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La NASA no da crédito a lo que ha encontrado en Groenlandia y ya avisa: afecta al campo magnético de la Tierra

NASA Groenlandia
Blanca Espada

En los últimos días, la NASA ha revisado unas imágenes captadas sobre Groenlandia que no encajan del todo con un episodio de actividad solar moderada. Lo que debía ser una aurora dentro de la normalidad apareció con una intensidad y una extensión inesperadas, suficientes para que los equipos del satélite Suomi NPP volvieran a analizar los datos. A partir de ahí, comenzaron a reconstruir qué había provocado aquel resplandor tan amplio.

Al analizarlo con más detalle, confirmaron que se trataba de una aurora, pero con un alcance mayor del habitual para una situación de actividad solar moderada. La evolución del fenómeno durante la madrugada aportó información útil ya que mostraba cómo estaban respondiendo las capas altas de la atmósfera a la llegada de partículas energéticas, algo que los científicos estudian para ajustar sus modelos de clima espacial. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA por sus siglas en inglés, confirmó después que esa noche se estaba desarrollando una tormenta geomagnética en aumento. Pasó de un nivel débil a uno moderado, suficiente para producir variaciones en el entorno magnético terrestre sin causar daños. Aun así, el episodio dejó datos valiosos para seguir evaluando cómo pequeñas perturbaciones pueden alterar el comportamiento del campo magnético en tiempo real.

La NASA no da crédito a lo que ha encontrado en Groenlandia

La detección inicial llegó desde el satélite NASA, que utilizó uno de sus instrumentos más sensibles para captar luz nocturna en longitudes de onda prácticamente imperceptibles para el ojo humano. El sensor, instalado en el satélite Suomi NPP, es capaz de distinguir entre iluminación artificial, reflejo lunar y emisiones naturales de la atmósfera. Esa capacidad permitió observar la aurora como una mancha luminosa que cubría buena parte de Groenlandia y se extendía hacia el este de Canadá.

El sistema trabaja en escala de grises desde el espacio, pero los tonos reales en superficie fueron los habituales: verdes intensos acompañados de matices rojizos y púrpuras. Esa combinación aparece cuando partículas procedentes del Sol chocan con diferentes capas de la atmósfera, liberando energía en forma de luz. Cuanto mayor es el volumen de partículas y la profundidad de la interacción, más amplia y variada se vuelve la aurora.

La NOAA elevó el nivel de la tormenta geomagnética durante la madrugada

Los registros de la NOAA confirmaron que la noche del 16 de febrero no era completamente estable. En un primer momento se clasificó la situación como tormenta geomagnética de nivel G1, el escalón más bajo dentro de la escala oficial. Aun así, ese grado ya es suficiente para que el óvalo auroral se expanda y sea visible con mayor intensidad.

Horas después, la actividad aumentó hasta G2, lo que se considera un episodio moderado. Este tipo de perturbaciones suelen estar asociadas a corrientes rápidas de viento solar procedentes de agujeros coronales. Cuando llegan a la magnetosfera, provocan variaciones que empujan la aurora hacia latitudes más al sur de lo habitual, haciendo que sea observable desde zonas más amplias y durante más tiempo. Aunque no representan un riesgo grave, estas tormentas sí pueden generar oscilaciones en las redes eléctricas más sensibles, pequeñas interferencias en sistemas de navegación o ligeras alteraciones en satélites situados en órbitas concretas. Por eso su seguimiento es constante.

Un episodio clave para estudiar el clima espacial

El avistamiento coincide con la misión Gneiss, un proyecto reciente en el que se lanzaron dos cohetes de sondeo desde la base de Poker Flat, en Alaska. Con este experimento, los científicos buscan recrear en tres dimensiones cómo se forman y cómo se desplazan las corrientes eléctricas asociadas a las auroras. Estos datos ayudan a comprender mejor los efectos que el Sol provoca en el entorno magnético de la Tierra.

Las imágenes difundidas por el Earth Observatory subrayan la importancia de mantener una vigilancia constante. Cada tormenta geomagnética, por pequeña que parezca, ofrece una parte del rompecabezas sobre el comportamiento de la atmósfera superior. Para los investigadores, estos episodios son cruciales para anticipar cómo podrían afectar fenómenos más intensos en el futuro.

El impacto en el campo magnético terrestre

La NASA no ha mostrado alarma, pero sí ha insistido en que estos episodios ayudan a detectar pequeñas variaciones en el campo magnético que, acumuladas durante ciclos solares activos, pueden tener efectos más amplios. Las auroras son, en cierta forma, la parte visible de algo que ocurre a miles de kilómetros sobre la superficie, es decir, un intercambio constante entre el viento solar y la protección natural del planeta.

Cuanto mejor se comprenda esa interacción, mejor se podrán prever fenómenos más severos, como tormentas geomagnéticas de nivel alto que sí pueden afectar a infraestructuras críticas. Este episodio sobre Groenlandia ha sido una señal más de que el clima espacial está entrando en una fase activa y que los próximos meses podrían ofrecer nuevas observaciones relevantes.

 

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