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Por fin hallan la pista que faltaba para entender el origen de la vida: los científicos confirman que el agua no es suficiente

La vida en la Tierra
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Durante décadas, la búsqueda de vida fuera de la Tierra ha estado guiada por una pregunta aparentemente sencilla: ¿hay agua? Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que este requisito, aunque fundamental, está muy lejos de ser suficiente. Una investigación liderada por científicos del ETH Zurich y publicada en Nature Astronomy plantea que la habitabilidad de la Tierra podría deberse a un equilibrio químico extremadamente preciso que ocurrió hace unos 4.600 millones de años.

Tradicionalmente, el agua líquida ha sido el indicador estrella para evaluar la habitabilidad. Sin embargo, este hallazgo redefine los criterios utilizados hasta ahora por la astrobiología. El fósforo forma parte del ADN y el ARN, el nitrógeno es un componente fundamental de las proteínas y las moléculas juegan un papel clave en la transferencia de energía celular e información genética. Sin estos elementos en las cantidades adecuadas, la vida no puede desarrollarse.

Más allá del agua: los verdaderos guardianes de la vida

Una de las conclusiones más sorprendente del trabajo es que la disponibilidad de nitrógeno y fósforo no depende única y exclusivamente de procesos superficiales posteriores, sino de las condiciones químicas que se establecieron durante la formación del núcleo planetario.

Cuando nacen los planes rocosos, en sus inicios son océanos de roca fundida. A medida que actúa la gravedad, los materiales más densos, como el hierro, se hunden hacia el interior para formar el núcleo, mientras que los más ligeros permanecen arriba y dan lugar al manto y, con el tiempo, a la corteza. Este proceso, al contrario de lo que se creía anteriormente, no sólo es físico, sino también químico.

Por ejemplo, en función de la cantidad de oxígeno disponible, los elementos «deciden» si prefieren permanecer en las capas externas o unirse a metales y hundirse en el núcleo. Si el oxígeno es escaso, el fósforo tiende a unirse al hierro y otros metales pesados, siendo arrastrado hacia el núcleo. Si, por el contrario, el oxígeno es demasiado abundante, el fósforo permanece en el manto, pero el nitrógeno se vuelve más propenso a escapar hacia la atmósfera primitiva y perderse en el espacio.

Mediante complejos modelos informáticos, el equipo liderado por Craig Walton y Maria Schönbächler identificó que sólo existen una serie de condiciones muy específicas en las que tanto el fósforo como el nitrógeno permanecen en el manto en cantidades adecuadas para albergar vida.

Los investigadores describen este equilibrio como una «zona Ricitos de Oro» química, y la Tierra se encuentra dentro de ella. Este hallazgo sugiere que la habitabilidad terrestre no fue simplemente por su ubicación en la zona habitable del Sistema Solar, sino también el resultado de unas condiciones químicas extremadamente precisas durante su formación.

El contraste con Marte

El estudio también analizó el caso de Marte, donde los niveles de oxígeno durante su formación habrían quedado fuera de la «zona Ricitos de oro». Como consecuencia, tiene más fósforo y menos nitrógeno en su manto que la Tierra, un desequilibrio que habría impedido la aparición de la vida, al menos en términos comparables a los terrestres.

En diciembre de 2025, el rover Perseverance de la NASA registró los sonidos de descargas eléctricas, chispas y miniexplosiones sónicas en los torbellinos de polvo en Marte. «La carga triboeléctrica de partículas de arena y nieve está bien documentada en la Tierra, particularmente en regiones desérticas, pero rara vez produce descargas eléctricas reales», explicó Baptiste Chide, miembro del equipo científico de Perseverance y científico planetario en el Instituto de Investigación en Astrofísica y Planetología en Francia. «En Marte, la delgada atmósfera hace que el fenómeno sea mucho más probable, ya que la cantidad de carga requerida para generar chispas es mucho menor que la necesaria en la atmósfera cercana a la superficie de la Tierra».

Muestra del asteroide Bennu

El análisis de diminutas partículas del asteroide Bennu que trajo a la Tierra en 2023 por la misión OSIRIS REx de la NASA reveló la presencia de glicina y otros aminoácidos en rocas de 4.600 millones de años. En lugar de surgir en agua líquida tibia como se creía, algunos aminoácidos de Bennu parecen haberse originado en hielo expuesto a radiación cósmica, en regiones extremadamente frías del Sistema Solar primitivo.

«Nuestros resultados revolucionan la idea que teníamos sobre la formación de aminoácidos en asteroides», afirmó Allison Baczynski, profesora adjunta de investigación en geociencias en Penn State y coautora principal del artículo científico publicado en en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS, por sus siglas en inglés).

«Ahora parece que existen muchas condiciones donde estos componentes básicos de la vida pueden formarse, no solo cuando hay agua líquida caliente. Nuestro análisis demostró que existe una diversidad mucho mayor en las vías y condiciones en las que se forman estos aminoácidos», agregó.

Los investigadores encontraron compuestos esenciales, entre ellos ribosa, glucosa, nucleobases y fosfatos. Estos elementos forman parte del ARN, una molécula clave en el funcionamiento biológico. Ese conjunto de sustancias demuestra que los ingredientes fundamentales de la vida se distribuyen por el Sistema Solar.

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