Vivió medio año en la Estación Espacial Internacional y su mensaje da miedo: «Vivimos en una mentira»
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El universo observable es sólo una pequeña parte del cosmos total. Representa todo lo que podemos ver desde la Tierra gracias a la luz que ha tenido tiempo de llegar hasta nosotros desde el origen del universo, hace unos 13.800 millones de años. Su radio alcanza unos 46.500 millones de años luz y podría contener alrededor de dos billones de galaxias. Sin embargo, el universo podría ser muchísimo más grande, incluso infinito, aunque por ahora no existe forma de observar ni medir lo que hay más allá de ese límite. En este contexto, el astronauta Ron Garan, que estuvo 178 días en la Estación Espacial Internacional durante el año 2011, se muestra contundente: «Vivimos en una mentira».
«Desde el espacio, los frágiles sistemas que sustentan la vida del planeta, su atmósfera, sus océanos y sus ecosistemas, son claramente visibles, pero la sociedad humana los trata como si existieran sólo para servir a la economía global. No vi la economía. Pero dado que nuestros sistemas artificiales tratan todo, incluidos los sistemas vitales de nuestro planeta, como una subsidiaria totalmente controlada por la economía global, es obvio desde la perspectiva espacial que vivimos en una mentira», afirma.
La experiencia de Ron Garan en la Estación Espacial Internacional
El viaje de Ron Garan tuvo lugar entre el 4 de abril y el 16 de septiembre de 2011; durante ese periodo de tiempo, pudo completar unas 3.000 órbitas alrededor de la Tierra. Al regresar, su perspectiva sobre la humanidad y las prioridades de la sociedad había cambiado completamente. Desde la Estación Espacial Internacional, comprendió la belleza y la fragilidad de la Tierra, y cómo el ritmo del día a día nos impide ser conscientes de esto.
Según él, «las personas tienen más poder del que imaginan para influir en cambios positivos, y es importante vivir con esta perspectiva más amplia todos los días, recordando no solo su vida diaria, sino también la existencia compartida de la humanidad en la Tierra». Este cambio de perspectiva se conoce como «efecto de visión general», un término que el filósofo Frank White acuñó por primera vez en 1987 y que se refiere al cambio de consciencia que experimentan los astronautas que han podido ver a la Tierra desde el espacio.
En la misma línea, el ex astronauta de la NASA Bob Behnken compartió: «Se ve que es un sólo planeta con una atmósfera compartida. Es nuestro lugar común en este universo. Creo que esa perspectiva, al afrontar situaciones como la pandemia o al observar los desafíos en nuestra nación o en todo el mundo, nos permite reconocer que todos los enfrentamos juntos». Otro ex astronauta de la NASA, Jack Fischer, también compartió su propio «efecto de visión general: «Esa perspectiva te ayuda a crecer. Realmente me ha inspirado a intentar que más personas vivan esta experiencia y a lograr un punto de apoyo permanente para nuestra especie en el espacio. Quiero hacer todo lo posible para ayudar a la especie humana, a la humanidad en su conjunto, a llegar más lejos, crecer y evolucionar como sé que son capaces de hacerlo».
El futuro de la ISS
La Estación Espacial Internacional ha sido durante 25 años uno de los laboratorios científicos más importantes de la historia. Desde la primera misión tripulada en el año 2000, los astronautas han realizado miles de experimentos relacionados con la salud humana, la biología, la física o la observación de la Tierra. Entre los hitos más destacados se encuentra la primera secuenciación de ADN en el espacio en 2016, el cultivo y consumo de alimentos cultivados en órbita, o la impresión en 3D de herramientas para futuras misiones espaciales. Además, se han desarrollado sistemas clave para el futuro de la exploración espacial, como el reciclaje del 98% del agua utilizada a bordo o nuevas comunicaciones láser de alta velocidad.
Tras la aprobación de la Ley de Autorización de la NASA de 2026 por parte del Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado de Estados Unidos, seguirá operativa al menos hasta 2032. La iniciativa, impulsada por los senadores Ted Cruz y Maria Cantwell, busca garantizar una presencia humana continua en la órbita terrestre baja mientras se prepara la transición hacia una nueva generación de estaciones espaciales comerciales.
La norma contempla que, cuando finalice la vida útil de la ISS, sus funciones científicas y tecnológicas se transfieran progresivamente a estaciones desarrolladas por empresas privadas como Axiom Space, Voyager o Blue Origin. El objetivo es garantizar una transición segura antes de iniciar el proceso de desorbitado de la ISS. Además, la ley también respalda el desarrollo del programa Artemis y sienta las bases para una futura base lunar permanente que sirva de apoyo a misiones científicas y, a largo plazo, a la exploración de Marte.
«Una presencia sostenida de humanos y robots en la base lunar apoyará las investigaciones científicas prioritarias que sientan las bases para una misión exitosa a Marte», señala un comunicado de prensa emitido por el comité científico del Senado esta semana.