La misión de salvar el mundo

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La misión de salvar el mundo (Foto: Fundación La Caixa)

Esta semana, Alma, el proyecto de la Obra Social La Caixa da a conocer el ciclo 'Tú tienes la energía, tú tienes el poder', organizado por el Palau Macaya de "la Caixa" y el Instituto Catalán de Energía (ICAEN), que pretende poner en valor la lucha contra el cambio climático.

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Hollywood nos ha enseñado que a la humanidad le esperan tres posibles destinos: pelear, escapar o reinventarse. O acabamos con todo y dejamos que impere la ley del más fuerte, rollo Mad Max, o nos subimos a una nave espacial para empezar con mejores intenciones en otro planeta, o revolucionamos nuestro estilo de vida para vivir a base de energía limpia y renovable. Esta última posibilidad —la que parece más viable e inteligente ahora mismo— es la que se examinó en la primera charla del ciclo Tú tienes la energía, tú tienes el poder organizado por el Palau Macaya de "la Caixa" y el Instituto Catalán de Energía (ICAEN). Este nuevo ciclo es unos de los proyectos innovadores seleccionados en la última convocatoria del Palau Macaya.

“A la mayoría de la gente el cambio climático es un tema que le queda muy lejos, comparado con otras preocupaciones más cotidianas como el trabajo o los niños. El problema es que ahora ya no tenemos mucho margen. Sus efectos son un hecho. Por muy lejos que nos quede, el cambio climático ya está aquí”, asegura el director del ICAEN, Manel Torrent, minutos antes de que empiece la conferencia El ciudadano, protagonista del nuevo modelo energético. Y los datos lo confirman. El más que probable aumento de tres metros del nivel del mar de aquí al año 2100, por ejemplo, inundaría gran parte de ciudades como Barcelona o Málaga, y los parques nacionales de Doñana y del Delta del Ebro desaparecerían. Según Manel, “si todos fuéramos más conscientes de lo que nos viene encima, no dudaríamos en empezar a vivir con la energía eólica o solar y aparcaríamos el coche para siempre. Porque el debate ya no es si coche diésel o gasolina. Las únicas opciones ahora son el vehículo eléctrico, el transporte público y la bicicleta”.

“Decir que los ciudadanos no podemos hacer nada por el planeta es mentira. De hecho, somos los únicos que podemos arreglarlo”, comenta otro de los ponentes, Alfredo Cano, miembro de Somos Mobilidad (Som Mobilitat en catalán). A través de una aplicación móvil, esta iniciativa permite compartir coches eléctricos en distintos puntos de Cataluña. Y este servicio es solo el comienzo de “una nueva era de movilidad, en la que tarde o temprano dejarán de chocarnos atrevidas iniciativas como la del Ayuntamiento del pueblo francés de Ungersheim, que cambió el autobús escolar por un carro de caballos”, añade la coordinadora de proyectos del movimiento Transition Network, Ana Huertas.

Además de las típicas pequeñas acciones como el encender la luz sólo cuando es necesario, Anna Quevedo, miembro de “la primera eólica popular”, Vivir del aire (Viure de l’aire en catalán), cuenta que también podemos ser generadores de energía desde ahora mismo. La historia de cómo se formó este proyecto cooperativo lo demuestra: hace diez años, un puñado de vecinos del pueblo de Pujalt, conscientes del riesgo de que el 80% de España acabe convirtiéndose en un gigantesco desierto, se propusieron levantar un aerogenerador. Hace un año empezó a producir energía y ahora abastece el consumo anual de unas 2.000 familias. Para Anna, lo mejor de la experiencia ha sido confirmar que, cuando todos vamos a una, podemos con casi todo. “La energía debe democratizarse y, para conseguirlo, nos necesitamos los unos a los otros. Tejer una red de personas es lo que realmente nos da poder y nos hace más fuertes”.

A medida que pasan los minutos, las miradas de los asistentes se van iluminando. Todos empezamos a entender que, en realidad, cuidar el medio ambiente está en nuestras manos. Cote Romero, directora general de la organización sin ánimo de lucro Ecooo, pone un ejemplo al alcance de todos: “El 50% de la energía que consumimos en casa se despilfarra porque, en general, los edificios de nuestro país no están construidos con materiales energéticamente eficientes. Para reducir este derroche no nos cuesta nada, por ejemplo, instalar detrás de nuestros radiadores unos paneles reflectantes”.

Está claro que si queremos conservar la playa que nos enseñó a nadar o la montaña donde jugábamos a las cabañas tenemos que apoyar todas estas iniciativas (o crear otras nuevas y mejores) en lugar de seguir alimentando un modelo energético que, como apunta la directora de Ecooo, tiene como protagonistas “a grandes empresas que cortan el suministro a sus clientes sin que les tiemble el pulso y a un ocio delirante que consiste en construir campos del golf en el sur del país o pistas de esquí en centros comerciales”. Afortunadamente, las ganas de revolucionar el orden establecido que han impregnado esta charla apuntan a que, paso a paso, estamos más cerca de ese titular que a todos nos gustaría escuchar en las noticias: “La ciudadanía se organiza para salvar el mundo”.

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