Turismo geológico

Uno de los accidentes geológicos más insólitos de España es una cueva canaria cuyas rocas son anteriores a la formación de las islas

Cueva canaria
Cuevas de Ajuy. Foto: Oficina de Turismo de las Islas Canarias.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Fuerteventura esconde en su litoral occidental uno de los enclaves geológicos más sorprendentes de España. A pocos metros del pequeño pueblo de Ajuy, entre acantilados de roca oscura que se desploman sobre el Atlántico, se abre una cueva canaria con una historia que va mucho más allá de la simple erosión marina.

El lugar está reconocido como Monumento Natural y figura entre los 150 puntos de interés geológico primario del planeta. Para entender por qué, hay que remontarse a una época en la que Fuerteventura ni siquiera existía sobre el nivel del mar.

Las Cuevas de Ajuy, la cueva canaria cuyas rocas anteceden a las propias islas

Las Cuevas de Ajuy son ese accidente geológico. Este conjunto de cavidades naturales, excavadas por la erosión del mar en la costa de Pájara, contiene algunas de las rocas más antiguas de toda España. Sus materiales se formaron en el período Cretácico, hace entre 70 y 150 millones de años.

Por aquel entonces, el lugar donde hoy se levantan las Canarias era todavía fondo oceánico. El sustrato volcánico surgió a unos 3.000 metros de profundidad bajo el Atlántico y fue emergiendo a lo largo de decenas de millones de años hasta quedar expuesto en superficie.

Y el desfase es, como mínimo, llamativo: Fuerteventura, la isla más antigua del archipiélago, no existe como tierra emergida desde hace más de veinte millones de años, pero las rocas de Ajuy la preceden por decenas de millones más.

Forman parte del denominado complejo basal de Fuerteventura, la estructura que actúa como cimiento de la isla y que aflora en contados puntos de su litoral.

¿Cómo son en detalle las Cuevas de Ajuy?

Las paredes de las cuevas guardan registros directos del entorno marino primitivo. Las formaciones basálticas alcanzan unos 40 metros de altura y en ellas es posible observar corteza oceánica en estado prácticamente inalterado.

A lo largo del sendero aparecen también dunas fósiles consideradas las más antiguas de la isla. Están compuestas en torno al 90% por materia orgánica, contienen conchas y restos de organismos marinos que permiten reconstruir cómo era el entorno antes de que las islas emergieran.

Vista panorámica del Monumento Natural de Ajuy. Foto: Oficina de Turismo de Islas Canarias.

Por su parte, el mar sigue trabajando la roca. Las olas del Atlántico entran con fuerza en el interior de las cuevas, y el sonido que generan al rebotar contra la piedra impresiona incluso a quienes ya conocen el lugar. Los acantilados de roca volcánica oscura forman un paisaje austero que contrasta con las playas de arena blanca por las que Fuerteventura es más conocida.

La relevancia científica del enclave fue reconocida en 1994 con la declaración de Monumento Natural. Hoy figura entre los 150 sitios de interés geológico primario del mundo, una catalogación que comparte con formaciones de escala planetaria.

Cómo visitar esta cueva canaria: acceso y consejos para llegar a Ajuy

El acceso es libre y gratuito. Desde el pueblo pesquero de Ajuy (también llamado Puerto de la Peña), un sendero de unos 500 metros bordea el acantilado con vistas al Atlántico y desciende, a través de unos escalones con barandilla, hasta la entrada de las cuevas.

El recorrido de ida y vuelta no supera la hora y no exige condición física especial, aunque conviene llevar calzado con agarre cuando el oleaje moja las rocas.

Entre tanto, el pueblo suma al atractivo geológico su tranquilidad habitual: restaurantes de pescado fresco y una playa de arena negra volcánica donde los atardeceres sobre el océano tienen cierta reputación entre fotógrafos.

En el trayecto hacia las cuevas es posible ver los restos de las 17 caleras (hornos de cal) que operaron en la zona desde el siglo XVI; la caliza extraída aquí sirvió para encalar edificaciones en toda la isla.

Por último, cabe recordar que Ajuy está a unos 30 kilómetros de Puerto del Rosario. No hay transporte público regular; el acceso se hace en coche desde Pájara por una carretera secundaria, con el aparcamiento junto a la playa de arena negra donde termina el asfalto.

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