temporalmente inhibida. En ese contexto, insistir en explicaciones lógicas suele aumentar la frustración. Raouda resume una estrategia eficaz en una frase concreta: «Está bien enfadarse, pero no está bien pegar».
Esta formulación resulta relevante porque separa claramente la emoción de la conducta. El enfado se reconoce como una reacción válida, mientras que la agresión se delimita como un comportamiento no aceptable.
De este modo, se logra tranquilizar a un niño sin invalidar lo que siente ni renunciar a los límites necesarios.
¿Por qué validar la emoción es importante?
Diversos estudios sobre aprendizaje emocional temprano indican que nombrar y reconocer una emoción ayuda a disminuir su activación fisiológica. Cuando el adulto refleja el estado afectivo del menor con un tono calmado, el sistema nervioso infantil recibe una señal de seguridad que facilita la autorregulación.
Expresiones como «está bien enfadarse» comunican al niño que no será juzgado por sentir una emoción intensa. Esta validación inicial reduce la necesidad de expresarla mediante gritos o golpes.
En términos prácticos, este paso es clave para tranquilizar a un niño antes de introducir cualquier corrección conductual.
¿Cómo se pueden poner límites claros sin rigidez?
La segunda parte de la frase («no está bien pegar») cumple una función estructural. No niega la emoción, pero establece una norma clara sobre el comportamiento. Según subraya un estudio de la Universidad de Uganda, los límites consistentes, cuando se combinan con aceptación emocional, favorecen el desarrollo del control de impulsos.
Este equilibrio evita dos extremos frecuentes: la permisividad absoluta y la dureza excesiva. En ambos casos, el menor puede experimentar inseguridad.
En cambio, la coexistencia de empatía y norma proporciona un marco previsible que contribuye a tranquilizar a un niño y a reducir la escalada del conflicto.
Lenguaje emocional y seguridad afectiva, otras claves para tranquilizar a un niño
La construcción del lenguaje emocional es otro de los pilares destacados por la investigación. Los niños que aprenden a identificar y nombrar lo que sienten muestran una menor tendencia a respuestas impulsivas.
Al escuchar frases que conectan emoción y límite, el menor empieza a relacionar sensaciones internas con conductas socialmente aceptadas.
Además, un entorno donde los sentimientos son comprendidos refuerza el apego y la inteligencia emocional. La evidencia señala que esta base relacional facilita la autorregulación a largo plazo.
Por ello, estrategias verbales simples, coherentes y repetidas en el tiempo no solo sirven para tranquilizar a un niño en el momento, sino que también aportan herramientas para gestionar futuras situaciones de frustración.
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