El mexicano Isaac Fonseca sale por la puerta grande en su debut en Gijón

El mexicano Isaac Fonseca sale por la puerta grande en su debut en Gijón
Isaac Fonseca (Foto: EFE)

El novillero mexicano Isaac Fonseca abrió hoy la Puerta Grande y dejó buen sabor de boca en la tarde de su debut con caballos en Gijón, una función que abrió la Feria de Begoña y en la que tanto José Fernando Molina, que obtuvo también un apéndice, como Manuel Diosleguarde anduvieron más bien discretos.

Fonseca estuvo nada más que perfecto con el novillo de su debut con picadores. Y eso que a punto estuvo de no contarlo al resultar arrollado en un remate con el capote. Se rehizo, por fortuna, para luego llevar a cabo una faena muy templada, técnicamente impecable y de nota alta al natural ante un novillo que se apagó enseguida.

Pero lejos de amontonarse, Fonseca demostró que lleva el toreo en la cabeza, y, con la distancia perfecta y los terrenos adecuados, jugó muy bien con los vuelos de la muleta para engancharlo y llevarlo largo y al ralentí en muletazos de uno en uno y de inmaculada interpretación. Qué buen sabor dejó este joven mexicano, que, tras una certera estocada, paseó la primera oreja de la feria.

Con el buen sexto, en cambio, fue donde se le vio lo nuevo que aún está. Que estuvo entregado, sí, muy dispuesto, también, que no se guardó nada, desde luego; pero no acabó de aprovechar al cien por cien las bondades que le brindó el de Zacarías, que tuvo un pitón izquierdo de lujo.

Pero, así y todo, Fonseca logró conectar con la gente, sobre todo en las bernadinas finales. Eso y la efectividad de la estocada le granjeó el trofeo que le hacía falta para la salida a hombros. Y ya puestos a dar… vuelta al ruedo también al novillo.

Otro que cortó una oreja, ésta mucho más pírrica, fue José Fernando Molina. La paseó del quinto novillo, el otro de los dos novillos buenos del bonito y desigual envío de Zacarías Moreno, por una faena en la que el albaceteño se mostró por debajo de la condición del utrero, al que no le cogió ni el pulso ni el ritmo, sin acoplarse en faena deslavazada y demasiado tropezada.

Justo por eso no tuvo el más mínimo sentido la orejita que le concedieron, un premio a todas luces desmedido.

Antes se las había visto con un novillo muy justo de fuerzas, el segundo, que, por si fuera poco, desarrolló una actitud defensiva en la muleta, quedándose cortito y metiéndose por los dos pitones. Molina quiso mucho dentro de una labor con algunas imprecisiones técnicas, las mismas que le hicieron salir por los aires, por fortuna, sin mayores consecuencias que el simple susto.

Manuel Diosleguarde regresaba a Gijón tras la Puerta Grande cosechada el año pasado en esta misma plaza, y, a decir verdad, su actuación de hoy distó mucho de la firmada en 2018.

Y eso que salió a por todas en su primero, al que recibió con dos largas cambiadas en el tercio, a las que le siguieron arrebatados lances a la verónica, un galleo por chicuelinas para poner en suerte y un quite de igual guisa intercalando, además saltilleras.

Pero fue lo único reseñable de su primera actuación, pues el novillo pegaba unas oleadas de espanto, exigente de verdad, poniendo a prueba al joven salmantino, que no logró imponerse en ningún momento a su oponente, que fue el que marcó el verdadero ritmo de un larguísimo y anodino toca y daca, y en el que llegó a ser desarmado en varias ocasiones,

Peor le fue con el desrazado e insulso cuarto, con el que no dijo absolutamente nada hasta el punto de llegar a ponerse plomizo a lo largo de un trasteo tan largo como anodino.

Ficha del festejo

Novillos de Zacarías Moreno, bien hechos, de bonitas y armónicas hechuras. Con genio y exigente, el primero; flojo y a la defensiva, el segundo; el tercero se apagó enseguida; insulso y de poca raza, el cuarto; manejable el quinto; y bueno el sexto, de nombre "Rabanito", número 93, colorado de capa, de 505 kilos y nacido en octubre de 2015, premiado con la vuelta al ruedo.

Manuel Diosleguarde, de grana y oro: estocada trasera y desprendida (ovación tras aviso); casi entera ligeramente tendida (ovación).

José Fernando Molina, de espuma de mar y oro: bajonazo contrario, y descabello (ovación); media trasera (oreja).

Isaac Fonseca, que debutaba con picadores, de celeste y oro: estocada tendida y desprendida (oreja); casi entera tendida y atravesada (oreja).

La plaza registró algo menos de media entrada en los tendidos.

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