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Ratones verticales: ¿moda o solución real para la muñeca?

Los ratones verticales prometen mejorar la ergonomía y reducir el dolor en la muñeca tras horas frente al ordenador

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ratones verticales
Foto: Nacho Grosso
Nacho Grosso
  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Los ratones verticales ya no son un capricho extraño que solo se ve en oficinas muy concretas. Cada vez más usuarios que pasan muchas horas delante del ordenador se plantean dar el salto, especialmente cuando empiezan las molestias en la muñeca o el antebrazo. En mi caso, fue casi por necesidad. Tras años escribiendo y editando a diario, notaba tensión constante. Cambiar a un ratón vertical no fue inmediato ni cómodo al principio, pero ahora no lo cambio por nada.

Ergonomía frente a costumbre

La clave de los ratones verticales está en la posición de la mano. En un ratón tradicional, la palma queda apoyada hacia abajo y el antebrazo rota ligeramente hacia dentro. Esa rotación mantenida durante horas puede generar tensión en la musculatura y sobrecargar la articulación. El diseño vertical busca que la mano adopte una postura más natural, similar a cuando estrechas la mano de alguien, reduciendo la torsión del antebrazo.

Los primeros días con un ratón vertical son extraños. El cursor parece moverse diferente, la precisión requiere adaptación y los clics se sienten en otra posición. Hay que reaprender pequeños gestos que llevas años haciendo de forma automática.

Foto: Nacho Grosso

La curva de adaptación

Ese periodo de adaptación es, probablemente, el principal motivo por el que muchos abandonan. No es plug and play en el sentido mental. Funciona desde el primer minuto, pero tu cerebro necesita reajustarse. En mi caso, tardé aproximadamente una semana en sentirme cómodo del todo. Durante los primeros días alternaba entre el ratón vertical y uno tradicional, sobre todo cuando tenía prisa.

Sin embargo, una vez superada esa fase, la sensación cambia. La muñeca descansa en una posición más neutra y el antebrazo deja de estar tan forzado. No es magia ni elimina cualquier molestia de inmediato, pero sí reduce la tensión acumulada tras jornadas largas.

Foto: Nacho Grosso

¿Sirven para todos?

Aquí conviene ser prudentes. No todos los dolores de muñeca tienen el mismo origen. Si existe una lesión concreta o un síndrome del túnel carpiano avanzado, el ratón vertical no es una solución médica por sí solo. Puede ayudar a mejorar la postura, pero no sustituye a un diagnóstico profesional ni a cambios más amplios en el puesto de trabajo.

También influyen otros factores como la altura de la mesa, la posición del teclado o incluso la silla. Un ratón vertical mal colocado, con el hombro elevado o el codo sin apoyo, pierde parte de su sentido ergonómico. Es una pieza más dentro de un conjunto.

Moda o tendencia consolidada

Hubo un momento en el que parecía una moda pasajera, asociada a perfiles muy técnicos o a oficinas obsesionadas con la ergonomía. Hoy es fácil encontrarlos en internet y en catálogos de grandes marcas. Eso indica que la demanda existe y que muchos usuarios han encontrado valor real en el cambio.

Además, los modelos actuales han mejorado en precisión, conectividad inalámbrica y diseño. Ya no son armatostes aparatosos, sino dispositivos bien integrados en cualquier escritorio, incluso en entornos profesionales donde la estética también cuenta.

Una inversión pequeña para muchas horas de uso

Si lo piensas fríamente, el ratón es una de las herramientas que más utilizas a lo largo del día. Pasas cientos de horas al año con la mano apoyada sobre él. Cambiar a un modelo vertical no supone un desembolso desproporcionado y puede marcar diferencias a medio plazo en comodidad.

En mi experiencia, el mayor obstáculo fue mental. Una vez superado, la mejora en confort compensa con creces esos días iniciales de torpeza. No diría que es una solución universal, pero tampoco lo reduciría a simple moda. Para quienes trabajamos muchas horas escribiendo, editando o gestionando contenidos, puede convertirse en un aliado silencioso que cuida la muñeca más de lo que parece.

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