Baleares

La vivienda en Ibiza es para tirarse de los pelos: 500 euros por una cama en el salón de un piso

Así lo relata Silvina, una inmigrante colombiana que llegó en 2023 a la isla con su hija

Un informe sobre exclusión social denuncia el subarrendamiento ilegal de habitaciones

Ibiza Vivienda
Indalecio Ribelles
  • Indalecio Ribelles
  • Redactor de OKBaleares, información local de Palma, social y política. Antes, redactor en EL MUNDO/ Baleares durante 20 años.

En la isla de Ibiza con el precio del metro cuadrado más elevado de Baleares (entre 7.000 y 8.500 euros) donde cuatro de sus localidades lideran, junto a San Sebastián, la lista de municipios en los que comprar una vivienda es más caro de toda España, hay relatos estremecedores sobre las consecuencias derivadas de este auténtico drama social y que están recogidos el extenso informe Foessa sobre Desarrollo y Exclusión Social.

Silvina, una mujer colombiana de 48 años, llegó a Ibiza en mayo de 2023 junto a su hija de 18, alentada por familiares que le prometieron apoyo y oportunidades laborales en la hostelería. Sin embargo, al llegar, se encontró con una realidad muy distinta. Sus familiares sólo le ofrecieron una cama en el salón por 500 euros mensuales, y no encontró trabajo formal debido a su situación administrativa irregular.

Acabó realizando labores de limpieza en la economía sumergida, con largas jornadas y bajos sueldos.

Esta realidad refleja, como se indica en este documento, una de las principales formas de vulnerabilidad en Ibiza: aunque hay empleo en sectores como la hostelería y la limpieza, la falta de regularización impide el acceso a derechos laborales. Las personas sin papeles no tienen contrato, Seguridad Social ni seguro médico, lo que las hace invisibles ante el sistema y expuestas a abusos.

Tras muchas dificultades, consiguió alquilar una habitación por 750 euros, subarrendada por las inquilinas originales. Este tipo de subarrendamiento es común en la isla y responde tanto a abusos como a estrategias de supervivencia en contextos precarios.

Quienes viven en una habitación raramente tienen un contrato formal de alquiler, ya que impera el subarriendo, lo que les impide también empadronarse en la vivienda y acceder a los derechos que el padrón les confiere. Legalmente, continúa relatando este informe demoledor sobre el drama social del casi imposible acceso al mercado de la vivienda en Ibiza, estas personas están indefensas: no pueden demostrar en ningún caso que residen en la vivienda, por lo que se ven expuestas a toda clase de vulneraciones de derechos.

Estos van desde una subida del precio que pagan, a tener que aceptar situaciones y condiciones que no les hace estar cómodas por el miedo a que puedan echarlas de la casa. Esa inseguridad no solo desgasta a nivel de salud mental, sino que convierte el espacio donde alguien vive, que debería ser un lugar seguro que proporcione tranquilidad y descanso, en un generador de tensiones y problemas.

Que el hogar sea un espacio de conflicto también influye en otros aspectos de la vida diaria. La falta de alimentación saludable por la restricción del acceso a la cocina, como le ocurre a Silvina, y la falta de descanso al tener que estar alerta ante las actitudes de sus compañeras pueden afectar a su salud y su rendimiento en el trabajo, que puede llegar a peligrar.

El empleo de Silvina, al igual que el de muchas personas que viven en habitaciones, no es de calidad, lo que implica estrés económico al tener que gestionar el llegar a fin de mes con un sueldo insuficiente.

La hija de Silvina, asimismo, ha sido testigo de las vulneraciones de derechos y las agresiones que ha sufrido su madre en casa. La inseguridad y el miedo han dominado su vida el tiempo que ha residido en esta vivienda, lo que desde luego ha afectado a su desarrollo personal.

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