La extrema izquierda no se cansa de banalizar símbolos
Toda esa morralla de antisistemas y la extrema izquierda en general no se cansan de banalizar símbolos que deberían ser respetados por sí mismos, en lugar de convertirlos, maliciosamente, en iconos de sus variopintas causas. Ahora le ha tocado a San Sebastián acomodarlo al surrealismo enfermizo de toda esta patulea. Es costumbre de hace años crear una revetla alternativa con síntomas claros de querencias antisistema y personal equiparable. Nada que objetar.
El problema surge cuando la costumbre es imitada como buena por partidos con representación. Cosa distinta que lo hagan partidos extraparlamentarios en período de carencia de representación. Llamar la atención es algo que se repite continuamente, pero eso no casa con formaciones políticas llegadas a la representación en las instituciones, como es el caso del Ayuntamiento de Palma. La única regidora de Unidas Podemos en Cort, claro síntoma de que el partido está en puertas de desaparición en la capital balear, presentó el cartel de su revetla particular pintado el santo de color rosa y blandiendo una bandera palestina. La regidora podemita lo explicaba así: «Cristo era palestino, la virgen llevaba velo y San Sebastián es icono queer por mucho que los ofendiditos lo nieguen». Doctorado Honoris Causa en Estupidez.
Es la misma regidora que se apuntó a la flotilla de la Colau y Barby Gaza, de manera que ya está todo perfectamente geolocalizado en el pensamiento cutre-progre y cumbayá. Verás, regidora. Te lo cuento. San Sebastián fue un tribuno de Roma a finales del siglo III de nuestra era, además de ser un cristiano que se negó a renunciar de su fe durante las crueles persecuciones del emperador Diocleciano. Sobrevivió al primer martirio y tuvo el coraje de presentarse ante el Emperador para reprocharle cara a cara su dolorosa campaña contra los cristianos y esta vez sí se consumó el martirio, tirando su cuerpo en un lodazal. Es por tanto un mártir para católicos y ortodoxos.
Para vosotros, regidora, San Sebastián no es un icono queer. En todo caso lo será Sebastiane y te explico por qué. En la antigüedad se representó a San Sebastián como un hombre de edad avanzada (en realidad lo mataron cuando tenía 32 años de edad) y será el arte renacentista y barroco el que comience a representarlo como un joven idealizado. Siglos después, más o menos a finales del siglo XIX, se producirá una nueva reinterpretación de carácter cultural, representándolo como joven apuesto sufriendo martirio, con una estética homoerótica que le convirtió (no a él sino a la imagen que surge de caprichosas modas a lo largo de la historia del arte) en símbolo de deseo homosexual. Seguimos en el mundo paralelo de todo lo relacionado con la identidad de género santificada por los podemitas y demás extrema izquierda hoy en día generalizada en España, o sea, en Baleares también.
Verás, mi querida doctora honoris causa en estupidez. Hace exactamente medio siglo tu San Sebastián pasó a convertirse en símbolo de resistencia para el colectivo LGTBI+ como consecuencia del estreno el año 1976 de la película dirigida por Derek Jarman, Sebastiane. Por cierto, Jarman era un activista homosexual y figura clave de la representación LGTBI+ en el cine utilizando sus películas para explorar su sexualidad. Sebastiane es, toda ella, un gigantesco escapulario gay, presentando desnudo al actor Richard Warwick -protagonista principal-, acompañado en el reparto por un ilustre dramaturgo gay, Lindsay Kemp, de quien guardamos grato recuerdo de sus dos visitas al Auditórium de Palma en los 80: Flowers y Sueño de una noche de verano. Casi de inmediato llegó la tragedia del sida, ya entonces una condena a muerte. El icono se convirtió entonces en mayor referente.
Comprendo, regidora, que tus meninges no den para más. Pero, por favor, deja de jugar al trile con tu frasecita esa de «por mucho que los ofendiditos lo nieguen». Queda clara tu incapacidad de aportar algo realmente útil a la ciudad en la que vives y representas. Por eso mismo, Unidas Podemos va a desaparecer del consistorio en las elecciones de 2027. No da para más tu cabecita, salvo para desvirtuar historias reales con intención de convertirlas en iconos de la corrosiva ingeniería queer. No te ofendidites, vida.
En cuanto a la bandera palestina, ya la habéis pisoteado en exceso; así que no mereces explicarte quiénes eran Cristo y la Virgen. Te daría un telele.