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La horrible experiencia de Sara Sálamo con la IA: «Confunde derecho con deseo»

La actriz ha estallado y ha emitido un comunicado a través de sus redes sociales

"Esto no va de tecnología sino de poder", ha exclamado, visiblemente molesta

Sara Sálamo se ha manifestado en contra de la IA

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Sara Sálamo con el rostro serio. (Foto: Instagram)

La actriz Sara Sálamo ha vuelto a situar el foco del debate público en los riesgos reales del uso irresponsable de la inteligencia artificial. Lo ha hecho tras denunciar la circulación de una imagen generada con IA en la que aparece sexualizada, vistiendo un bikini, sin su consentimiento. Un episodio que la intérprete ha calificado como una experiencia «horrible» y que, lejos de limitarse a un ataque personal, abre una reflexión más amplia sobre los límites éticos de la tecnología, la protección de la identidad y la normalización de la violencia digital contra las mujeres.

En los últimos años, la inteligencia artificial se ha presentado como una herramienta capaz de impulsar avances significativos en múltiples ámbitos, desde la ciencia hasta la creación artística. Sin embargo, su desarrollo acelerado también ha puesto de manifiesto un uso cada vez más frecuente con fines dañinos, especialmente cuando se aplica a la manipulación de imágenes de personas reales. Sara Sálamo se suma así a una lista creciente de figuras públicas que alertan sobre una práctica que vulnera derechos fundamentales y que, según advierten, sigue encontrando escasa respuesta social y legal.

Sara Sálamo ha estallado

La actriz ha explicado que esta situación no surge de la nada. Durante años, ha denunciado que determinadas escenas de ficción en las que ha trabajado han sido extraídas de contexto y difundidas en páginas pornográficas, una práctica que ya consideraba una forma de violencia. «Durante años he dicho que he rechazado papeles porque hay personas que cogen secuencias de mis pelis de ficción, las sacan de contexto y las suben a páginas porno. Eso ya era violencia», expone con contundencia en sus redes sociales.

Lo que cambia ahora es la facilidad con la que la tecnología permite ir un paso más allá. Según relata, ya no es necesario recurrir a material existente ni a fragmentos de su trabajo como actriz: basta con una imagen, una herramienta de IA y la ausencia total de escrúpulos para crear un contenido sexualizado completamente falso. En su denuncia, Sálamo subraya que el problema no es solo la imagen en sí, sino la sensación de indefensión ante un sistema que permite modificar su cuerpo, su gesto y su identidad sin ningún tipo de autorización.

La reflexión de Sara Sálamo

Más allá de su condición de actriz, Sara Sálamo ha insistido en que esta situación la interpela de manera directa como madre. En su reflexión, explica que el daño no es abstracto ni se limita al presente. Afecta a su entorno más cercano y, especialmente, a sus hijos. «No es abstracto: son mis hijos, su colegio, lo que oyen, lo que cargarán en unos años», señala, apuntando al impacto emocional y social que este tipo de ataques puede tener en el futuro.

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Sara Sálamo con el rostro serio. (Foto: Instagram)

La actriz denuncia que incluso la decisión de apartarse de determinados trabajos o de limitar su exposición pública deja de ser una protección efectiva. La IA, afirma, ha eliminado cualquier barrera: «Ahora resulta que ni siquiera dejando de trabajar basta. Porque con una IA y cero escrúpulos pueden volver a sexualizarte sin tu consentimiento. Se confunde derecho con deseo». Una afirmación que refleja la sensación de vulnerabilidad que experimentan muchas mujeres ante una tecnología que avanza más rápido que las normas que deberían regularla.

Los límite de la IA

En su alegato, Sara Sálamo va más allá del debate técnico y sitúa el problema en un plano cultural. «Esto no va de tecnología sino de poder», sostiene, señalando una cultura que, a su juicio, sigue considerando los cuerpos de las mujeres como «editables, disponibles y reutilizables». En ese contexto, la inteligencia artificial se convierte en una herramienta más al servicio de dinámicas de dominación ya existentes.

La actriz denuncia una confusión profundamente arraigada entre deseo y derecho, y entre violencia y broma. Para ella, lo verdaderamente alarmante no es la existencia de una imagen falsa, sino la facilidad con la que se genera y la escasa indignación que provoca. «Lo grave no es la imagen falsa. Es lo fácil que se hace y, desde luego, lo poco que escandaliza», afirma, poniendo el acento en la normalización social de estas prácticas.

El testimonio de Sara Sálamo reabre un debate que sigue pendiente: cómo proteger la identidad y la dignidad de las personas en un entorno digital cada vez más sofisticado y difícil de controlar. Su denuncia no se limita a una queja individual, sino que plantea la urgencia de establecer límites claros, responsabilidades legales y una mayor conciencia social sobre las consecuencias del uso indebido de la inteligencia artificial.

En un momento en el que la tecnología avanza a gran velocidad, la experiencia de la actriz pone de relieve la necesidad de que el progreso vaya acompañado de principios éticos firmes y de mecanismos eficaces de protección. Porque, como ella misma subraya, el problema no es solo lo que la IA permite hacer, sino lo que una parte de la sociedad está dispuesta a aceptar sin cuestionarlo.

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